Relato de un viaje a Indonesia

Indonesia

Si estáis leyendo esta entrada es porque vais a visitar Indonesia o lo estáis valorando como futuro viaje. Solo puedo deciros que no sabéis la envidia que me dais…Con más de 17.500 islas, 360 etnias y cinco religiones (oficiales), Indonesia os brindará experiencias que nunca olvidareis. Tendréis la oportunidad de ver templos impactantes, bucear en aguas cristalinas, asombraros con su naturaleza salvaje y empaparos de toda la magia que tiene este país. Un viaje que reúne aventura, naturaleza, cultura y relax. Por estos y otros motivos que os cuento en la entrada, es uno de mis países favoritos. Bienvenidos a Indonesia.

CUANDO IR

Como siempre os digo, elegir la fecha adecuada para cada viaje es algo fundamental. Mayo, Junio y Septiembre son los mejores meses para viajar a Indonesia ya que, a diferencia del resto de países del Sudeste Asiático en los que durante esta época están en pleno monzón, aquí abunda el sol, no hay mucha humedad y los precios son más asequibles que en Julio y Agosto (éstos son meses que también están incluidos en la estación seca, pero encontrareis muchísimos más turistas, alta ocupación y precios mayores). Las únicas zonas de Indonesia que están en la estación húmeda en esta época son Molucas y Papúa, donde habría que ir de Octubre a Abril. Nosotros viajamos en Junio y os lo recomiendo totalmente.

DATOS PRÁCTICOS

-Vuelos/Barcos: En total reservamos 11 vuelos para movernos por las diferentes islas. Como son muchos os detallo el itinerario que hicimos con las compañías y páginas de reserva correspondientes:

  • España/Abu Dhabi/Singapur: Volamos con Etihad haciendo escala en Abu Dhabi. Podéis busca la oferta más económica en el buscador Skyscanner.
  • Singapur/Kuala Lumpur: Volamos en el día con Jetstar y reservamos a través de su web pinchando aquí.
  • Singapur/Yogyakarta: Volamos con Air Asia y también reservamos en su web.
  • Semarang/Pangkalan Bun: Volamos con Kalstar rezando para no morir jajaja. Podéis reservar los vuelos en su web.
  • Pangkalan Bun/Semararang/Denpasar: El primer vuelo fue con Trigana Air (nuevamente rezamos) reservado en su web y el segundo con Garuda Indonesia reservando los billetes en su web.
  • Padang Bai/Gili Trawangan/Gili Meno: El primer trayecto lo realizamos en fast boat (de la reserva se encargó nuestro guía de Bali) y el segundo fue en una barca pequeñita donde fuimos nosotros solos (y compramos los billetes a la llegada al puerto de Gili Trawangan).
  • Denpasar/Singapur: En la entrada os detallaré qué nos pasó en este trayecto para tener que comprar dos vuelos. Fue una odisea. El primero fue con Jetstar y el segundo con Air Asia.

He hecho el comentario de que fuimos en varios vuelos rezando y el motivo es que Indonesia triplica la tasa promedio mundial de accidentes aéreos fatales. Las condiciones de vuelo son de las más peligrosas del mundo y esto da “yuyu” cuando ves un avión un poco “dudoso”. Pero no queda otra para poder recorrer este precioso país.

-Visado: Para entrar en Singapur no hace falta tramitar visado alguno. Simplemente hay que rellenar un formulario que os entregarán en el avión para posteriormente entregarlo en el control de inmigración del aeropuerto. Además, hay que tener un pasaporte válido por un mínimo de seis meses, billete de vuelta o de continuación del viaje hacia otro país y certificado de vacunación contra fiebre amarilla para aquellos viajeros que en los seis días anteriores al viaje hubieran estado en un país en el que la fiebre amarilla es endémica. No obstante, os recomiendo siempre mirar los requisitos actualizados por si hubieran cambiado.

Para Indonesia, si vais a estar menos de 30 días y  no tenéis intención de prolongar la estancia, obtendréis la visa de manera gratuita (free visa on arrival) al llegar al país. Deberéis tener el pasaporte en regla con 6 meses de antigüedad y tener una página en blanco para que la puedan sellar. Eso sí, si eliges esta modalidad, luego NO podrás extender el visado y deberás salir del país. Si vais a estar más de 30 días os recomiendo que miréis la web de la embajada Indonesia en España ya que hay más requisitos (podéis ver su web pinchando aquí). Además conviene que comprobéis cualquier cambio que pueda haber en el tema de los visados antes de salir de viaje.

-Hoteles: Como hacemos en todos los viajes, los hoteles los llevábamos previamente elegidos y reservados desde España. Por lo general, en Indonesia el alojamiento es barato y te puedes dar algún caprichito en el viaje. En Borneo dormimos en el propio klotok, por lo que no hubo que elegir hotel y fue toda una experiencia (de lo mejor que he vivido nunca).

-Moneda: En Singapur la moneda es el Dólar de Singapur (SGD) y se puede utilizar tarjeta VISA en cualquier lugar. En Indonesia la moneda es la Rupia Indonesia (IDR) y el tema de los pagos con tarjeta depende mucho de las islas que visitéis. Nosotros pagamos bastantes cosas en efectivo en Euros (guía en Java,estancia en Borneo y guía en Bali). Para la visita a Kuala Lumpur sacamos dinero en un cajero automático del aeropuerto.

-Excursiones y traslados: Detallaré en cada parte del viaje cómo reservamos los traslados y las distintas visitas, ya que al ser tantos lugares creo que quedará más claro así.

-Comida: Indonesia no es un país complicado para poder comer bien y barato. Dependiendo de la región la gastronomía varía mucho, eso sí, lo que nunca os faltará es el arroz, elemento principal en la alimentación Indonesia.

En Singapur si que se puede subir el precio si vais a restaurantes “elegantes” pero también hay alternativas económicas como los Hawkers Food Centres donde comeréis auténtica comida local. De hecho, yo os recomiendo que los probéis. Cada Hawker Centre tiene decenas de puestos, cada cual con sus especialidades. Os recomiendo que primero echéis un vistazo a todos para ver dónde venden aquello que más os apetezca y si sois incapaces de decidiros por uno solo, podéis coger diversos productos en diferentes puestos. Cuando ya tengáis en vuestra bandeja toda la comida sólo tendréis que buscar un asiento en una de las mesas que hay repartidas por el recinto. Algo que no debéis olvidar llevar son los pañuelos, puesto que allí no hay servilletas. Los cubiertos te los proporcionan los propios puestos y suelen ser cucharas de plástico y palillos.

En Java coincidimos en el mes del ramadan, por lo que poco comimos, jajaja, en solidaridad con nuestro guía (eso sí, en las cenas engullimos como patos) y en Borneo, que pensábamos que iba a ser lo más “complicado” en cuanto a comida se refiere, fue todo lo contrario. La cocinera del barco se portó como una madre con nosotros y nos puso comida hasta reventar.

Bali está muy orientada al turismo, por lo que no hay tampoco ningún problema y Gili Meno fue toda una delicia porque cenábamos en modestos restaurantes al lado del mar, con velas y con los pies acariciando la arena. De los mejores recuerdos del viaje.

EQUIPO

Al realizar este viaje en Junio, debíamos llevar ropa adecuada para el calor y la humedad pero también teniendo en cuenta que en los lugares de religión musulmana teníamos que vestir respetuosamente.

Para la selva de Borneo las botas de monte fueron indispensables, al igual que una mosquitera (te ponen una en el barco, pero al dormir al aire libre nosotros íbamos más seguros con la nuestra rociada con permetrina y sin agujeros) y saco de dormir. Relec extrafuerte fue nuestra colonia de diario y tanto al amanecer como al atardecer es indispensable llevar pantalón y camisa de manga larga para evitar picaduras de mosquitos. De hecho, yo recomendaría el pantalón largo durante todo el día. Una linterna os vendrá genial tanto para Borneo como para Gili Meno.

En Bali podéis optar por pantalones cortos y camisetas, al igual que en Gili Meno donde lo imprescindible es la crema del sol del 50+ y el equipo de snorkel para disfrutar debajo del mar.

Para Singapur os recomiendo llevar ropa fresquita pero también algo de abrigo, porque cuando entréis en los centros comerciales veréis que son como congeladores gigantes. Es un rollo cargar con una chaqueta pero creedme que os hará falta (y evitareis constiparos). ¡Y no olvidéis los pañuelos para comer en los hawkers!

En Java, por la religión, las chicas debemos ir con pantalón largo y camisetas cerradas. A mí se me ocurrió llevar una camiseta de algodón de tirante (para nada inapropiada) porque hacía muchísimo calor y tuve que ponerme una camisa encima porque me sentía observada mientras caminábamos  por la calle.

En cuanto al equipo fotográfico os recomiendo llevar un trípode para capturar la salida del sol en Borobudur y un teleobjetivo (55-250mm) para retratar a los orangutanes en borneo. Serán fotos que no vais a olvidar nunca. También os recomiendo llevar alguna bolsita impermeable para la cámara, ya que pueden caer trombas de agua inesperadas (que duran 10 min) y pillarte sin cobijo alguno. Así llevareis el equipo siempre protegido. Y tarjetas de memoria, muchas tarjetas de memoria para la cámara porque querréis sacar foto a todo,jajaja.

WEBS DE INTERÉS

Aquí voy a ser muy breve porque lo más importante en este país es estar al tanto de la actividad volcánica. Podéis mirar una web general de volcanes pinchando aquí.

A nosotros nos cancelaron la excursión al Monte Bromo cuando estábamos en Java por la erupción de un volcán (cerraron la zona) y días después, cuando ya estábamos en Bali para regresar a España, nos anularon el vuelo. Bueno, cerraron todo el aeropuerto en realidad, quedándonos atrapados en la isla sin saber cuándo podríamos volar y perdiendo el vuelo de conexión en Singapur para volver a casa. Una situación caótica, que ahora viéndola desde la distancia y no habiendo pasado nada quedó en un susto, pero en el momento la situación de tensión fue máxima.

Y después de estas indicaciones, os voy a detallar la ruta que hicimos para conocer Indonesia. Poneros cómodos y dejaros impresionar por las maravillas que tiene este país del Sudeste Asiático ¡allá vamos!


DÍA 1

La adrenalina del comienzo de un viaje siempre hace que esté con las pilas cargadas por lo que, pese a llegar a primera hora a Singapur sin haber dormido nada de nada en el vuelo, estaba con muchísimas ganas de comenzar a recorrer la ciudad. Como salimos de Madrid con retraso, la escala se acortó y nuestras maletas no llegaron. De hecho, nos tocó correr y saltarnos toda la cola del control en del aeropuerto de Abu Dhabi (por eso siempre recomiendo coger escalas amplias, de tres horas o más). Hicimos la correspondiente reclamación al llegar y nos aseguraron que las maletas estaban localizadas en Abu Dhabi y que llegarían en el vuelo del día siguiente. Nos dieron 50 dólares de Singapur para comprar artículos de primera necesidad y nos fuimos al hotel con la esperanza de que todo fuera cierto y tuviéramos nuestras cosas.

Llegar al centro desde el aeropuerto de Changui es muy sencillo. Se puede ir en taxi o en autobús, pero el MRT es la mejor opción. La estación de metro (MRT) está situada cerca la T2 y la T3, por lo que si os encontráis en la T1 tendréis que usar el Skytrain para moveros entre terminales. Para llegar a la estación hay que seguir los carteles de MRT, está todo muy bien señalizado, no tiene pérdida. Los billetes hay que comprarlos en las máquinas expendedoras utilizando sólo billetes pequeños (tenedlo en cuenta para que no os toque buscar cambio) y la primera vez pagareis algo más por la tarjeta (dinero que recuperareis al devolverla). Debéis también tener en cuenta que, vayáis donde vayáis, hay que hacer transbordo en Tanah Merah, que es la última y segunda parada desde el aeropuerto de Changui, y en poco más de media hora estaréis en el centro. Si vuestro vuelo llegara fuera del horario del MRT  no os quedará más remedio que coger un taxi. Os dejo un enlace con el plano, horarios y precio del MRT para que lo podáis llevar preparado desde casa y os sea más fácil (pinchar aquí).

Os llamará mucho la atención este cartel que veréis en el metro donde se indica que además de no poder fumar, comer, beber e introducir sustancias inflamables no se pueden meter durianes. Cada cosa con su multa correspondiente.

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Para los que no los conozcáis, los durians son una fruta originaria del sureste asiático, donde es muy apreciada. Su nombre procede de la palabra ‘duri’, que en idioma indonesio-malayo significa ‘pincho’, ya que su cáscara está recubierta de protuberancias puntiagudas. Lo más característico es su mal olor, que recuerda al de la basura o la carne podrida, de ahí que se  prohíba en lugares cerrados como el metro o los hoteles.

Llegamos a la estación de metro de Tanjong Pagar, donde nos bajamos para ir hasta nuestro hotel a hacer el check in. El hotel que elegí para pasar tres noches en Singapur fue el Carlton City Hotel Singapore, un hotel tranquilo pero muy bien situado (el metro está casi en la puerta), cerca de chinatown y a unas pocas paradas de metro de Marina Bay. Además tiene línea directa con el aeropuerto, lo que siempre es bueno para no andar cargando con las maletas más de lo necesario. La habitación muy moderna, muy limpia, con 2 botellas de agua de cortesía al día, unas maravillosas vistas desde el piso 16 (pedid a ser posible la habitación en una planta alta) y una cama enorme y muy cómoda. El baño, como podéis ver en la foto, muy poco discreto, jajaja.

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Además el hotel tiene una maravillosa piscina y una tienda abierta 24 horas justo enfrente.

Nos pegamos una ducha y salimos a conocer la ciudad. Como no podía ser de otra forma la primera parada fue Marina Bay, la más característica de Singapur, con el famoso hotel Marina Bay Sands. Un hotel emblemático que cuenta con la piscina infinita en azotea más grande del mundo. He de decir que estuve valorando alojarnos en él y poder disfrutar de esta increíble piscina, pero el precio para tres noches se pasaba de nuestro presupuesto (cuesta unos 250 euros/noche) y menos noches implicaba andar cambiando de hotel, por lo que lo descartamos. Hoy tengo esa espinita y si vuelvo hacia el Este con escala/parada en Singapur seguro segurísimo que me alojaré en él, aunque sea una noche.

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Es una zona preciosa, tanto de día como de noche, y pasear por ella es uno de los imprescindibles en Singapur. No os cansareis de sacar fotos al hotel desde todas las perspectivas.

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Una de las mejores localizaciones para fotografiarlo es desde el paseo donde está situado El Merlion, una escultura de una criatura imaginaria, con la cabeza de león y cuerpo de pez (otro de los símbolos de Singapur). Una estampa única.

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Otro de los símbolos de la ciudad es el Museo ArtScience, un edificio en forma de flor de loto compuesto por 10 pétalos, cada uno de una altura, muy curioso y fotogénico. Lo diseñó el arquitecto canadiense de origen israelí Moshe Safdie, el mismo que diseñó el Marina Bay Sands. Está rodeado de un estanque y se sitúa sobre una terraza urbana con impresionantes vistas a la ciudad.

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Después de ver esta parte desde ambas “orillas”, decidimos ir a comer algo y refrescarnos un poco. Y bueno, la palabra refrescar se queda corta. El aire acondicionado en los espacios cerrados como metro, centros comerciales etc es una pasada. Te quedas totalmente congelada, por lo que no olvidéis llevar una chaqueta porque si no tenéis el resfriado asegurado.

No llevaba ningún restaurante apuntado para hoy por lo que estuvimos echando un vistazo y nos decidimos por uno que tenía buena pinta. Pollo frito y pasta con salmón fueron  nuestros primeros bocados en la ciudad.

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Con el estómago lleno, salimos del “congelador” para dar otra vuelta por la zona mientras llegaba la hora de la puesta de sol. Chanel, Gucci, Prada o Louis Vuitton tienen sus tiendas en esta zona, por si os apetece daros un capricho, jejeje.

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Y con la maravillosa puesta de sol sobre el skyline de Singapur decidimos coger el metro y volver a nuestro hotel a dormir.

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DÍA 2

El día de hoy lo íbamos a emplear en conocer las diferentes zonas de Singapur: Little India, Chinatown, Arab Street y Masij Sultan, Gardens by the Bay y para finalizar el Skyline desde las alturas al anochecer. El objetivo era ambicioso, por lo que había que madrugar y ponerse las pilas para poder ver todo.

Cogimos el metro y nos bajamos en nuestra primera parada: Little India.

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Nos sorprendió muchísimo ver aparecer estos templos con tantísimas figuras y colorido entre los edificios de la ciudad. Caminamos por la avenida principal, Serangoon Rd, hasta llegar al templo de Sri Veeramakaliamman.

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Nos llevamos un poco de chasco porque estaba cerrado, pero siguiendo la calle encontramos el templo Sri Srinivasa Perumal que sí que estaba abierto para poder verlo por dentro. Nos descalzamos y entramos. Como indica el cartel hay que ser respetuoso con la vestimenta, por lo que si lleváis shorts o camisetas escotadas os recomiendo cubriros con un pañuelo. Por dentro es bonito, pero la verdad es que lo más espectacular está fuera.

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Les hicimos un book a las figuras que adornaban el templo, todas hechas con mucho detalle y muy bonitas.

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El tercer templo que visitamos fue Sakya Muni Buddha. Éste es un templo budista que cuenta con una estatua de 15 metros de altura de un Buda sentado de 300 toneladas, así como muchas pequeñas imágenes de Buda y murales que representan la vida del Buda Shakyamuni. Se encuentra en Race Course Road y merece mucho la pena visitarlo por dentro. Además, la entrada es gratuita.

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Desde aquí decidimos ir a ver la mezquita de  Masjid Abdul Gafoor, pero ohhhh, estaba totalmente cubierta con una lona, por lo que solo se apreciaba un poco su fachada, una pena.

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El hambre empezaba ya a acechar y yo llevaba anotado un Hawker que recomendaban sobre todos los demás: Maxwell Food Centre, situado en Chinatown, que era nuestra siguiente visita. Como caminando estaba bastante lejos decidimos coger el metro.

Al principio, como nos suele pasar con todo lo nuevo, mirábamos con un poco de recelo la comida, pensando si estaría rica y en buen estado. Pero todas las opiniones eran buenísimas y recomendaban no perderse esta experiencia, por lo que dimos una vuelta por el lugar, elegimos un par de puestos que nos gustaron y ¡al lío! La experiencia fue muy muy buena, comimos genial y por muy poco dinero (cosa difícil en Singapur).

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La siguiente visita del día era el Buddha Tooth Relic Temple, un templo  basado en el estilo arquitectónico de la dinastía Tang que fue construido para albergar la reliquia dental del Buda histórico. Se dice que la reliquia de Buda de la que obtuvo su nombre se encontró en 1980 en una estupa derrumbada en Myanmar. El templo es precioso, tanto por fuera como por dentro y su entrada es gratuita. Al igual que pasaba en el templo hindú hay que vestir con ropa adecuada.

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Tuvimos la gran suerte de llegar cuando los monjes estaban rezando, por lo que la visita gano muchísimos puntos. Nos encanta escucharlos, la serenidad que transmiten, la paz….hubiéramos estado allí horas y horas.

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Salimos del templo y seguimos sacándole fotos ¡como algo nos guste somos muuuy pesados, jajaja.

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Desde aquí nos dirigimos a otro templo hindú que hay en esta zona: Sri Mariamman Temple, muy parecido a los que habíamos visto por la mañana.

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En esa misma calle se encuentra la Mezquita Jamae, de color verde pastel y una arquitectura muy llamativa con sus dos minaretes.

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Esta calle es todo un contraste: rascacielos, un templo hindú, uno chino y una mezquita.

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El calor apretaba y decidimos ir a descansar tomando un zumito de sandía refrescante por la zona de Pagoda Street, una calle llena de tiendas de regalos y souvenirs, con bares en las calles subyacentes.

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Después del “mini break” continuamos el recorrido visitando el Santuario de Nagore Durgha (o Nagore Dargah), con una arquitectura que mezcla motivos musulmanes clásicos e indios y el templo taoista de Thian Hock Keng.

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Habíamos terminado nuestro recorrido y estábamos agotados, por lo que en vez de volver al hotel andando decidimos coger el metro. Nos pegamos una ducha, descansamos un poco y nos cambiamos para ir a cenar a un restaurante que había reservado por internet: Carousel Buffet, Royal Plaza on Scotts. Un buffet completísimo con comida de muchos estilos (marisco, italiana, mejicana, turca, japonesa…) pero muy caro (pagamos 125 euros entre los dos), aunque ya íbamos advertidos. Lo mejor el sushi y los postres.

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Volvimos nuevamente al metro para terminar el día viendo la zona de Gardens by the Bay y Supertree Grove iluminadas. La verdad es que es chulísimo, parece que estés en un videojuego futurista, no os lo debéis perder.

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Desde esta zona también se tiene una bonita panorámica del hotel Marina Bay Sands iluminado. Este hotel desde todos los ángulos es bonito, jajaja.

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Y la guinda del pastel de la visita a Singapur la puso subir al bar del hotel Marina Bay Sands a tomar una copa al ritmo de música chill out mientras observábamos toda la ciudad iluminada ¿podría haber alguna otra manera mejor? Estas dos fotos nocturnas son cortesía de mi chico.

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Estábamos agotados pero satisfechos por haber podido ver prácticamente todo lo que teníamos pensado (nos faltó acercarnos a la noria, Singapure Flyer, pero lo haríamos, por circunstancias que luego os contaré, a la vuelta a España). Volvimos a coger el metro para regresar al hotel y dormir como niños.

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DÍA 3

Hoy tocaba madrugar para coger el vuelo que nos llevaría a pasar el día en Kuala Lumpur. Tenéis un montón de vuelos desde primera hasta última hora y para ver lo imprescindible de la ciudad con esas horas es suficiente. Además, el visado no es un problema ya que te dan una Visa On Arrival gratuita válida por 90 días cuando entras en el país. Los requisitos son los de siempre: pasaporte valido mínimo 6 meses (antes de la fecha para expirar) y certificado de vacunación de la fiebre amarilla solo en caso de estar obligado a presentarlo.

El motivo de visitar Kuala Lumpur era uno exclusivamente: conocer las torres Petronas y poder fotografiarlas. Hasta 2003 fueron los edificios más altos del mundo (452 metros) y en la actualidad siguen siendo las torres gemelas más altas del mundo. Diseñadas por el arquitecto argentino César Pelli y terminadas en 1998 son el símbolo de KL y de Malasia.

El vuelo con Jetstar fue perfecto y en una hora estábamos aterrizando en un nuevo país. Pasamos los controles de inmigración y cogimos un taxi hasta las mismas torres. El trayecto de casi una hora fue toda una experiencia: un taxista raro raro, un coche raro raro y una señal de prohibido besarse en el taxi (tuvimos que contenernos jajaja), en fin, muy diferente a Singapur.

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Y por fin llegamos y allí estaban. Elegantes e impactantes, su acero brillaba con el reflejo del sol. Las había visto mil veces en fotos pero ganaban en directo. No hacíamos más que mirar hacia arriba con la boca abierta.

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Su arquitectura está inspirada en las construcciones tradicionales de Malasia, es la sede de la empresa Petroliam Nasional Berhad (de ahí su nombre) y su puente colgante  permite la comunicación entre las dos estructuras.

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Nos acercamos hasta el parque KLCC  para tener otra perspectiva de las torres y luego decidimos ir a dar una vuelta por el centro de la ciudad.

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Nuestra primera parada fue el Edificio del Sultán Abdul Samad, un edificio institucional con unas maravillosas cúpulas de cobre y una torre del reloj.

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En los alrededores se encuentra el Museo Textil Nacional, la Mezquita Masjid Jamek, el templo hindú Sri Mahamariamman y el templo taoísta Sin Sze Si Ya, por lo que dando un paseo podéis ver todos en no mucho tiempo.

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Estuvimos dando una vuelta por un mercadillo que había en una de las calles y nos dirigimos a la Torre Menara para subir al restaurante giratorio que hay en ella (Atmosphere 360) y poder comer con esas maravillosas vistas. Pues bueno, no sé la de vueltas que daríamos y siempre nos encontrábamos con calles cortadas, la teníamos al lado y no conseguíamos dar con la entrada, siempre había un muro que impedía el paso. Al final nos dimos por vencidos y nos conformamos con sacar una foto de cerca porque estábamos perdiendo mucho tiempo y con un vuelo de vuelta no queríamos jugárnosla.

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Comimos un bocadillo en un Starbucks y regresamos de nuevo a la zona de las torres.

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Y como no podía ser de otra forma volvimos a sacarles fotos 🙂

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Como siempre digo con los edificios singulares, lo bonito no es subirse a ellos (salvo que las vistas lo merezcan) sino subir a otro lugar desde donde verlos, por eso en el caso de las Petronas el hotel Mandarin Oriental es una buena opción ( y para alojarse también).

Si volvemos a KL lo que no va a faltar es ver las Petronas iluminadas de noche (no las habían iluminado cuando nos fuimos), subir a la Torre Menara y acudir a ver las Cuevas de Batu (situadas a 13 km al norte de KL) con una enorme estatua dorada de diez pisos de altura que tiene que ser impresionante. Lo ideal habría sido quedarse a dormir allí y así poder hacer estas tres cosas, pero no nos daban los días, por lo que ¡para otra vez!

Cogimos un taxi y volvimos al aeropuerto. Nuestro vuelo salía a las 21:20 horas pero teníamos una hora de trayecto (suponiendo que no hubiera atascos) y había que estar antes para pasar los controles. Esta vez el taxista era muy majo, hablaba inglés y nos estuvo informando de la situación del país durante el trayecto.

Llegamos a Singapur tarde, muy tarde y como al día siguiente debíamos volar a Java decidimos coger algo de comer en la tienda 24 horas que había delante del hotel y comerlo en nuestra habitación.

DÍA 4

Hoy tocaba abandonar Singapur para poner rumbo a la siguiente parada del viaje: Java. Nuestro vuelo llegaba a Yogyakarta y allí estaba esperándonos el que iba a ser nuestro guía durante los siguientes dos días. Esta parte del viaje y la estancia posterior en Borneo la contratamos con  Zunan, ya que tenía muy buenas opiniones en el foro de losviajeros. Negociamos todo con él por del email y en español, por lo que si quisierais tener el contacto escribidme y os lo paso. Fue todo perfecto

El hotel elegido en Yogyakarta fue el  Harper Mangkubumi, un hotel muy nuevo, con una cama comodísima, muy barato, pero al que le faltaban detalles para ser un 4* (la habitación doble sencilla está muy bien pero en el baño por ejemplo no puedes ni apoyar el neceser porque no hay sitio). Buen desayuno y buena cena bufet y el personal muy amable.

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Dejamos las maletas y nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad y a buscar un sitio donde comer.

Yogyakarta es caótica. Gente, motos, carros, tuk-tuk, bicis, caballos, mil puestos vendiendo todo tipo de artículos, allí hay de todo y caminar por la acera es una tarea un tanto complicada jajaja. Hay que tener mucho cuidado al cruzar las carreteras y nunca salir corriendo, es mejor ir despacio para que las motos y demás vehículos puedan esquivaros. Para los ya experimentados en Asia éste no es un problema porque es la tónica habitual en países como Vietnam, Camboya, China etc.

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Decidimos comer en un Pizza Hut que había dentro del centro comercial Malioboro (situado en la calle de este mismo nombre) ya que no nos atrevíamos a comer en uno de los puesto de la calle (preferimos no arriesgarnos). Muy curioso que al entrar en el centro comercial nos registraron el bolso. Nos pedimos un par de pizzas que estaban, la verdad, muy buenas y continuamos caminando hasta llegar al Palacio.

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Por el camino nos encontramos con dos monumentos: The Attacking of 1st of March que conmemora la ofensiva militar durante la revolución nacional de Indonesia y una simpática estatua de la Scrat, la ardilla de Ice Age que hizo mis delicias.

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El palacio al ser tarde estaba ya cerrado pero tampoco teníamos intención de verlo por dentro ya que lo haríamos al día siguiente con el guía. Dimos media vuelta y regresamos al hotel a dormir ya que al día siguiente debíamos salir a las 3:45 del hotel para ir a ver la salida del sol en Borobudur.

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DÍA 5

Sonó el despertador a las 3 a.m y yo quería morirme (y eso que nos acostamos super pronto). Tuve la misma sensación que cuando nos tocaron la puerta en Egipto para ir a ver Abu Simbel: la de acabar de acostarme y no ser real el sonido del despertador. Pero el día de hoy era muy importante y había que levantarse con ganas. Hoy íbamos a ver el templo más espectacular que he visto hasta día de hoy: BOROBUDUR y además, íbamos a ver la salida del sol desde allí.

Nuestro guía nos estaba esperando en el loby del hotel y en algo menos de una hora estábamos aparcando en el templo. Era totalmente de noche, no se veía nada de nada. Compramos las entradas y ayudándonos de una linterna empezamos a subir por unas escaleras y nos sentamos junto a más grupos de gente a esperar a que el sol hiciera su aparición.

Borobudur está construido como una gran estupa y cuando se ve desde arriba toma la forma de un mándala budista. Las plataformas superiores tienen setenta y dos pequeñas estupas que rodean una más grande. Cada estupa tiene forma de campana y está decorada por distintos agujeros y dentro de ellas hay una estatua de Buda. Está decorado por 2672 paneles de relieve y  504 estatuas de Buda y es el monumento budista más grande del mundo, ahí es nada. Podéis ver su página web  pinchando aquí con la información.

No tengo palabras para describir nuestra cara de asombro cuando comenzó a haber luz. No nos creíamos lo que estaban viendo nuestros ojos…. Primero se distinguían solamente las siluetas pero luego todo comenzó a verse con claridad.

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Además había niebla en la parte baja, por lo que la estampa no podía ser más perfecta.

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El momento en el que apareció el sol, con uno de los budas descubierto mirándolo fijamente ¡buf! increíble, mágico, no tengo adjetivos para expresar la sensación. Si ver la salida del sol en Angkor Wat fue impactante, Borobudur lo superó con creces. Mi cara era de absoluta felicidad.

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Poco a poco el sol fue subiendo y la luz iluminó todo el templo. En ese momento comenzamos a recorrerlo para admirar todos los detalles y asombrarnos aún más si cabe.

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Estar allí era un sueño cumplido. Y todavía teníamos otro sueño por delante: Borneo.

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Bajamos a la base y nuestro guía estaba allí esperándonos para explicarnos el significado de varios murales y acompañarnos a tomar un té que se incluía con la entrada.

Nos despedíamos de Borobudur dando gracias porque el tiempo fuera soleado y nos permitiera ver un amanecer único y que no olvidaremos jamás.

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Recorrimos los jardines que a la ida no habíamos podido ver porque era de noche (con numerosos budas y muy bien cuidados) y nos montamos en el coche.

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Nuestra siguiente destino era el templo de Candi Pawon, pero antes paramos para ver y probar el café más caro del mundo: kopi luwak o café de civeta (en indonesio, kopi significa ‘café’, y luwak ‘civeta’). La característica de este café es que los granos tras ser ingeridos por la civeta, pasan por su tracto intestinal y son expulsados entre sus heces. Posteriormente los recolectan los lugareños, los lavan y los tuestan ligeramente para no estropear los complejos sabores que se desarrollan durante el proceso (dicen que las enzimas presentes en el estómago de la civeta añaden sabor al café rompiendo las proteínas que producen su amargor). El café estaba rico y aunque el precio era muchísimo más barato no quisimos andar cargando con paquetes de café el resto del viaje. Si hubiera sido nuestra última o penúltima parada sí que habríamos comprado. Los animalitos nos daban bastante pena, la verdad, allí encerrados….

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El templo Candi Pawon se cree que servía para purificar la mente antes de ascender a Borobudur. Es un templo muy muy pequeño y muy tranquilo, por lo que la visita es rápida.

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Otro templo budista de visita rápida es Candy Mendut, con una estatua de Dhyani Buddha Vairocana de  3 metros de alto en su interior.

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A la salida del templo hay un montón de puestos para comprar figuritas y recuerdos y los vendedores te enseñan amablemente sus productos.

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Lo siguiente que visitamos fue el monasterio que hay al lado del templo budista. Un lugar increíble, con monjes leyendo y paseando por los jardines, nos encantó.

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Era ya la hora de comer, pero como os comentaba al inicio de la entrada, nuestra visita coincidió con el ramadán, por lo que nuestro guía nos dijo que podíamos comer pero que él no nos acompañaría. Por solidaridad decidimos hacer lo mismo y esperar a la cena para probar bocado (comimos exclusivamente algunas chuches que teníamos).

La siguiente parada era el Kratón (o palacio/casa del sultán) de Yogyakarta. Oficialmente no hay realeza en Indonesia, pero siguen los sultanatos en algunas zonas como Java, Borneo y Bali. No os esperéis un lugar lujoso, pero sí muy curioso.

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No pudimos ver el espectáculo musical al ser el mes del ramadán, pero en cambio, tuvimos la ocasión de ver cómo llevaban la comida del sultán. Que curiosidad ¿qué sería? ¿Sopa? ¿Puré? ¿Un cochinillo con una manzana en la boca? 🙂

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En este recinto viven 25.000 personas, se trata de una auténtica ciudad amurallada con sus propios mercados, tiendas, artesanos, escuelas y mezquitas. Según nos explicó el guía unos mil residentes trabajan para el sultán, ahí es nada.

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Una vez terminada esta visita, el guía nos preguntó si queríamos ir a un lugar de artesanos donde se hacían marionetas y telas para los batik, y como teníamos tiempo al no haber comido, decidimos ir a curiosear. No compramos nada, pero la verdad es que la visita nos gustó.

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El batik es la técnica de aplicar cera, e incluso pasta de arroz, en los tejidos para fijar los estampados. Este arte centenario aún se sigue practicando a mano en muchísimos rincones de Indonesia pero, es en Yogyakarta donde podréis verlo con más facilidad. Consejo: una de las formas para saber si es auténtico o se trata de una mera falsificación, es que el estampado debe aparecer por ambos lados del tejido. Hay muchísimas imitaciones y no hay que caer en la trampa. Comprad siempre en sitios de confianza.

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Terminada la visita nos dirigimos a la última parada del día: Prambanan 

Cuando llegamos al recinto y vi la silueta de este maravilloso templo hindú, inmediatamente me vinieron a la memoria las imágenes de Angkor Wat, en Camboya. Son templos diferentes pero a la vez guardan una misma esencia. Las vistas desde lo lejos son espléndidas, es desde donde se puede apreciar la inmensidad del conjunto y donde obtendréis la foto que aparece en todas las revistas.

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Y si antes os hablaba de su majestuosidad desde la distancia, de cerca podréis asombraros con la inmensidad de relieves que tienen. Como si de una tira de cómic se tratara, las paredes están decoradas con escenas que nuestro guía nos fue explicando para que llegáramos a entender lo que hace doce siglos intentaron transmitir con su construcción.

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Como dato, Prambanan es un conjunto de más de 200 templos hindúes (es la construcción hinduista más importante de Indonesia) que están dedicados a la Trímurti, la expresión de Dios como el Creador (Brahma), el Preservador (Visnú) y el Destructor (Shivá). Con cada uno de los templos se trata de representar el mítico Monte Meru hindú, el lugar habitado por millones de Dioses, hogar del venerado destructor, Shiva. Ese es el motivo principal de las agujas apuntando al cielo.

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Recorrimos el complejo sin prisas y en un par de horas ya lo habíamos visto y fotografiado desde muchos ángulos. Había leído que estaba muy concurrido, pero quizás por ser última hora y hacer con un calorazo impresionante, nosotros lo disfrutamos con poca gente. Si dispusierais de más tiempo, podríais acercaros a visitar Candi Sewu y los templos de Plaosan. Éstos son templos mucho menos concurridos pero bonitos también. Nosotros estábamos ya saturados y preferimos terminar el día aquí.

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Estábamos reventados. La idea era ir a cenar a algún restaurante por la zona de  Jl Malioboro pero teníamos tal desgaste y tanta hambre (no habíamos comido) que preferimos ponernos las botas en el bufet del hotel y subir a dormir a la habitación. Había sido un día muy especial, un día que nunca olvidaremos, la imagen del amanecer en Borobudur siempre estará en nuestra retina y en nuestros corazones.

DÍA 6

Hoy partíamos hacía Sermarang, ciudad donde dormiríamos para poder coger el vuelo que nos llevaría a Borneo. Como el trayecto era de sólo dos horas y 40 minutos decidimos aprovechar el día visitando alguna parte más de Java.

Nos levantamos, desayunamos tranquilamente en el bufet del hotel, hicimos el chek out  y nos montamos en el coche ya con las maletas para visitar el palacio de Pura Mangkunegaran. Este palacio está situado a dos horas escasas de Yogyakarta y aunque no es una visita espectacular (como pasa con el Kratón de Yogyakarta) es entretenida. Podéis acceder a su web pinchando aquí

La visita es guiada pero de forma individual, es decir, teníamos a una chica que nos explicaba con todo lujo de detalles la historia del palacio, con muy buen nivel de inglés, por cierto, y solo para nosotros dos. El museo con los regalos del resto de monarcas es interesante.

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Después de esta visita nos dirigimos al último templo que veríamos en Java: Candi Sukuh, una “piramide maya” en pleno corazón de Asia. Su principal monumento es una pirámide escalonada rodeada de estatuas, con muchos símbolos dedicados a la fertilidad. De hecho, tuvimos que taparnos “nuestras vergüenzas” con un pañuelo que nos entregaron allí. La pirámide la estaban restaurando, por lo que estaba llena de andamios de bambú que no dejaban apreciarla en su totalidad. Aun así, me recordó muchísimo a las pirámides que años atrás vi en México.

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Como podéis ver en las fotografías anteriores, la pirámide tiene frente a ella diferentes estatuas entre las que destacan tres tortugas con conchas aplastadas y una figura masculina que sujeta su pene (hubo muchas risas con esto).

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El templo está ubicado en la ladera occidental del monte Lawu, por lo que se tienen unas vistas impresionantes, y está muy poco concurrido (de hecho estuvimos solos). Está rodeado de arrozales y plataneros y sus jardines están muy cuidados. Es una visita muy bonita y recomendable para apreciar un templo muy diferente a los que hay en Java.

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Después de la visita nos despedimos de nuestro guía  y el conductor nos llevó hasta nuestro hotel en Semarang.

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El hotel que elegimos para pasar una noche  fue el Dafam Semarang. Por 18 euros la noche no podíamos pedir mucho (además incluían el traslado al aeropuerto gratuito). En la foto se ve bonito pero los detalles de cerca fallaban (tapicería con machas, toallas amarillentas…). ¿Repetiría? Si, si es para pasar una noche exclusivamente.

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Como era la hora de cenar y había un centro comercial relativamente cerca decidimos coger un tuk-tuk e ir a cenar allí (DP Mall Semarang).

Tocaba descansar. Al día siguiente debíamos madrugar mucho y llegaba lo más, de lo más ,de lo más deseado del viaje: Borneo.

Antes de terminar con el relato de Java me gustaría deciros que una zona que no vimos porque no la pudimos cuadrar en el itinerario con los días que teníamos, fue la zona volcánica del monte Bromo y el volcán Ijén. Esta zona es espectacular con mayúsculas y como a Indonesia volveremos, esto no es cuestionable jajaja, va a ser uno de los must de la segunda vuelta al país (junto con Komodo y Papúa).

DÍA 7

Si el aeropuerto de Semarang nos dejó sin palabras, cuando llegamos a Pangkalan Bun alucinamos en colores.

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Habíamos visto lugares parecidos, pero nunca algo así en un aeropuerto. Y dijimos: ¡ay madre donde nos hemos metido! Pero en eso consiste viajar: en adaptarte, en quedarte petrificado en el momento pero luego reírte de la situación y contarlo como una anécdota divertida (siempre que no haya pasado nada grave, claro).

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Salimos del aeropuerto y nos montamos en el coche que nos llevaría hasta Kumai (a unos 20 minutos) donde se encontraba el klotok, la embarcación que sería nuestra casa durante tres días. Aquí, dependiendo del presupuesto, podéis optar por compartir el klotok con más personas haciendo una excursión en grupo o reservar el klotok para vosotros solos (cosa que os recomiendo, sobre todo si vais en pareja).

Llegamos al puerto, embarcamos y nos presentaron a la tripulación: Poncho, nuestro guía, Kadir el capitán, Arifin su ayudante y Doha la cocinera. Cuatro personas que nos trataron de maravilla e hicieron que nuestro viaje fuera aún más especial.

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Dejamos nuestras cosas, inspeccionamos los escasos metros que harían las veces de dormitorio, sala de estar y comedor y pensamos: esto promete…

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Comenzamos la navegación. Por fin había llegado lo que llevaba tanto tiempo soñando: ver a los orangutanes, vivir la experiencia de conocer y dormir en la selva de Borneo, sin conexión con el resto del mundo, sin wifi, sin interrupciones, solo yo, mi chico y la naturaleza. Una experiencia que resultó superar con creces las expectativas, una experiencia que está en la lista de las mejores que he vivido en todos mis viajes, algo único, especial, no hay adjetivos, de verdad. Junto con ver la aurora boreal en Islandia y dormir en las “casitas del agua” de Maldivas está esta aventura de Borneo. Uno de los momentos más maravillosos e inolvidables de nuestras vidas.

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El guía nos explicó que estaríamos navegando durante un par de horas por el río Kumai  y posteriormente por el río Sekonyer, del Tanjun Puting National Park hasta llegar al primer punto de avistamiento de orangutanes, ya que se aprovechaba la hora de su comida para poder verlos.

Nos pusimos cómodos y empezamos a flipar con el paisaje que estábamos viendo. Palmeras y juncos alrededor del río, un agua marrón de la que podían salir mil bichos, locales pescando…Estampas únicas.

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Dirección obligatoria a la derecha, por si había dudas 🙂

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De repente vimos que subían con platos, era nuestra comida y cuando nos la sirvieron alucinamos ¡qué rico todo! Verduras, tempura, pollo y arroz. El mejor restaurante del mundo, con las mejores vistas. Si nos llegamos a comer todo hubiéramos hundido el klotok jajaja. El lujo no siempre tiene que medirse en estrellas Michelin y este era uno de esos casos.

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Por fin llegamos a la primera parada, nos bajamos del klotok y nos adentramos en la selva. El calor y la humedad eran importantes, el ruido de los bichos de la selva era ensordecedor y con la caminata que nos metimos estábamos empapados, pero daba igual. Estábamos en el único lugar del mundo (junto con Sumatra) donde se podían ver a los orangutanes en su hábitat natural y eso era increíble.

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Nuestro guía se paró, se movían las ramas de los árboles, allí había algo y ese algo era nuestro primer orangután. Buf, que emoción, me suelo repetir mucho, pero es que cuando algo es increíble no me salen las palabras. Allí estaba, parecía que nos saludaba dándonos la bienvenida, tan tranquilo, mirándonos fijamente con una sonrisa (o eso decía yo). Parecía que le gustaba posar para la cámara, era graciosísimo. Sus gestos eran tan parecidos a los nuestros que te sobrecogían. Precia un pequeño hombre peludo que en cualquier momento iba a hablar y a decirnos algo. Mi corazón se salía del pecho de la emoción, estaba tan contenta y tan feliz por tener el privilegio de verlos que no podía dejar de sonreír. Ese es el síntoma de que algo es I M P R E S I O N A N T E.

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Continuamos el sendero hasta llegar a una plataforma donde les echaban la comida (plátanos y agua) y claro, ellos muy listos que ya saben que les miman, acuden sin faltar ni un solo día.

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Sesión de fotos de nuevo y de repente…las hojas empezaron a moverse como si alguien estuviera talándolas. ¡Era el macho alfa! y como buen macho alfa acaparó todos los plátanos que le cabían en las manos. Nos partíamos de risa, no llevaba más porque no podía, jajaja. Se pegó un buen homenaje.

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Lo más característico del orangután macho es su cara, que me recordaba a una tortita plana y esponjosa. En realidad esta adiposidad hace referencia al poder y al liderazgo del individuo.

Aquí he de detenerme a transmitir algo: Karmele Llanos, primatóloga y directora del International Animal Rescue contaba hace poco en un artículo del diario El País el drama de los orangutanes de Borneo. Como explicaba “Si hoy dejáramos el bosque intacto, tendríamos orangutanes para siempre, el problema es que sabemos que estas concesiones se van a deforestar en los próximos años. Los ejemplares que queden, además de pocos, estarán aislados en unas pocas poblaciones, con el riesgo que implica este aislamiento genético”. Por desgracia, estos primates han vivido durante siglos en unas selvas de especial interés comercial: madera, papel, minería o aceite de palma y el hombre los ha asesinado y utilizado para comerciar. Esto no debería de permitirse, cuando los ves y piensas en que nuestros hijos o nuestros nietos no van a poder admirar a estos bellos animales me entra una rabia enorme. El hombre es su principal amenaza, como siempre.

Volvimos al klotok y reanudamos la navegación  hasta llegar al punto donde pasaríamos la noche, pero antes, veríamos a otros monos muy característicos, también en peligro de extinción: los Monos Narigudos. Si los orangutanes nos asombraron, estos monos nos sacaron una gran sonrisa. ¡Ay pero que graciosos eran! con esa nariz que parecía que se la iban a quitar diciéndonos: venga, que es de broma. Pero es que, para los monos narigudos de Borneo el tamaño si que importa, y cuanto más grande tengan su nariz más éxito tendrán a la hora de aparearse. Sus barrigas también eran muy curiosa, redondas redondas, como si bebieran mucha cerveza jeje.

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Las hembras en cambio tienen una nariz mucho más pequeña y afilada.

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Desde donde aparcamos nuestro klotok escuchábamos sus gritos, veíamos sus grandes saltos, todos estos ruidos nos acompañarían toda la noche. Fueron nuestros vecinos 🙂

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Y el sol terminó por esconderse y nuestra cocinera nos sorprendió con una riquísima cena a la luz de las velas. Alucinados nos quedamos al ver el despliegue de comida, y no hay que decir que no dejamos ni las migas.

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Para dormir nos pusieron la mosquitera y la rociaron con mata mosquitos, peeero nosotros llevábamos la nuestra rociada con permetrina, por lo que para evitar males mayores la pusimos por encima. Doble seguridad, allí no había bicho que pudiera entrar, jejeje. Nuestros amigos narigudos nos dieron un buen espectáculo nocturno, pero el cansancio pudo con nosotros y caímos fritos.

DÍA 8

¿Despertador? Noooo, en Borneo no hace falta despertador. La luz del sol os dará en la cara y los pajaritos serán vuestra melodía de comienzo del día ¿se puede empezar mejor? Fue increíble abrir los ojos y asomarnos por la mosquitera para ver el río iluminándose con la luz del amanecer. Un despertar maravilloso, inigualable. La tripulación nos dio los buenos días y subieron con un desayuno de lo más completo: huevos revueltos, unas tostadas, unas tortitas, limonada y café.

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Con el frescor del amanecer y este estupendo desayuno estábamos listos para afrontar otro día de aventuras en Pondok Tangguy y el Campamento Leaky. Nos sentamos en las sillas panorámicas del porche de nuestra habitación 🙂 y disfrutamos de la navegación hasta el primer lugar donde veríamos desayunar a los orangutanes.

Nuevamente paisajes espectaculares, donde el río se estrechaba y te hacía sacar una y otra vez la cámara.

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Nos bajamos del klotok y cual fue nuestra sorpresa cuando nada más empezar a andar un orangután macho apareció a nuestro lado. Nos entró una mezcla de emoción y miedo. Estaba muy cerca y era muy grande, pero ni se inmutó, todo lo contrario, nos miró y nos dedicó la que, para mí, es la mejor foto de todo el viaje.

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Era impresionante, sus brazos eran enormes, su pelaje rojo se mezclaba con su oscura piel. Ni me creía que hubiera podido sacarle una foto mirándome fijamente, sin moverse y con un gesto amable. Como curiosidad la palabra Orangután proviene del malayo “Orang Hutan”, que significa “Hombre del bosque”. Después de ese momento de gloria desapareció entre los árboles ¡qué momentazo!

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Continuamos caminando hasta llegar a la segunda plataforma del día. Hago aquí un inciso para indicaros que, como os comenté al inicio de la entrada, aquí debéis ir protegidos con botas y pantalón largo, aunque os muráis del calor. Hay muchas garrapatas, hormigas venenosas y demás fauna y si queréis evitar picaduras y disgustos es mejor ir protegidos. Relec extrafuerte para los brazos y escote y ¡listos!

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Nuestros siguientes modelos eran parte de una preciosa familia: una mama orangután junto con una cría bebe y otra “adolescente”. La cría era una auténtica monada, nunca mejor dicho, agarradita a su madre en todo momento, con sus manitas, sus gestos, parecía que estaba viendo a un niño, es increíble el parecido. He visto otras especies de monos y de lejos, los orangutanes, son los que más me han recordado a nosotros.

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No sabíamos si íbamos a poder ver a una cría y fue increíble tener esa suerte. Un bebe de orangután en libertad, con su familia, más bonito imposible…Ni sé la de fotos que pude sacarles, la cámara echaba humo.

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Pero en esta familia faltaba alguien… ¡el papá!

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No me digáis que en la foto de abajo no parece un chico en la barra de un bar esperando a que le sirvan algo, jajaja.

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Unas últimas fotos y vuelta al klotok para continuar navegando.

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Nos tumbamos en el colchón de nuestra sala de estar/dormitorio para descansar un poco, aunque el calor, pese a ser tan pronto, hacía de esta tarea algo difícil. Nuestro guía nos sorprendía de vez en cuando asomando la cabeza por la cubierta y asustándonos a grito de ¡pájarrooo ahí! qué era lo que sabía decir en español, jajaja. Y a veces era un pájaro y otras veces un lagarto o un cocodrilo, que vaya tela…El río cada vez era más estrecho y los paisajes eran impactantes.

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En el trayecto almorzamos (esta vez tocaba un pescadito con verduras y unas frituras que no sabíamos lo que eran pero que estaban buenísimas) y volvimos a vaguear hasta la hora de ir al siguiente punto de observación de orangutanes.

A las 14 horas estábamos de nuevo en marcha para hacer un pequeño trekking que nos llevaría a ver a nuestro último grupo de orangutanes. Como nos pasó a la mañana, en el camino hasta el punto de observación nos encontramos con un amigüito que estaba tan tranquilo echando una siesta en postura de cucaracha dada la vuelta jajaja. Ni se inmutó, pasamos a su lado, le sacamos fotos y el seguía a lo suyo.

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Las ramas se empezaron a mover y allí estaban ellos, nuestros hombres de la selva.

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Y un nuevo regalo: otra cría de orangután con su madre. No nos cansábamos de sacarle fotos, no nos esperábamos tener tanta suerte de ver a dos familias, con poca gente, sin llover…todo estaba saliendo a pedir de boca.

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La cría pronto se agarró a su madre para saltar de rama en rama y acudir a la plataforma a comer. Intentó saltar sola, pero se ve que le dio miedo y empezó a gritar para que su madre la rescatara. Y la madre no tardó ni un segundo, se subió encima y bajaron de los árboles.

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Era una pocholada, y eso que tenía genio, porque una turista se acercó demasiado (saltándose todas las normas) y por poco la ataca. Siempre tiene que haber alguien dando la nota y sobrepasándose, vergonzoso.

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Y de repente ¡otra madre con su cria!

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Allí se pegaron un buen festín de plátanos junto a otro mono muy intrépido (creo recordar que nos dijo  Poncho que era un Gibbon) que se acercó sigilosamente para capturar algunos plátanos con su larguísimos brazos.

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Y como nos había pasado a la mañana también apareció el chico del grupo, y ¡se puso a plátanos fino! Los miraba como Gollum en el señor de los anillos diciendo: “mi tesoooroooo” jajaja.

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Y claro, cuando llega el jefe, el resto tiene que ingeniárselas para poder llevarse la mayor cantidad de plátanos posible, por lo que uno de los orangutanes que estaba allí, ni corto ni perezoso, se metió todos los plátanos que pudo en la boca, agarro otro puñado en la mano y subió a uno de los árboles con el motín. Nos partíamos de la risa, jajaja. No llevaba más plátanos porque no podía.

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El día estaba siendo increíble, ni nos creíamos lo bien que estaba saliendo todo. Poca gente, muchos orangutanes, crías, machos, todo lo que queríamos ver lo llevábamos ya en nuestra retina.

Volvíamos de regreso al klotok cuando de repente nos sorprendió una chaparrada ¡qué forma de llover! Fueron unos minutos, pero nos calamos y eso que nuestro guía llevaba unos estupendos paraguas floreados. Llevad protección para el equipo ¡no lo olvidéis!

Comenzamos la navegación para buscar un sitio donde “aparcar” y dormir. Nos sorprendió muchísimo que en esta zona del río el agua parecía un espejo, era negra, (debido a los  sedimentos naturales procedentes de raíces y plantas).

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El sol empezó a esconderse y a regalarnos estampas tan preciosas como las que veis en las fotos.

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Aparcaron el klotok y nos dijeron que si queríamos nos preparaban la ducha. ¡Qué gran idea! porque estábamos que dábamos bastante asquito del calor y la humedad, por no hablar de los pelos de loca que tenía yo, jajaja. Cuando Poncho nos dijo que ya estaba todo listo, vi que lo que habían montado era una manguera echada al  río para coger el agua, y la zona de ducha era la misma que donde estaba la taza del baño (lugar de descanso de una enorme araña que nos controlaba cada vez que íbamos allí). Yo al ver eso le dije que sentía haberles molestado, pero que me daba bastante “cosa” ducharme con el agua del río (me imaginaba a una culebrilla metiéndose por la goma y cayendo en mi cabeza, y ya, ya sé que eso no iba a pasar, pero yo no hacía más que pensar en bichos o animales en mi pelo y no podía). Recogieron el invento y mi chico y yo nos aseamos como el día anterior, con una pastilla de jabón y toallitas húmedas. La ducha del gato que decía mi abuelo.

Nos sirvieron la cena de despedida y alucinamos cuando vimos que teníamos ¡luciérnagas incluidas! Las pude tener en mi mano, fue increíble ver a esos bichitos tan pequeños iluminando los matorrales, en la total oscuridad, con el sonido de la selva de fondo. La tripulación subió a la cubierta del barco y estuvimos charlando mientras nos hacían unas pulseritas de recuerdo que llevaríamos todo el viaje (y que conservo con mucho cariño). Indonesia es increíble, pero Borneo es sin duda lo mejor. Jamás lo olvidaré porque fue una de las experiencias más impresionantes que he vivido en mis viajes.

DÍA 9

Amanecía un nuevo día y, como nos pasó la mañana anterior, nos despertamos con el canto de los pajarillos y la luz del sol. Hoy navegaríamos hasta llegar al puerto y daríamos por finalizada nuestra gran aventura del viaje. La cocinera nos sirvió el desayuno, tiramos unas últimas fotos y nos despedimos con mucha pena de toda la tripulación.

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La siguiente parada del viaje era Bali y ¡una ducha! que yo la necesitaba urgentemente, no me había visto la cara en tres días, jajaja.

Nos llevaron en coche hasta el aeropuerto de Borneo y, haciendo escala en Semararang, llegamos al aeropuerto de Bali (Denpasar). Allí nos estaba esperando una persona del  hotel Green Spirit Villa, nuestra elección para pasar tres noches en la isla.

Bali está repleto de hoteles, la oferta es amplísima y hay muchos lugares para elegir. Nosotros nos decantamos por Ubud, centro cultural y espiritual de Bali, porque leyendo opiniones era la zona más coqueta y el hotel Green Spirit, al estar enclavado en los arrozales, nos parecía que tenía un encanto especial (nunca habíamos dormido entre arrozales). Como desde allí íbamos a las Islas Gili a la playa, no nos importaba estar en el interior de la isla.

Llegamos al hotel, bajamos las interminables escaleras que tienen hasta llegar a la recepción y las habitaciones, y nos encontramos con una estampa alucinante ¡qué pasada de lugar! Una piscina de borde infinito mirando a los arrozales, todo decorado con un gusto exquisito, flores, palmeras, un lujo para la vista.

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Y la habitación (elegimos una Doble Deluxe) era igual de sorprendente que las zonas comunes. Una cama con dosel y un baño semiabierto con vistas a los arrozales nos sacaron un ¡qué chulaaa! nada más entrar. La calidad de estas fotos es un poco mala porque borré sin querer algunas de la tarjeta de la cámara y solo me quedé con las del móvil, y claro…

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Nos pegamos una reconfortante ducha, nos arreglamos y pedimos un taxi para ir a cenar al centro del pueblo. El restaurante que llevaba apuntado era el Cafe Wayan & Bakery y la verdad es que nos encantó. El lugar es precioso, el personal encantador y la comida abundante y a muy buen precio.

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Estábamos agotados de las vueltas que habíamos dado hoy, por lo que nos pidieron un taxi en el restaurante y nos fuimos a dormir. Mañana descubriríamos la auténtica Bali.

DÍA 10

Bali es amabilidad, sonrisas, arrozales, templos, danza, fiesta y tradición. Bali es otro mundo dentro de Indonesia. La religión mayoritaria es el Hinduismo, pero lo practican de una forma muy particular, a su manera, mezclándolo con la cultura ancestral de veneración a los Dioses de la Naturaleza. Durante nuestros dos días en la isla, pudimos comprobar la gran devoción que tienen. Una cultura fascinante y única.

Amanecía un nuevo día. Desayunamos en la maravillosa terraza del hotel contemplando las increíbles vistas (un desayuno espectacular, por cierto) y esperamos a que llegara el que iba a ser nuestro guía durante dos días: Sabar.

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Contactamos con él por email y concretamos el recorrido. Os dejo el enlace a su web para que podáis ver quién es ya que lo recomiendo totalmente. Muy buena persona y muy buen guía, siempre con una sonrisa y dispuesto a ayudar. Y en español, que no lo había mencionado.

Yo me había propuesto un objetivo muy ambicioso ya que las distancias no me parecían muy largas y pensaba que se podía hacer. Con lo que no contaba era con que en Bali hay todos, todos, todos, todos los días ceremonias y celebraciones, por lo que una distancia corta se puede hacer eterna porque hay que estar parado esperando a que pase la “comitiva de festejos”.

Nuestra primera parada eran los arrozales de  Tegallalang, muy cerquita de Ubud y por tanto la primera visita para no encontrarnos con mucha gente. Así podríamos disfrutar no solo de las vistas sino de una caminata entre los arrozales (os recomiendo no perdérosla, no os quedéis solo con la vista desde el mirador). En esta época del año la estampa era verde, a diferencia de los arrozales que vimos en China que eran totalmente dorados. Dependiendo de cuándo vayáis os los encontrareis de una forma u otra, al igual que si hay sol o no. Nosotros los vimos de ambas formas y con el sol luciendo la estampa es preciosa y el verde es aún más vibrante.

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El cultivo de arroz requiere de mucha agua, y  los campos necesitan estar siempre húmedos, semi inundados. Por ello, llevad botas y no sandalias como hice yo, que terminé con ellas llenas de barro y en varias ocasiones estuve a punto de caerme al suelo con todo el equipo, jajaja.

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Los balineses, como he dicho antes, muy espirituales, por lo que  también en las plantaciones de arroz tienen pequeños templos dedicados a Dewi Sri, la Diosa del arroz. También veréis a locales trabajando. Sed siempre muy respetuosos, porque estáis en sus tierras. Estas  últimas fotos son cortesía de mi chico ¡que rabia haber borrado tantas! y tengo que decir que son auténticos fotones.

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Nos despedimos de los arrozales y nos montamos en el coche para acudir a la siguiente visita: Pura Taman Ayun, un precioso templo en el que, pese a no poderse acceder a su interior, las vistas desde fuera son espectaculares. Merece muchísimo la pena porque como veréis es muy fotogénico. Está rodeado por un foso como si fuera un castillo medieval y tiene varias pagodas o torres meru. Estas torres son estructuras en forma de pagoda de madera con una base de mampostería, una cámara de madera y techos de paja con múltiples niveles. Las torres Meru generalmente están dedicadas a los dioses más elevados del panteón hindú, el panteón local o una persona deificada y su altura representa al monte Meru hindú (la morada de los dioses hindúes). Nuevamente las fotos son cortesía de mi chico y como veis son espectaculares.

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Nada más entrar veréis una representación de una pelea de gallos, tradición muy arraigada en Bali pero curiosamente prohibida, y os sorprenderá lo cuidados que tienen todos los jardines, la paz que hay en el recinto y los pocos turistas que lo visitan (cosa que no entiendo porque es espectacular).

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Desde aquí nos dirigimos a uno de los templos que más ganas tenía de conocer: Pura Ulun Danu Bratan. Es el templo que decora los billetes de 50.000 rupias y uno de los más encantadores de la isla. Se construyó en el siglo XVII sobre el lago Bratan, a los pies del volcán Batur, y es el segundo más grande de la isla. Está dedicado a Dewi Danu, diosa del agua, por lo que es lugar de peregrinación de campesinos que acuden a él a pedir agua para sus cultivos. Lo veréis lleno de locales haciendo sus ofrendas y ceremonias.

Me hubiera gustado visitarlo al atardecer para poder tener una toma con la luz perfecta pero, las nubes en lo alto de la isla (esta zona está a 1.200 m sobre el nivel del mar) auguraban lluvia y quedarnos hasta la hora de la puesta de sol para que no hubiera sol no tenía sentido.

Y estas fotos ya por fin son mías (salvo en las que salgo yo, claro). De todo se aprende y yo desde luego que no vuelvo a borrar nada de la tarjeta de memoria hasta haberlo guardado en los dos discos de back up que tengo. Como podéis ver, el templo Pura Ulun Danu Bratan es espectacular, uno de los iconos de Bali y un templo que no debéis perderos por nada del mundo.

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El lugar nos encantó, lo diré una y mil veces,  y además, la neblina que había lejos de entorpecer la estampa hizo de este templo el más impactante de todo nuestro recorrido por Bali. Aunque el camino sea largo bien merece el esfuerzo. Dimos una vuelta por todo el recinto y decidimos comer en un restaurante de buffet que había allí.

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Regresamos al coche y reanudamos la ruta. Sabar nos hizo una pequeña parada para ver los Lagos Gemelos y a sus simpáticos amigos de mirador. Un mirador con una panorámica muy chula desde donde ver los lagos Buyan y Tamblingan, los lagos gemelos que nacen uno junto al otro. El sol parecía que hacía acto de  presencia y nosotros nos lamentábamos pensando que igual debíamos habernos quedado en el templo esperando, pero bueno, lo hecho hecho estaba y no queríamos marearle.

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La última parada del día era la cascada de Munduk, una de las más espectaculares de la isla. Dejamos el coche en un pequeño parking  y desde ahí, bajamos por un sendero rodeado de vegetación hasta llegar a la base de la cascada. Esta vez sí que me puse las botas de monte y fui la mar de bien porque había rocas muy resbaladizas.
A mitad del sendero hay que pagar una entrada por acceder a la cascada, es de pago, no lo olvidéis (en los templos parece que se entiende más, pero en esta cascada nos sorprendió un poco).

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Estábamos prácticamente solos, supongo que porque no hacía mucho calor como para bañarse. No es una visita para hacerla en solitario, pero si estáis por la zona visitando Pura Ulun Danu Bratan o Brahma Vihara Arama (el pequeño Borobudur, templo budista que no nos dio tiempo a visitar) os recomendaría no perdérosla.

Como os decía, me había marcado visitar más cosas en el día de hoy pero las retenciones hicieron que perdiéramos mucho tiempo y era impensable llegar al templo de Tanah Lot antes de que anocheciera. Decidimos dejarlo para una futura visita a la isla. A este templo hay que ir si o si al atardecer, pero al día siguiente teníamos algo mucho más especial que hacer a esa hora (seguid leyendo que os lo cuento).

También voy a hacer una mención especial a un templo del que habréis visto mil fotos en Instagram o Facebook: Pura Lempuyang Luhur Temple. Según las increíbles fotos, éste es un templo en el que una de sus partes parece una puerta al cielo con un reflejo de ensueño donde hacer mil poses a cada cual más bonita. Pues bien, esto NO EXISTE.  Hay hierba donde en la foto parece agua, y una cola enorme (de más o menos espera según la temporada) para hacerse la famosa foto…El lugar  no tiene ese reflejo de agua sino que unos cuantos balineses tapados con sombrillas cogen tu móvil y con el reflejo de un espejo, simulan ese lago idílico. ¿Cómo os quedáis? Nosotros al saber esto no fuimos pero cada uno es libre de decidir. El templo es bonito, con el volcán Agung de fondo, pero no esperéis encontrar “la foto” en la realidad.

Lo mismo pasa con los “columpios” o “nidos” suspendidos, ya que han montado una especie de parque de atracciones de éstos con vistas de lujo, bufe libre y chicos que te empujan y que incluso te sacan las fotos para que no te tengas que preocupar de nada. La realidad no es lo que aparece en la foto y detrás hay todo un montaje de cuerdas, personas etc. Tampoco fuimos al tratarse de algo tan “preparado” y disponer de tan poco tiempo, pero si volvemos a Bali quizás sucumbamos a estas tentaciones jajaja.

Sabar puso rumbo al hotel. Teníamos una tiradita y queríamos llegar a ver las danzas balinesas que se representaban en el Palacio de Ubud. Nos cambiamos y rápidamente cogimos un taxi para llegar a ver el espectáculo. Solo os puedo decir que es algo que no debéis perderos. Está lleno de turistas, sí, pero es un imprescindible si vais a Bali y más en un marco tan ideal como es el Palacio de Ubud. Conseguimos un lugar con buena perspectiva para sacar fotos y disfrutamos del espectáculo.

Y si en Borneo os dije que conseguí la foto del viaje, en Ubud conseguí la segunda foto del viaje, que es esta 🙂 nitidez, belleza, expresividad, todo en una foto.

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Nunca habíamos visto algo igual, que expresividad. Miradas, pies, manos, todo perfectamente controlado para poder narrar una historia. Y con música en directo para acompañar a l@s bailarin@s. En la oficina de turismo de Ubud (al lado del Palacio) podréis conseguir un folleto con las actuaciones que hay cada día y sus precios, y si vais en temporada alta os recomendaría comprar las entradas con anticipación y estar allí antes de que empiece el espectáculo para poder coger un buen sitio (los asientos no están numeradas).

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Podría poner mil fotografías porque me encantó, pero yo creo que con esta muestra os hacéis una idea.

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Después de ver el espectáculo nos fuimos a cenar. Nos acercamos hasta el restaurante Ibu Rai y pedimos una mesa. No queríamos complicarnos en coger un taxi para llegar a alguno de los restaurantes que llevaba apuntado que estaban alejados, por lo que optamos por el que llevaba recomendado del centro de Ubud. Y la experiencia fue muy buena, comida típica balinesa muy bien presentada, muy rica y a muy buen precio. Además el local está muy bien decorado y el servicio es muy rápido (cosa no tan habitual en la isla).

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Y ahora sí, ahora tocaba coger un taxi e irnos a dormir. Bali nos estaba encantando, más incluso de lo que nos esperábamos. Indonesia es una caja de sorpresas.

DÍA 11

Amanecía un nuevo día en nuestro Jardín del Eden particular y nos levantamos para disfrutar nuevamente del maravilloso desayuno con vistas al lado de la piscina. Allí podríamos pasarnos horas y horas, la verdad es que daba pena salir del hotel.

Hoy queríamos ir a ver un templo bastante alejado de Ubud: Tirta Gangga. 65 kilómetros de distancia pero nuevamente una odisea para llegar hasta él. Pero yo tenía el antojo de ver ese templo, por lo que allá que fuimos.

Tirta Gangga (que significa literalmente agua del Ganges) es un antiguo palacio real, un laberinto de piscinas y fuentes rodeado por un exuberante jardín y tallas de piedra y estatuas. El complejo fue construido en 1946 por el difunto rey de Karangsem, pero fue destruido casi por completo por la erupción del cercano Monte Agung en 1963. Lo reconstruyeron y restauraron y hoy en día es toda una belleza.

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Sus baldosines  hacen que puedas pasear por encima  del agua. No sé si conocéis el programa de Humor Amarillo, pero a mí me recordaban muchísimo a las zamburguesas y cuando las pisaba iba pensando: “a ver si piso la falsa y me voy al agua” jajaja.

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La pieza central del palacio es una fuente de once niveles, que veréis nada más entrar.

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Recorrimos sus jardines disfrutándolos con tranquilidad (ya que al ser primera hora apenas había gente) y me alegré de haber sido firme y haber querido emplear el tiempo que supone ir hasta allí. Es una de las postales más típicas de Bali y os recomiendo no perderos esta visita.

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Y nuestras visitas del día se habían acabo. Os preguntareis porque….pues porque debíamos estar de vuelta en Ubud para acudir a nuestra ¡¡¡¡¡BODA BALINESA!!!!! Nos hacía mucha ilusión vivir en primera persona esta experiencia. Una ceremonia llena de significado y con todos sus rituales. Un poco locura, pues sí, pero me encantó y lo repetiría mil veces.

Como no, la vuelta desde Tirta Gangga fue una odisea. Incluso nos quedamos sin comer por las retenciones que había. Bali es para visitarla con paciencia y mucho mucho tiempo porque si no puede llegar a desquiciarte.

Pero llegamos. Comenzaba otro de los momentos claves del viaje. La ceremonia la contratamos en la web www.bodaenbali.com y nuestro guía fue Suki, un guía balines de habla hispana que estaba recomendado en los foros. Nos saludó todo el personal que participaría en la ceremonia y nos llevaron hasta unas habitaciones donde nos maquillarían y vestirían.

Nunca imaginé que me pudieran maquillar tan bien, las chicas eran unas verdaderas artistas. Me recogieron todo el pelo en una coleta para luego ponerme el pesado pero precioso tocado típico balines. Estaba alucinando, había visto fotos pero no me creía que estuviéramos nosotros allí, los dos, solo los dos compartiendo ese gran momento, alejados del mundo, de las preocupaciones, mi chico y yo.

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Cuando terminaron y me miré en el espejo ni me reconocía. Parecía (salvando las diferencias) las bailarinas que la noche pasada había visto en el Palacio de Ubud. Salí al templo familiar donde realizaríamos la ceremonia acompañada por una chica y escoltada por unos chicos que portaban los paraguas que me protegían. El templo era precioso, era como los que habíamos vistos estos días. Veo las fotos y alucino en colores.

En ese momento estaba nerviosísima, emocionada, era una mezcla de sentimientos. Suki nos indicaba lo que debíamos hacer en cada momento y cuál era el significado de cada paso.

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Hicimos todos los rituales, que os resumo en estos pasos por si tenéis curiosidad:

  • Hilo Blanco. Quemamos un hilo conjuntamente, como símbolo de que nos encontrábamos preparados para nuestro paso de la vida de solteros a la vida familiar en pareja.
  • Sambuk – Kupakan (bola de cáscara de coco). Dimos 3 patadas a una bola hecha de cáscara de coco, como símbolo de compromiso para sacrificarnos el uno por el otro.
  • Tapete de Hoja de Palmera. El tapete, que simboliza el himen, lo sujeté yo, mientras que mi chico lo cortaba con un cuchillo curvado (cris) como símbolo del poder masculino. Este más que romántico era porno, jajaja.
  • Mategen – Tegenan: Mi chico tuvo que llevar un palo con dos cestas en sus extremos llenas de productos del campo. Esto simbolizaba que asumía sus responsabilidades, tanto visibles como invisibles.
  • Suhun – Suhunan: Mientras mi chico llevaba el palo con las cestas, a mí me dieron una cestita llena de patatas y especias que simbolizaban mi florecer.
  • Dagang – Dagangan (transacción): Representaba nuestra unión, mediante la que asumíamos las consecuencias del matrimonio.
  • Sanggah Keluarga (el templo de la familia): Nos dirigimos hacia el templo de la familia real para rezar y pedir a los dioses en la ceremonia que su vida presente y futura sea plena y feliz.
  • Mewidi – Widanan: Fue el último paso después de la ceremonia de purificación. Los dioses, las deidades y los ancestros nos bendijeron. Esta ceremonia tiene lugar en el edificio ceremonial del recinto del palacio real y la condujo un santo hindú balinés (Pemangku).
  • Mesuap – Suapan: Al terminar la ceremonia de la boda en el palacio principal de la familia real, nos dirigimos a otra parte del palacio  para darnos de comer el uno al otro. Esta comida tenía tres sabores diferentes: amargo, dulce y salado, los cuales simbolizaban el tipo de vivencia que tendríamos que experimentar juntos en su nueva vida de casados.
  • Y después de todo esto, hubo intercambio de anillos, firma en el certificado de casados y hasta lluvia de pétalos cuando terminamos. Y un baile mientras nos tomábamos un té con las niñas que nos habían acompañado en la ceremonia.

Fue mágico y muy muy romántico. Os enseño algunas fotos de mi look y de lo que rodeó la ceremonia (orquesta, bailarinas que eran una monada de niñas, etc) ya que el resto de fotografías las guardamos en privado.

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Al término de la ceremonia, nos montamos en el coche (os podéis imaginar cómo tuve que ir yo de acurrucada con ese pedazo de tocado en la cabeza, no cabía en el él) para llevarnos a la playa a degustar una cena de marisquito con baile incluido. Cuando terminamos nos llevaron de vuelta al hotel. Que gran día había sido, sin duda no lo olvidaremos nunca.

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DÍA 12

Nuestros días de aventura por Indonesia se habían terminado (no nos imaginábamos lo que nos pasaría después) y tocaba disfrutar de una merecida semana de descanso en la playa. En Bali nos faltaron muchas cosas por ver. Templos como Pura Besakih, Tirta Empul, Gunung Kawi o ver la puesta de sol en Tanah Lot o Pura Luhur Uluwatu son algunos de los ejemplos, pero queríamos descansar, había sido un año muy duro  y nos merecíamos ese descanso. A Indonesia seguro que volveremos (como he dicho anteriormente en el post) por lo que todas estas cosas las iremos tachando de la lista. Siempre lo digo, lo importante en los viajes es disfrutar, se vean más o menos cosas.

La encargada del hotel se levantó expresamente para hacernos el desayuno ya que nos tocaba madrugar bastante para coger el ferry a las 9 de la mañana. Todo un detallazo, la verdad es que el Green Spirit Villa fue un tremendo acierto (lo único que le falla es que no está muy bien señalizado).

El traslado a Gili lo contratamos también con Suki y el día de la boda balinesa nos dio todos los tickets. Se suponía que un minibús nos iba a pasar a recoger para llevarnos hasta el puerto de Padang Bai, pero esperamos, esperamos y esperamos al borde de la carretera y allí no aparecía nadie. Nos empezamos a agobiar y decidimos bajar al hotel para pedirle a la encargada del hotel que llamara a Suki (que no contestaba al wasap ni al teléfono, supongo que por ser tan temprano) y al teléfono que teníamos en nuestra reserva. Pero allí nadie solucionaba nada, no sabían decirnos que había pasado, por lo que, antes de perder todo el trayecto optamos por coger un taxi y pedirle que fuera volando hasta el puerto (y rezamos porque no hubiera ceremonias que nos retrasaran el camino).

Llegamos con el tiempo justo para de check in en la oficina de la compañía. Allí nos dieron una pegatina con el destino y la compañía a la que pertenecíamos y nos pidieron que fuéramos con nuestras maletas a esperar en una zona cubierta del puerto hasta que nos avisaran con la salida del ferry.

Para los que no queráis contratarlo con una agencia local ( nosotros lo hicimos así porque nos costaba lo mismo), podéis contratar los traslados y los tickets directamente con las compañías WahanaEka Jaya o Blue Water Express

El trayecto hasta Gili Trawangan duró  algo menos de dos horas y cuando llegamos nos mandaron bajar por unas escalerillas y ¡al agua! Por este motivo no olvidéis llevar o pantalones cortos o unos que se puedan arremangar fácilmente y luego quitaros las zapatillas, porque si no os las calareis. El equipaje, como os imaginareis, tuvimos que bajarlo a mano, la tripulación iba cogiendo maletas y había que estar atentos para que no nos las tiraran en la arena.

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Pero este no era nuestro destino, donde pasaríamos la siguiente semana era Gili Meno, por lo que debíamos buscar una barca que nos acercara hasta nuestra isla. Mi chico se fue en busca del piloto mientras yo me quedaba con las maletas allí en la playa. Negoció con varias personas que había por allí y ¡a la barca!

Os estaréis preguntando porqué elegimos Gili Meno. Las Islas Gili son tres: Trawangan, Air y Meno. Dependiendo de lo que busquéis yo os recomendaría una u otra, aunque podéis visitar las tres fácilmente si queréis conocerlas.

Si lo que estáis buscando es fiesta, buen ambiente, una gran oferta hotelera, bares, restaurantes y gente que quiere pasárselo bien vuestra isla es Trawangan.

Si lo que estáis buscando es tranquilidad, romanticismo y un ambiente auténtico vuestra isla es Meno.

Y si estáis buscando un punto intermedio entre las dos anteriores Air sería vuestra isla.

En quince minutos llegamos a la orilla de nuestro hotel: Seri Resort Gili Meno, un hotel a pie de playa, con una increíble piscina infinite, lleno de flores y con una decoración moderna en blanco muy acogedora.

Elegimos una suite doble con vistas al mar. También había opción de coger un bungalow, pero no nos importaba subir una planta de escaleras y nos parecía que tenían poca privacidad el estar a pie de playa por donde pasaba todo el mundo a la recepción, comedor y piscina. Además nos ahorrábamos la diferencia de precio (porque la habitación era igual).

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Dejamos las maletas, descansamos un poco y nos fuimos a dar una vuelta de reconocimiento por los alrededores antes de que anocheciera.

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En Gili Meno no hay farolas, no hay carreteras, no hay coches ni motos. El medio de transporte es el caballo o el burro y si quieres andar por la noche en la isla (por ejemplo para ir a cenar) tienes que llevar una linterna.

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Como se estaba haciendo de noche, decidimos cenar en el hotel, para no complicarnos. Teníamos muchos días para descubrir los restaurantes que llevaba apuntados. Además, mirad que bonito lo preparaban, con antorchas, velas y mirando al mar.

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DÍA 13 A 19

Amanecía el primero de los siete días que estaríamos en la isla. En aquel paraíso de aguas azul turquesa la vida transcurría de otra forma y el ajetreo que habíamos tenido hasta ese momento de traslados, visitas y contratiempos ya quedaba atrás.

Nos levantábamos, desayunábamos en la terraza del edificio principal con unas vistas impresionantes  (el desayuno no era bufet, tenían varias opciones y cada una llevaba unas cosas: uno tenía huevos, salchichas y patatas fritas, otro era con tortitas, otro era indonesio etc) y nos bajábamos a las tumbonas.

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Leer un libro, hacer snorkel, echar la siesta, pasear por la playa o simplemente estar tomando el sol eran nuestras actividades. La única actividad extra que realizamos fue ir a bucear para ver tortugas ¡y las vimos! Comíamos siempre en el hotel, en las tumbonas o en el comedor y nuestra mayor “preocupación” era elegir dónde cenaríamos cada día.

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Como no me quiero repetir con esta rutina taaaan estresante, jeje, os dejo una selección de fotos de estos días. En estas primeras veréis la salida del sol con las impresionantes montañas de Lombok de fondo y la piscina con una luz preciosa.

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En estas segundas os enseño la playa y la piscina con toda la luminosidad del día. Me encanta el mar, pero he de decir que esa piscina era mi perdición, no sé la de horas que estuve allí metida. Además, casi siempre estaba vacía por lo que era una gozada.

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En estas terceras os enseño  las estampas que veíamos cuando bajaba el sol y dábamos un paseo por la isla.

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Y ahora las últimas y las más impresionantes: las de las puestas de sol. Algo que nunca, nunca, nunca olvidaremos son las maravillosas puestas de sol que pudimos ver en Gili Meno y las cenas que disfrutamos allí. Pequeños restaurantes donde cenas con los pies en la arena, con luz tenue, casi en soledad y contemplando la puesta de sol. Os he dicho que es la isla más romántica ¿no? Viendo las fotos me tele trasportaría allí ahora mismo, es el paraíso.

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Puestas de sol rosadas

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Y puestas de sol doradas

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Y para que veáis un ejemplo de cena: una sepia fresquísima con patatas fritas, un zumo de sandía recién hecho, una Bintang y un crep con chocolate de postre.

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DÍA 20

Nos dio una pena enorme irnos de este paraíso, pero había que volver a la realidad. Como nuestro vuelo hacía Singapur salía muy pronto decidimos hacer el camino de vuelta a Bali un día antes ya que no había barcos tan temprano.

Y se suele decir que cuanto menos tienes que hacer, menos haces, pues eso nos pasó a nosotros. En vez de ir a la taquilla desde donde salían los barcos “públicos” hacia Gili Trawangan para ver los horarios, nos fiamos de lo que nos dijeron en la recepción del hotel. Cuando fuimos a hacer el check out y le dijimos que íbamos a coger el barco el chico nos dijo: “pero si el barco sale en 15 minutos” ¿Queeeeee? Nuestra cara era un poema, le mandamos hacer el check out rapidísimo, pagamos y nos cargamos las maletas y todos los bártulos a cuestas y nos fuimos corriendo (literalmente) hasta el puerto. Yo no podía con mi alma, encima había tramos en los que sólo era arena y caminar por ella con tanto peso fue una odisea, ¡pero lo conseguimos! una sudada impresionante, pero habíamos llegado. Esta era mi pinta al montarme en el barco, jajajaja.

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Y este el barco comuna en el que íbamos todos apiñados. No cabía ni un alfiler.

Llegamos a Gili Trawangan y esperamos a que se hiciera la hora de coger el ferry tomando unas Bintang en uno de los bares que había por allí.

El viaje de vuelta fue sin incidencias, la gente iba mucho más calmada que en el de ida (yo creo que todos íbamos de bajón por marcharnos de allí) y cuando llegamos al puerto ya nos estaban esperando para llevarnos a nuestro hotel. Decidimos coger los barcos de primera hora para disfrutar del que pensábamos que iba a ser nuestro último día de vacaciones en este lugar: The Buah Bali Villas, una preciosa villa con piscina privada en la que pasaríamos todo el día. Este era nuestro broche al viaje. La habíamos visto en fotos, pero flipamos al llegar y ver nuestra mansión en directo: cama con dosel, baño interior, baño exterior, una super piscina con tumbonas, un salón enorme y una cocina para degustar todo lo que nos habían dejado: frutas, dulces y vino.

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Disfrutamos de la villa al máximo, nos bañamos (eso sí, el agua estaba bastante fría), tomamos el sol y disfrutamos de nuestras últimas horas en aquel paraíso. Estábamos tan tranquilos hasta que por la noche nos dio por mirar en Internet y nos quedamos boquiabiertos: había entrado en erupción el volcán Raung en Java y había un montón de vuelos cancelados en Bali por las cenizas y la poca visibilidad. ¿Qué iba a pasar con nuestro vuelo mañana? ¿Y si no podíamos salir? Cenamos y nos acostamos con la preocupación de qué pasaría al día siguiente

DÍA 21

Amanecimos con un nudo en el estómago. En la web del aeropuerto no aparecían los vuelos cancelados, pero el tema nos daba muy mala espina. En el hotel nos prepararon una bolsa de pic nic de desayuno y nos acercaron al aeropuerto (al ser tan temprano decidimos reservar el transfer con ellos).

El vuelo lo habíamos reservado a primera hora con Jetstar para tener mucho margen en Singapur y no perder los vuelos de regreso a España. Pero no contábamos con que un volcán nos trastocara los planes. En un principio nos dejaron facturar, pasamos el control y hasta llegamos a estar en la puerta de embarque. Pero la imagen allí era desoladora, gente por todos lados durmiendo en el suelo, comiendo y eso no era buena señal. Si los del vuelo de la noche no habían podido salir ¿íbamos a salir nosotros? Y no, la respuesta fue NO. El vuelo lo cancelaron, al igual que todos los demás. El aeropuerto Ngurah Rai estaba cerrado. A partir de ahí fue toda una odisea, recuperar nuestro equipaje, mirar a la desesperada si había alguna compañía aérea que volara, pero no, todo estaba suspendido. Definitivamente el vuelo de regreso a España lo íbamos a perder, por lo que llamamos a la compañía para ver que podíamos hacer. Por suerte nos dieron una solución más económica que comprar un nuevo billete: dejar nuestro billete abierto y así poder volar cuando supiéramos cuando íbamos a salir de Bali. La broma nos costaba unos 400 euros a cada uno, pero no teníamos otra opción. Lo aceptamos y nos dijeron que les volviéramos a llamar cuando supiéramos el día que queríamos volar. Teníamos un tema solucionado, pero ahora había que conseguir salir de allí. En el aeropuerto todo era un caos y después de pasar todo el día allí con tramites y demás, decidimos buscar un alojamiento en la ciudad para pasar la noche y descansar. No iba a haber vuelos, por lo que allí nada hacíamos.

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Miramos las coberturas de nuestro seguro y aunque el cambio de billete no nos cubría al ser una pérdida de vuelo por causas naturales, si que teníamos un dinero para alojamiento y manutención. Como no sabíamos cuánto tiempo íbamos a pasar allí decidimos coger uno barato por si la cosa se alargaba.Cogimos un taxi y nos fuimos.

Nada podíamos hacer, mirar el móvil con el estado del tráfico aéreo y esperar que se solucionara pronto. Nos fuimos a dar una vuelta para despejarnos un poco después del horrible día que habíamos tenido y a buscar un sitio donde cenar.

Nunca nos había pasado algo así y estábamos agotados de tanta tensión. Nos fuimos a la cama deseando que al día siguiente todo fuera distinto y pudiéramos salir de allí (un volcán en erupción puede generar terremotos, tsunamis etc y no es ninguna broma).

DÍA 22

Os podéis imaginar lo primero que hicimos nada más despertarnos ¿no? Mirar el móvil. Todos los vuelos de Jetstart seguían cancelados y en su web decían que no iban a volar en todo el día. Miramos por casualidad la web de Air Asia y vimos que ellos en cambio no ponían nada de eso. Sus vuelos estaban en espera, pero no cancelados, por lo que decidimos reservar un vuelo por la tarde para darnos un poco de margen y que la situación mejorara. Para hacer tiempo, nos acercamos a la playa y que gran sorpresa cuando ¡vimos un avión de Air Asia despegando! era una buena señal! por fin teníamos esperanza y además habíamos reservado el vuelo con ellos. Nunca ver un avión volando nos había ahecho tanta ilusión.

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Ya con otro ánimo decidimos hacer tiempo dando una vuelta por la zona y aprovechamos para hacer alguna compra en la multitud de tiendas que hay allí (regalos para la familia y unas figuritas preciosas para casa).

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Y llegó la hora de volver de nuevo al aeropuerto. Estábamos super contentos por haber comprado un billete de avión nuevo y que no nos hubiese salido rana. Si hubiera sido así, habríamos sumado unos cuantos euros de más a la factura.

Cuando ya embarcamos decidimos abrir la app de Booking y reservar un hotel para dormir esa noche en Singapur. Dijimos: ¿y si nos alojamos en el Marina Bay Sands? después de todo lo que habíamos pasado nos lo merecíamos. Pero estaba completo, por lo que nuestro gozo en un pozo. Miramos también el hotel en el que ya nos habíamos alojado y estaba completo, por lo que reservamos en el Carlton Hotel Singapore ( en el que habíamos estado al comienzo del viaje era el Carlton City Hotel Singapore, pero no había disponibilidad).

Llegamos, nos pedimos una hamburguesa millonaria para compartir ( de lo cara que era) y nos acostamos. Al día siguiente nuestro vuelo salía por la noche (llamamos para confirmar si había disponibilidad), por lo que podíamos descansar. Ya que el hotel nos había costado un riñón, al menos dormir a gusto.

DÍA 23

Hoy por fin habíamos dormido tranquilos, todo estaba en orden. No queríamos mirar lo que nos había supuesto (en dinero) todo esto porque nos iba a dar un pampurrio, pero lo importante era que estábamos bien y volvíamos a casa.

Como teníamos todo el día libre decidimos hacer el check out, dejar las maletas en recepción e irnos a ver algo que nos había faltado por ver cuando estuvimos la primera vez allí: la Singapore Flyer. Desayunamos en una pastelería que había enfrente del hotel y fuimos caminando, observando la ciudad casi desértica al ser domingo.

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Observamos el hotel Marina Bay desde la distancia. ¡Cómo íbamos a imaginarnos que volveríamos a verlo! y continuamos hasta la base de la Singapore Flyer para montarnos en ella. Si queréis saber sus horarios podéis pinchar aquí  y encontrareis toda la información.

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Como era primera hora apenas había gente. Compramos los tickets y nos montamos. La Singapore Flyer, con 165 metros de altura, es la noria mirador más alta del mundo.  Tiene 28 ‘cápsulas’ con capacidad para 28 personas, aunque en nuestro caso solo íbamos nosotros dos junto con una familia. La rotación dura 30 minutos y durante este trayecto se puede  ver la bahía de Singapur, el hotel Marina Bay y los jardines Gardens by the Bay. Las vistas nos encantaron y pese a tener un cristal de por medio pudimos sacar unas buenas fotos.

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Nos despedíamos de Singapur con la misma imagen que nos habíamos encontrado por primera vez (solo que esta vez desde las alturas).

Volvimos al hotel, nos cambiamos de ropa y cogimos el metro. El mismo que días atrás nos había llevado al comienzo de nuestra gran aventura por Indonesia ahora nos devolvía a la realidad. Había que volver a casa, pero no volvíamos de la misma forma. Nuestra mochila estaba cargada de buenos recuerdos, de imágenes que jamás olvidaremos y lo más importante: de grandes momentos. Indonesia es un país para varios viajes, un país al que sin duda volveremos porque hay mucho más por ver, pero eso ya será otro relato.

 

Como siempre, espero que os haya gustado y sobretodo os haya ayudado si estáis organizando una visita a este país. Si tenéis alguna duda podéis escribir en los comentarios y os responderé lo antes posible (así el resto de viajeros también lo verán). La galería de fotos la podéis ver en mi cuenta de Flickr y si queréis que os avise cada vez que publico una entrada no olvidéis suscribiros a la página y seguirme en Facebook. Gracias por leerme y ¡salud viajeros!

 

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2 Comentarios

  1. joseluis

    ¡¡¡ impresionante !!! me encanta ver que todavía no os conformáis y seguís soñando con alcanzar la meta de recorrer el mundo (todo supongo).
    Ánimo que con vuestra ilusión llegáis seguro.
    ¡¡¡ ZORIONAK !!! ETA AURRERA BIKOTE

    • Conchi

      Muchas gracias Jose Luis!!! Los sueños son el motor de la vida y como bien dices, ojalá poco a poco vayamos cumpliéndolos ¡Un abrazo!

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