China

Cuna de tradiciones milenarias y paisajes exóticos y místicos, China es un país que bien podría ser un mundo. Desiertos, montañas de colores, rascacielos con luces de neón, reservas naturales y una larga lista de imprescindibles hacen que el Gigante Asiático sea un destino muy apetecible y completo, pero a su vez, muy complejo de abarcar y organizar. Doce vuelos, dos trenes, once hoteles y 4.500 fotos hacen posible esta entrada, que espero os guste y sobretodo os ayude a preparar un viaje del que sin duda alguna no volveréis indiferentes.

CUANDO IR

China es el cuarto país más grande del mundo y el clima y las condiciones varían mucho de una región a otra. Las mejores fechas para visitarlo son en primavera y en otoño. Nosotros nos decidimos por Octubre, evitando la primera semana que son las vacaciones por el Día Nacional de China y el turismo interno colapsa todo. En esta época las temperaturas son suaves y las lluvias del verano (cuando hay monzón y tifones) ya han pasado. En el norte sí que notamos más frío, pero nada exagerado. Para mí fue un acierto total.

DATOS PRÁCTICOS

– Vuelos/Trenes: Como podéis imaginaros, doce vuelos en 24 días es una locura, pero he de decir que no hubo ningún problema ni de retrasos ni de pérdida de equipaje. Algo que llevé a rajatabla fue el reservar siempre los vuelos internos a primera hora, ya que según leí, los problemas van avanzando a medida que pasa el día y tienes más probabilidades de tener algún contratiempo.

El vuelo principal lo reservamos con Qatar Airways vía Doha, entrando por Hong Kong y saliendo por Shanghai.

Los vuelos internos los reservamos principalmente en la web de Air China y en la página chinatraveldepot.com, que pese a no conocerla de nada, fue todo perfecto, ningún problema ni en los cobros ni en las reservas. Cuando reservéis algunos vuelos en esta web os enviarán un email solicitando de forma urgente una fotocopia de los pasaportes para comprobar los datos del pagador. Simplemente le sacáis una foto y la adjuntáis, es muy sencillo pero no debéis olvidadlo porque sino os cancelarán la reserva por no cumplir la normativa de seguridad.

Os detallo a continuación el itinerario que hicimos con las compañías y páginas de reserva correspondientes:

  • Hong Kong/Guilin: Volamos con Dragonair y reservamos en  lastminute  ya que tenía un descuento de un bono.
  • Guilin/Zhangjiajie (Dayong): Volamos con Okair Airlines y reservamos en chinatraveldepot.com.
  • Zhangjiajie (Dayong)/Chengdu: Volamos con Air China y reservamos en su página web (podeís reservar pinchando aquí).
  • Chengdu/Lanzhou/Zhangye: El primer vuelo fue con Air China reservado en su web y en el segundo fue con Tianjin Airlines y reservamos en chinatraveldepot.com
  • Zhangye/Xi´an (Xianyang): Volamos con China Eastern Airlines y reservamos en chinatraveldepot.com
  • Xián/ Pingyao y Pingyao/Datong lo hicimos en tren y reservamos los billetes en chinatraveldepot.com. Hay que tener en cuenta que lo que hace esta web es reservar las plazas, pero NO te emite el billete, por lo que se debe estar en la estación mínimo 90 minutos antes para pasar el control, sacar los billetes y esperar al tren.
  • Datong/Beijing: Volamos con Air China y reservamos en su web.
  • Beijing/Shanghai: Volamos con China Eastern Airlines y reservamos en chinatraveldepot.com

– Visado: Este tema tenéis que hacerlo con tiempo, ya que para los que no vivimos en Madrid implica enviar el pasaporte físicamente por mensajería y entre la ida, la tramitación y la vuelta tarda varios días y si hubiera alguna incidencia es mejor no arriesgarse. Peeero tampoco tenéis que pasaros con la anticipación, ya que caducaría. Lo ideal es mes y medio antes del viaje.

Nosotros lo solicitamos a través de la página visaforchina.org y alguna duda que tuvimos nos la solucionaron por email. Vienen todos los pasos a seguir (hay que imprimir un formulario, pegar una foto, etc…). Indicar que es bastante caro (162,85 euros por persona en 2017) ya que hay que pagar la tasa del visado, la tasa del servicio, el iva y la mensajería. En la web tenéis la tabla de tarifas actualizadas.

– Hoteles: Como hacemos en todos los viajes, los hoteles los llevábamos previamente elegidos y reservados desde España. Hubo de todo: hoteles super modernos, casas tradicionales, casas particulares y hasta yurtas en el desierto donde dormimos sobre una tabla y un saco de arroz. Siempre revisando las opiniones españolas, su situación (muy importante ya que China es un país caótico en cuanto a circulación se refiere) y buscando el mejor precio en diferentes buscadores.

– Excursiones y traslados: Detallaré en cada parte del viaje cómo reservamos los traslados y las distintas visitas, ya que al ser tantos lugares creo que quedará más claro así.

– Comida: Para nosotros el gran problema en este viaje. Nos hubiera encantado llevar latas y embutidos pero teniendo que movernos tanto, la maleta debía ser mínima y esto impedía que cargáramos con comida. Nos limitamos a llevar barritas energéticas y hubiera pagado oro por comer un bocadillo de chorizo o una lata de mejillones en escabeche, jejeje. Muy poca gente habla inglés y, por lo general, no hacen ningún esfuerzo por ayudar y entenderse, y eso unido a nuestra “prudencia” a la hora de comer, hizo que no lo disfrutáramos al 100% (con algunas excepciones que luego os contaré).

-Moneda: La moneda oficial china es el Renminbi, pero el término usado comúnmente es Yuan (CNY). En Hong Kong la moneda es el Dólar de Hong Kong y en Macao la Pataca.

Nosotros llevamos dólares estadounidenses desde España para pagar algunas excursiones (previamente nos lo habían indicado así) y el resto del dinero lo fuimos sacamos de cajeros automáticos a medida que fuimos necesitando. Muy importante saber dónde hay cajeros para no quedarte colgado como nos pasó a nosotros en el aeropuerto de Guilin (que no encontramos ningún cajero y nos tuvo que prestar dinero la familia con la que nos hospedábamos).

En la mayor parte de los hoteles pagamos con tarjeta.

EQUIPO

Elegir la ropa adecuada para abarcarlo todo y que la maleta fuera lo más reducida al tener tantos desplazamiento era una misión complicada. Optamos por básicos como vaqueros y pantalones de montaña, combinando las camisetas de tirante más fresquitas para el sur y polares y cortavientos para el norte. Imprescindible un buen calzado de treking y otro calzado más cómodo para las ciudades. Yo hubiera agradecido algo más de abrigo para la zona norte, pero ocupaba tanto que metí lo justo y pasé frío en Pekín.

Llevamos los sacos de dormir para la parte del Desierto  y los utilizamos ya que por la noche la temperatura bajaba mucho.

¡Muy importante! Llevad pañuelos de papel para los baños públicos. Id bien surtidos porque os harán falta (así solo tendréis que soportar lo mal que huele allí, jajaja).

El equipo fotográfico fue el habitual y metimos también un trípode para las fotos nocturnas de la vía láctea en el desierto del Gobi y las panorámicas nocturnas de Hong Kong y Shanghai.

Os remarco que en los aeropuertos no te dejan pasar baterías de recarga que no tengan indicada la potencia. Llevábamos unas seis entre los dos (de propaganda) y nos las fueron quitando de poco en poco en los controles (jamás entendimos por qué no nos las quitaban todas de una tacada).  En los aeropuertos y estaciones de tren hay un mucho control, y si lo sumamos a que no hablan nada de inglés yo no me arriesgaría a llevar nada “prohibido”.

Y después de todas las indicaciones ¡Empieza lo bueno!. Espero que lo disfrutéis y os guste.

HONG KONG (DÍA 1)

Nuestro vuelo hacia Hong Kong hacía escala nocturna en Doha (donde debíamos esperar 7 horas) por lo que tocaba sacar los sacos de dormir y buscar un rinconcito apetecible en el aeropuerto para pasar la noche. Después de cinco horas de sueño intermitente decidimos ir a acondicionarnos un poco y desayunar para coger el siguiente vuelo.

Llegamos a Hong Kong  por la noche, muuuuchas horas después de haber salido de casa por tener tanta escala, pero ¿Eso qué importa cuando empieza la aventura?.

El traslado desde el aeropuerto lo habíamos reservado con el hotel (150 HKD por persona) ya que costaba prácticamente lo mismo que coger el Airport Express y un taxi después hasta el hotel o un taxi desde un inicio, por lo que no nos complicamos y optamos por lo más cómodo.

El hotel elegido fue el Butterfly on Morrison, un hotel de diseño moderno, muy bien decorado, con habitaciones de buen tamaño para ser Hong Kong, unas vistas impresionantes desde el piso 17 y con opción de llevarte un móvil con internet gratuito para andar por la cuidad (con aplicación de maps, lo que viene muy bien). Está ubicado cerca del metro y aunque no ofrecen servicio de desayuno, a diez minutos andando hay un centro comercial donde tienes muchas cafeterías para tomar algo, por lo que no es problema (en Times Square).

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Estábamos totalmente agotados y como habíamos cenado en el vuelo decidimos irnos directos a la cama.

HONG KONG (DÍA 2)

A Hong Kong la llaman la Nueva York de Asia, aunque hay que decir que tiene más rascacielos que la metrópoli norteamericana. Se sitúa en el primer puesto a nivel mundial, ahí es nada.

Teníamos dos días completos para dedicar a esta ciudad y para el primero decidí hacer un recorrido por sus principales puntos de interés.

La primera parada iba a ser Victoria Peak, el punto más alto de la ciudad desde el que se tienen unas magníficas vistas. Había leído que las colas que se formaban para subir en el Peak Tram eran inmensas, por lo que decidimos ir a primera hora y así no perder tanto tiempo.

Desayunamos en el centro comercial que os indicaba antes (ya que estaba de camino a la parada de metro de Causeway Bay), sacamos dinero en un cajero automático allí mismo y nos dirigimos al metro.

Para llegar a la zona donde venden los tickets del tranvía hay que caminar un poco al salir del metro, pero no tiene pérdida. Podéis ver los horarios y precios pinchando en esta web . Yo os recomiendo comprar el ticket que incluye la Sky Terrace, ya que las vistas son impresionantes.

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El trayecto en el Peak Tram duró unos siete minutos (a destacar la última parte ya que la subida es la más abrupta e impresionante) y nos situó dentro de la Peak Tower, una torre parecida a un centro comercial con tiendas, restaurantes, incluso el museo de cera Madame Tussaud. Nosotros fuimos directos a la Sky Terrace y ¡Buf! las vistas de todo Hong Kong desde allí eran como habíamos leído: maravillosas.

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Después de sacar unas cuantas fotos panorámicas nos dedicamos unas bonitas palabras de cariño en el Peak Wishing Corner (allá donde fueres haz lo que vieres, jeje) y volvimos a bajar de nuevo en el tranvía. Si el día que vayais a visitar este punto hubiera niebla, esperad a que se quite, porque si no gastaréis el dinero y no veréis nada.

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Volvimos por el mismo camino que a primera hora y nos topamos con uno de los iconos de la ciudad: los tranvías. De una y dos plantas, recorren la ciudad desde 1904 y son un medio asequible, económico y muy divertido de ir de un lado a otro. Además son ¡super fotogénicos! Me traían bonitos recuerdos de Lisboa, pero claro, en un entorno totalmente diferente: con rascacielos a su alrededor y letras chinas.

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Nos dirigíamos ahora al Templo Man Mo, pero antes queríamos comer algo en un lugar que llevaba anotado: Luk Yu Tea House, una típica casa de té con decoración colonial recomendada por la Guía Michelín.

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Nos sentamos y cual fue nuestra sorpresa cuando vemos que nos ponen una libreta en chino con un lápiz colgando para que marquemos lo que queremos comer. Nuestra cara era un poema…. ¿Qué hacíamos con eso?, ¿Jugar al tres en raya?. Intentamos preguntar a los camareros pero el pasotismo y la indiferencia que tuvieron nos dejó sin palabras. Luego ya veríamos que era lo habitual en China, pero de primeras no nos lo podíamos creer. Marcamos sin saber nada dos platos y esperamos a ver con qué nos sorprendían.

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Y claro, la sorpresa fueron unos Dim Sum con los que nos quedamos con mas hambre que el perro del afilador. Nos bebimos todo el té de rosas que nos pusieron (para llenar el estómago) y pagamos. No dudo que sea un buen sitio para comer comida cantonesa, como se indicaba en la Guía Michelín, pero no puedo confirmarlo porque no pudimos comer nada y, por tanto, no puedo recomendarlo.

Después de esta primera impresión gastronómica China, nos dirigimos andando al Man Mo Temple. En el trayecto fuimos alternando calles con centros comerciales y publicidad occidental con calles en las que se respiraba el auténtico ambiente chino, un contraste muy bonito que te teletrasportaba de un lugar a otro en cuestión de segundos. Por cierto, en esta zona se encuentran las escaleras mecánicas más largas del mundo (Great Scalator).

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El Templo Man Mo es uno de los templos más antiguos de Hong Kong, construido en 1848 y dedicado al dios de las Letras (Man) y al dios de la Guerra (Mo). Ambos dioses eran venerados por los ambiciosos estudiantes que intentaban aprobar los exámenes civiles de la China Imperial.

Nada más entrar te sumerges en una atmósfera mística y bajo sus gigantes espirales de incienso colgantes y sus farolillos te olvidas de que estás en el frenético distrito financiero de la ciudad de Hong Kong. Los visitantes además podemos encender una varita de incienso. Estas varitas deben ser tres: la primera por el pasado, la segunda por el presente y la tercera por el futuro. Es un remanso de paz y espiritualidad que no hay que perderse.

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Desde aquí nos dirigimos caminando al Star Ferry, ya que queríamos pasar a la zona de Tsim Sha Tsui en barco y ver el espectáculo nocturno desde allí. Volvimos a ver los tranvías mientras caminábamos por la ciudad y no pudimos resistirnos a fotografiarlos de nuevo.

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El ferry sale del muelle ocho (Pier 8) y los tickets se compran en unas maquinas que hay allí mismo (debéis llevar monedas). Podéis ver los horarios y precios en la web de Starferry. Es un relajante y corto paseo que os recomiendo hacer al menos una vez (el resto los podéis hacer en metro). También tenéis la opción de hacer un recorrido en barco mientras está el espectáculo de luces y así verlo desde el barco, pero nosotros preferimos verlo en tierra para poder fotografiarlo con el trípode.

Llegamos a la zona de Tsim Sha Tsui, elegimos una zona cercana a la Clock Tower y montamos el trípode en primera línea para que cuando empezara el espectáculo nocturno tuviéramos la mejor panorámica. La luz empezaba a escasear y los edificios comenzaron a iluminarse.

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En la penúltima foto podéis ver el barco Aqua Luna (o en cantonés Cheung Po Tsai, en homenaje a un pirata chino del siglo XIX) un junco chino que opera en el puerto de Victoria como barco turístico y que “adorna” el skyline haciéndolo único.

A las ocho comenzó el el espectáculo “Symphony of Lights” y los edificios empezaron a iluminarse al compás de la música. Sacamos unas cuantas fotos y antes de que terminara decidimos marcharnos para así poder cenar antes de que la gente se fuera en masa y no tuviéramos sitio (como siempre, las fotos nocturnas con el trípode son cortesía de mi chico). Nos pareció un poco “cursi” el tema, pero bueno, no dejaba de ser también curioso.

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También nos sorprendió ver la cantidad de parejas y chicas que había sacándose fotos con fotógrafos profesionales con vestidos de novia rojos (el rojo es un color importante en las bodas en China ya que significa amor, felicidad y prosperidad para la pareja, y hoy todavía es usado en la mayoría de bodas tradicionales chinas).

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La Avenida de las Estrellas (una copia de la de Los Angeles) no pudimos verla porque la zona estaba en obras, por lo que nos perdimos la estatua de Bruce Lee y de Jackie Chan. Otra vez será.

Para cenar llevaba apuntado un restaurante donde alababan sus Din Sum: Din Tai Fung y allá que fuimos esperando no llevarnos otro chasco como nos pasó en la comida. Pero no, fue todo lo contrario.

El restaurante se encuentra en el centro comercial de Silvercord, en Cantón Road, a cinco minutos de la zona del espectáculo de luces, no admite reservas y es importante ir pronto ya que si no se forman unas colas enormes para poder entrar. Hay que pedir por adelantado, antes de sentarte, y si no quieres esperar puedes optar, como hicimos nosotros, por compartir una mesa. Los Din Sum exquisitos. Cenamos todo lo que no comimos al mediodía, jajaja. Calidad precio muy buena en esta cadena de restaurantes.

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Después de cenar fuimos a dar una vuelta por la zona hasta llegar al Temple Street Night Market, que pese a ya haber cenado, es una visita obligatoria estando en Hong Kong.

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Pasear por las calles de los alrededores es muy recomendable. Todo está lleno de carteles con luces ofreciendo masajes, cambio de moneda, hoteles y publicidad en general. La zona es muy segura y muy auténtica.

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Y con los gatitos de la suerte como despedida, cogimos el metro para volver al hotel a dormir.

HONG KONG/ LANTAU ( DÍA 3)

Para hoy habíamos decidido visitar el Buda Tian Tan, en Lantau. El Gran Buda mide 34 metros de alto, pesa 250 toneladas, tardaron 12 años en construirlo y simboliza la armonía entre la persona, la naturaleza, la gente y la religión. Es el buda de bronce más alto del mundo hasta 2007 y la visita merece muchísimo la pena. Podéis ver su página web pinchando aquí

Desayunamos en el centro comercial como el día anterior y nos fuimos al metro. Para llegar al buda hay que elegir como destino la parada de  Tung chung (salida B) y una vez que se sale del metro hay que dirigirse hacia el teleférico y, como no, hacer cola (por lo que os recomiendo ir pronto).

Hay dos tipos de tickets para elegir: cabina normal o cabina transparente, yo os recomiendo la normal. Además, cuando vayáis a montaros os dirán si queréis que os saquen una foto en la cabina para luego vendérosla, si no queréis le decís que no y listo, que no es gratis.

La subida en el teleférico fue pausada y bonita (se tarda unos 25 minutos). Ver el buda a lo lejos, en lo alto de Ngong Ping entre montañas, es precioso. Además, así se puede apreciar lo grandioso que es. Se puede subir también en bus, pero yo desde luego ni me lo pensaría y elegiría el teleférico (pese a que sea más caro).

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Después del viaje te encuentras, como no podía ser de otra forma, una especie de centro comercial con tiendas y restaurantes.

Las vistas del buda “desde tierra” siguen siendo increíbles y a cada paso descubrimos un nuevo ángulo para fotografiarlo.

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Para poder llegar a la base del buda hay que subir 240 escalones (nadie dijo que turistear fuera fácil, jejeje), y allá que fuimos.

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Una vez arriba ya se puede admirar de cerca el Gran Buda. Con su gesto sereno, su mano levantada en señal de bendición…, es impactante.

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Alrededor del buda hay seis pequeñas estatuas de bronce conocidas como “La Ofrenda de los seis Devas” y están plantadas ofreciendo flores, inciensos, lámparas, ungüentos, frutas y música al Buda. Estas ofrendas simbolizan la caridad, moralidad, paciencia, celo, meditación y sabiduría, es decir, todos los atributos necesarios para entrar en nirvana.

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Para quien quiera, se puede entrar en su base pero hay que pagar otra entrada y yo llevaba apuntado que no merecía la pena, por lo que no lo hicimos.

Bajamos las escaleras con más alegría que las subimos, y nos fuimos a comer algo rápido a la zona de restaurantes (amenizadas como no con photocalls, música y diversiones varias).

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Ultimas fotos (somos muy pesados cuando algo nos gusta mucho) y bajamos en el teleférico camino del metro. Nos despedíamos del Gran Buda, que aún habiendo visto muchos, nos impactó de una forma que no esperábamos.

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La siguiente visita del día iba a ser el Convento de Chi Lin y el Jardin Nah Lian, dos fotogénicos lugares de Hong Kong que tenía muchas ganas de conocer.

El Monasterio está compuesto por un amplio conjunto de templos de elegante arquitectura de madera que albergan valiosas reliquias budistas y que están rodeados de relajantes estanques de lotos.

El idílico jardín Nah Lian está cuidadosamente diseñado, cada colina, cada roca, cada estanque y cada planta se ha colocado siguiendo un método y unas pautas específicas. Es un remanso de paz rodeado de rascacielos.

Aquí nos sucedió algo curioso, y es que mientras yo estaba sacando fotos, a mi chico lo “raptaron” un grupo de chicas para sacarse fotos con él. Yo no salía de mi asombro, el pobre tenía una cara de vergüenza que ni os imagináis. Una a una iban agarrándose del brazo, foto individual, luego foto de grupo, si es que tengo un chico muy guapo 🙂

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Después de pasear y estar tranquilos en este oasis (yo más que mi chico jajaja), cambiamos el tercio y nos fuimos a la zona más activa de la ciudad a ver el Ladies’ Market (mercado de las muejres) en Tung Choi Street (Mong Kok). Es un kilómetro lleno de puestos de productos “femeninos”: camisetas, relojes, bolsos y todo tipo de imitaciones.

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Dimos una vuelta por la zona que el día anterior habíamos visto de noche y cenamos una hamburguesa (teníamos antojo) en un restaurante de un centro comercial.

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Al salir del restaurante vimos de nuevo el skyline de Hong Kong iluminado y dimos otra vuelta por la zona. Después decidimos marcharnos al hotel a descansar.

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El tiempo en Hong Kong se había terminado, pero al día siguiente entrábamos ya en territorio Chino (propiamente dicho) y estábamos muy emocionados por ello.

HONG KONG/YANGSHUO (DÍA 4)

Nuestro vuelo a Guilin (ciudad base para desplazarnos a Yangshuo) salía a las dos del mediodía, por lo que teníamos tiempo para desayunar tranquilamente en nuestro ya habitual centro comercial cercano al hotel y volver para coger el coche privado que nos llevaría al aeropuerto (al igual que a la llegada, el traslado lo reservamos con el hotel).

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El vuelo salió puntual y en poco más de una hora estábamos en Guilin. A la salida nos esperaba un coche que nos llevaría a Yangshuo, por lo que estábamos totalmente tranquilos.

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Esta etapa del viaje la reservamos con Gary y Sophia ( los podéis conocer en la web winwintravels), un matrimonio encantador que nos abrió las puertas de su casa y nos trató fenomenal. Hasta el punto de dejarnos dinero nada más llegar porque no había cajero en el aeropuerto de Guilin y no teníamos para pagar la cena de esa noche. Solo tenemos buenas palabras para ellos.

El precio de dos noches, con desayuno, los traslados a/desde el aeropuerto y todas las visitas fue de 3.600 Yuanes los dos (hay que llevar este importe en efectivo ya que ellos no tienen datáfono).

La habitación que nos dieron, aunque muy sencilla, estaba muy limpia y tenía unas vistas maravillosas. Alojarnos en medio de la naturaleza, en vez de en el pueblo, fue todo un acierto. Se respiraba tranquilidad y el paisaje era precioso.

Nos acomodamos y nos fuimos a dar una vuelta antes de ir a cenar.

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Para cenar fuimos al restaurante Pica Pica Café. Nos lo recomendó Sophia y no pudo ser más acertado: baratísimo, con mucho encanto y con buena comida (nos pedimos pizzas y estaban riquísimas).

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Volvimos al hotel y, con el pintoresco farolillo rojo de nuestra habitación iluminado, nos dormimos pensando en el gran día que íbamos a tener mañana.

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YANGSHUO (DÍA 5)

Comenzaba el día de la mejor manera: con un rico desayuno en el jardín de la casa compuesto por tostadas, huevos revueltos, fruta y cafe o té. Todo un lujo estando en China.

Hoy íbamos a visitar los Arrozales del Espinazo del Dragón (Longji, ya que Long significa dragón y Ji espinazo), una obra de ingeniería agrícola china. Un conjunto de miles de terrazas esculpidas en las montañas que trepan hasta los 800 metros de altura, con más de 700 años de historia, obra de la etnia Yao. Os puedo asegurar que fue uno de los paisajes más espectaculares que vimos en China y ademas, coincidiendo con el otoño, sus tonalidades amarillas nos dejaron impresionados.

Cuando nos estábamos acercando al pueblo desde donde partía nuestro treking para subir a la parte alta de las terrazas nos encontramos con una sorpresa: ¡retenciones! ¡cómo podía ser!. Había unos trabajadores en huelga que habían cortado la carretera, y allí estábamos nosotros sufriendo las consecuencias.  Perdimos algo más de una hora con este tema pero son las cosas del directo, como se suele decir. Con este contratiempo ya resuelto, aparcamos el coche y Sophia nos fue guiando por el camino del pueblo para ascender a los arrozales.

El pueblo era auténtico. Había turistas si, pero no en exceso, por lo que ese tema no quitaba magia al lugar (como sí que nos pasó luego en otros puntos del viaje). Casas de madera apiladas, mujeres con sus ropas tradicionales…. La atmósfera era magnífica y única.

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Mientas subíamos vimos un punto en el que los visitantes podían vestirse con la ropa tradicional y sacarse una foto con los arrozales de fondo. A mi eso en cualquier otro momento me hubiera encantado (adoro los disfraces) pero no teníamos dinero (y nos daba apuro volverle a pedir a Sophia) y estábamos totalmente sudados, por lo que optamos por seguir el camino.

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Y por fin, lo que tantas veces había visto en fotos lo tenía ante mis ojos. Tímidamente salió el sol y nos quedamos ensimismados mirando ese lienzo y sacando fotos y más fotos. Que preciosidad, que colorido, estábamos alucinados ante tal belleza. Sophia se reía al ver nuestras caras de asombro y felicidad y nos explicaba, entre foto y foto, cómo los campesinos cultivaban y recogían el arroz.

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Llegamos a la parte más alta del recorrido y comenzamos la bajada por otro camino. La recompensa era ¡la comida!. Sophia nos llevó a un restaurante en el que pudimos comer el típico arroz cocido en cañas de bambú y, además, como era hora de comida española (es decir, tarde para el resto del mundo), estuvimos solos. Una buena ocasión para sacarnos una fotito con la amable señora que nos había preparado estos manjares.

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Después de la comida nos dirigimos al coche para volver a Yangshuo. Le pedimos que por favor nos dejaran en el pueblo, para sacar dinero en un cajero, ver el ambiente y cenar allí. Y vaya espectáculo. Aquello era como estar en una feria, pero un día cualquiera. Música en todos los puestos, karaokes, comida, bebidas en biberones que no entendíamos muy bien lo que eran, tiendas de recuerdos, etc… Todo un despliegue  de ocio y diversión, para que luego digan de los españoles. Aquello parecía el mediterráneo en pleno mes de Agosto.

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Cenamos en el KFC y nos fuimos en busca de un gofre con helado y frutas de uno de los puestos de la calle que habíamos visto antes (que por cierto, estaba de escándalo). Se estaba haciendo tarde y como a un karaoke no nos atrevíamos a entrar (esta experiencia la guardamos para cuando vayamos a Japón, jejeje), decidimos coger un taxi para volver a casa.

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Con la música china de las mujeres que estaban haciendo gimnasia en la plaza del pueblito de Gari y Sophia, nos dormimos.

YANGSHUO/ZHANGJIAJIE (DÍA 6)

Cuenta la leyenda que un inmenso dragón llegó volando hasta este territorio y quedó prendado del verde de sus prados y de la belleza del río Li. Allí decidió quedarse para siempre, prendado e inmóvil. Su silueta acabó formando este conjunto de montículos redondeados y formas imaginativas.

Una bonita historia para describir un paisaje de lienzo, donde reina el silencio y la soledad, donde te sientes en el fin del mundo.

Para hoy habíamos decidido visitar la zona donde nos alojábamos. Mientras desayunábamos apareció Gary con dos motos y tres cascos. Las visitas de la primera parte del día las haríamos en motillo ya que en bici no llegaríamos a abarcar tantos rincones. ¡La idea que nos propuso nos encantó!.

Gary se conoce todos los puntos de esta zona que te dejan sin palabras. Cada parada superaba a la anterior, y según nos contaba, habíamos tenido suerte porque no hacía viento y los reflejos de los bambús y los picos kársticos en el agua del río eran perfectos. Una imagen vale más que mil palabras, por lo que mirad las fotos y entenderéis de lo que hablo.

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Después de pasar un buen rato en esta zona nos acercamos a donde estaban todos los turistas dando un paseo por el río en barca de bambú, para nosotros actividad nada apetecible, por lo que pasamos de largo con la moto.

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Para los que quieran realizar un crucero por el río Li, os recomiendo alojaros en Guilin (los barcos salen a primera hora) y disfrutar de aproximadamente cuatro horas de navegación hasta Yangshuo por estos paisajes. Yo vi las fotos y me pareció muy chulo, pero como ya habíamos estado en la Bahía de Halong (Vietnam), se nos asemejaba y como sobretodo no teníamos tiempo, decidimos eliminarlo. Aún así, creo que si podéis es una actividad muy interesante.

Continuamos nuestro trayecto en moto hacia Luna Hill, pasando por pueblecitos encantadores, donde el tiempo parecía no haber pasado y donde desde la moto intenté sacar instantáneas lo más decentes posibles (iba de “paquete”).

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La colina de la luna se llama así por la cueva en forma de media luna que atraviesa la montaña. Para quienes tengan más tiempo en Yansghuo, les recomiendo subir hasta ella ya que pese a ser una caminata dura, las vistas desde arriba deben de ser muy chulas.

Nuestro tiempo apremiaba y queríamos visitar un último e imprescindible lugar antes de ir al aeropuerto: Bailixincum, un punto panorámico desde donde se ven las colinas y el río “desde arriba”. La subida cuesta, cuesta bastante, pero el mirador es precioso y era uno de los puntos que no me quería perder en esta zona.

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Como podéis ver, el tema de las fotos de post boda también se lleva en China. Subir al mirador vestidos de novios no creo que les resultara fácil, porque nosotros llegamos empapados, pero seguro que las fotos merecieron la pena.

Esta era nuestra última visita del día. Debíamos dirigirnos al aeropuerto de Guilin para coger un avión con destino Dayong ya que los siguientes días visitaríamos el impresionante Parque Nacional de Zhangjiajie.

Hicimos una parada en una tienda de un pueblo para coger algunas provisiones para los próximos días y nos despedimos de Gary. Había sido un placer contar con él y con su mujer en este viaje. De las mejores personas que nos encontramos.

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El vuelo de Guilin a Dayong salió muy puntual (pese a ser por la tarde) pero cuando vimos el aspecto de nuestro avión, de hélices, y al único occidental que iba con nosotros mirar en su móvil el modelo y la seguridad del mismo, empezamos a preocuparnos un poco… Habíamos leído que muchas compañías chinas estaban incluidas en la lista negra de aerolíneas peligrosas, pero bueno, todo salió bien y llegamos sanos y salvos.

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A nuestra llegada, un conductor del hotel No.5 Valley Inn nos estaba esperando con un cartel con mi nombre para llevarnos hasta el mismo (150 Yuanes). El trayecto ya sabíamos que era largo y por mala carretera, por lo que recomiendo contratarlo con ellos. Se suponía que íbamos a llegar en poco más de una hora, pero había un atasco monumental y tardamos el doble. Yo creo que por eso, el conductor iba como loco, fumando y a toda velocidad, nos tocaba agarrarnos al asiento en las curvas porque volábamos dentro del coche, jajaja. Cuando llegamos al hotel respiramos tranquilos, la pesadilla había terminado y estábamos en el remanso de paz que nos acogería durante tres noches.

El No.5 Valley Inn es un hotel romántico, con una decoración muy cuidada, en plena naturaleza y situado muy cerca de la entrada del parque (entrada opuesta a la del ascensor Bailong). Así no teníamos que perder tiempo con los desplazamientos ya que el propio hotel proporcionaba un servicio de transfer gratuito hasta las taquillas del parque.

Hicimos el check-in y preguntamos si podíamos cenar. Como era tarde, nos comentaron que la cocina ya estaba cerrada pero que si queríamos, podíamos entrar en ella y cocinarnos lo que quisiéramos (totalmente gratis). Teníamos un hambre voraz por lo que nos pusimos manos a la hora y calentamos agua para cocer unos noodles acompañados de soja y una tortilla francesa. Una cena muy peculiar, por decirlo de alguna manera. Nunca pensamos que fuéramos a estar en una cocina en china haciéndonos la cena y probando las salsas de los botes que había para saber de qué eran. Fue una situación muy “curiosa”.

Agotados, nos fuimos a dormir.

ZHANGJIAJIE (DÍA 7)

En otras épocas, los picos de Zhangjiajie inspiraron incontables pinturas chinas. En la actualidad, fue la película de James Cameron Avatar”  la que les hizo saltar a la fama mundial sirviendo como inspiración de las montañas flotantes que aparecen en el filme.

Son más de 3.000 los picos de piedra arenisca que se extienden como columnas hacia el cielo y muchos de ellos superan los 800 metros de altura. Hoy íbamos a conocer este increíble escenario natural.

Salimos a la zona común a desayunar (té con un bollo al vapor relleno de carne y un poco de bacon, un desayuno muy chino)  y nos fuimos a sacar unas fotos a los bonitos rincones del hotel hasta que fuera la hora de coger el bus para ir al parque. Chimeneas, piedra, madera, piel… la decoración del hotel está muy cuidada y si no fuera por los farolillos rojos colgados de las vigas creeríamos que estamos en un refugio de montaña suizo.

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En 10 minutos estábamos en la taquilla comprando la tarjeta de entrada al parque (cuesta 248 yuanes y sirve para tres días). Una vez dentro, hay que coger un shuttle-bus gratuito para llegar al funicular Yang Jiajie Cableway (que es de pago). Os recomiendo comprar, antes de esto, un mapa del parque para luego orientaros bien (lo venden unas mujeres en unos puestos antes de la entrada del funicular). En el hotel nos proporcionaron uno, pero aún así es mucho mejor el que venden allí, pese a estar en chino. Os pongo una foto de ambos mapas por si os sirviera de orientación, ya que yo cuando organicé el viaje no encontré ninguno y lo hubiera agradecido. Si necesitáis que os los envíe con más zoom escribidme o ponedlo en comentarios y os los mando por e-mail.

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Además, podéis entrar en la web zhangjiajietourism para obtener información de interés del parque.

El ascenso en funicular es muy recomendable. La niebla dotaba al paisaje de un aura mágica y poco a poco se iba intuyendo lo que nos encontraríamos al llegar a la cima.

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Una vez arriba tuvimos que coger otro autobús para ir hacia la zona de Yuanjiajie, la más famosa y visitada.

Miles de cintas rojas y candados llenaban las barandillas de los caminos. Era fácil adivinar la ruta, sólo había que seguir a la gente.

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El primer mirador no se hizo esperar y nos sorprendió con su panorámica. Lo que convierte a este paraje en un lugar especial son los miles de pilares formados por la erosión de las rocas durante años. Los árboles crecen en lo alto como si nada, es una estampa preciosa. Sin duda alguna había merecido la pena el incluir esta parada en el recorrido por China.

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Continuamos el camino por los diferentes miradores, pasando por el famoso Puente sobre el Cielo, con unas maravillosas vistas, y decidimos ir a ver la principal atracción del parque: La anteriormente llamada Columna del Sur (de 1.080 metros de altura) que pasó a llamarse Montaña Aleluya de Avatar en el año 2010.

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Pandora en la tierra, esta última foto lo demuestra. Para mí es la más bonita de todas, parece irreal pero no, os prometo que es así.

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Y con esta increíble estampa y después de casi tres horas por la zona, decidimos ir a comer a un McDonald’s que llevaba apuntado que había en el parque. Si, como lo leéis, un McDonald’s.

Todos los que dudéis si ir o no a Zhangjiajie os lo pongo fácil: ¡Id cuanto antes! Madrugamos y estábamos allí de los primeros, pero a medida que fue avanzando el día los grupos de chinos con megáfonos, gritando y empujando se multiplicaron como por arte de magia y la visita perdió puntos. Creo que este lugar hay que conocerlo antes de que el turismo interno lo llene aún más de restaurantes, tiendas de recuerdos y termine por convertirlo en el circo que a ellos tanto les gusta. Para mí, una pena porque es un lugar único y deberían respetar su esencia.

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Cogimos un autobús para ir a comer y luego subir a Tianzi Mountain, pero la niebla que tanta magia le daba al lugar, en la zona más alta hacía que no se viera nada de nada. Las vistas desde arriba debían de ser impresionantes ¡que rabia nos dio!. Queríamos haber visto la panorámica y haber bajado andando para ver todo, (porque nos daba tiempo) pero la niebla y el frío hacían que fuera una locura, por lo que volvimos a hacer el mismo recorrido en autobús pero en sentido inverso.

Cogimos el funicular y de nuevo el otro bus para volver al hotel. Una vez estuvimos en la salida del parque fuimos a la taquilla y con el traductor del móvil le indicamos al chico que por favor nos llamara al hotel para que nos vinieran a recoger.

Nos tocó esperar un buen rato y ya empezaba a anochecer…pensamos ¿se habrán olvidado de nosotros? pero no, aparecieron y el problema era que la carretera de llegar al hotel estaba en obras y estaban pavimentandola en ese momento, por lo que tuvimos que bajarnos del coche, caminar por medio de las obras y montarnos en otro coche que nos esperaba en el otro lado. Lo que no pase en China….

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Llegamos al hotel, nos pegamos una ducha en el increíble baño de estilo “Los Picapiedra” y fuimos a cenar para que no nos pasara lo del día anterior. La cocinera apenas hablaba ingles por lo que elegir los platos fue una odisea. Al final con señas y cuatro palabras esperamos a ver con qué nos sorprendía y resultó ser ¡la cena más rica de todo el viaje! Tortilla, verduras, arroz, cerdo, todo estaba riquísimo.

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Y con estos manjares pusimos fin al primer día por el paisaje de Avatar.

ZHANGJIAJIE (DÍA 8)

Hoy queríamos recorrer la parte baja del parque y había tiempo más que suficiente para hacerlo. Dudamos de si ir a ver también la montaña Tianmen con sus famosas curvas, su pasarela de cristal  y el puente de cristal más alto y largo del mundo. Pero todas estas visitas estaban a casi dos horas de nuestro hotel y como yo no soy muy dada a las alturas, preferimos tener un día tranquilo haciendo un trekking por la parte baja del parque. Quien tenga tiempo si le recomendaría ir, las fotos que vimos estaban muy chulas.

Cogimos el bus del hotel para ir de nuevo a la entrada del parque, y como ya teníamos la tarjeta sacada del día anterior, pasamos directamente. Cogimos el shuttle bus y en vez de dirigirnos al teleférico esta vez tomamos otro bus para ir a la parte baja, concretamente al Gold Whip Stream para recorrerlo de oeste a este.

Allí comenzó una caminata de unos ocho kilómetros donde pudimos ver los picos del día anterior pero desde abajo, con tranquilidad, sin apenas gente, una gozada.

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Fuimos al lado del río, encontrándonos con puentes de madera, templos, ranas y monos ¡muchos monos!.

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El trekking fue una delicia. Llegamos a una zona donde había puestos de comida y decidimos coger un perrito caliente y sentarnos a comerlo (llevábamos agua y barritas energéticas para acompañar). Aquí llegaban los autobuses y, como pasaba en la parte de arriba, había manadas de gente comprando souvenirs, con música y megáfonos y haciendo poses imposibles  para las fotos (que les encanta). Muy curioso por cierto algún “modelito chino” para ir al monte 🙂

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Volvimos por el mismo camino para dar por concluida nuestra estancia en Zhangjiajie. Si alguno no tiene fuerzas para seguir con la ruta, puede coger a unos señores que te llevan a cuestas en una especie de “sillita la reina”, al igual que vimos el día anterior en la zona alta. Vaya currelo…

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Terminaba otra etapa de este viaje y había que empezar a pensar en la siguiente: ¡Los osos panda nos esperaban en Chengdu!. Volvimos al hotel a cenar nuevamente los ricos platos que nos preparó la cocinera y a dormir. Una gozada de hotel y una gozada de lugar.

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ZHANGJIAJIE/CHENGDU (DÍA 9)

Hoy nuestro vuelo salía a las 9:30 a.m, por lo que pedimos que el coche del traslado al aeropuerto estuviera listo a las 6. Un buen madrugón, pero no queríamos arriesgarnos a pillar un atasco como al llegar y perder el vuelo. Preferíamos esperar más en el aeropuerto desayunando tranquilos.

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Llegamos al aeropuerto de Shuangliu (Chengdu) muy puntuales, recogimos las maletas y tomamos un taxi para ir a nuestro hotel. El precio fueron 60 yuanes y cogimos un taxi “legal”, que son los de color “verde y amarillo” o “azul y amarillo”. A la salida te asaltan un montón de taxistas ilegales para que te vayas con ellos, pero hay que decirles que no y hacer la cola en los taxis de estos colores para evitar sustos. Si quisierais ahorrar e ir en autobús tendríais que coger el nº 303 (1) a Chengdu Downtown (10 yuanes) y desde allí desplazaros hasta vuestro hotel.

Aquí cometimos un error y es que ese día en vez de ir directos a ver el Buda de Leshan desde el aeropuerto, lo dejamos para el día siguiente y metimos la pata. Viendo a los pandas nos tiramos muchísimo más tiempo del que yo calculé y llegamos a Leshan muy tarde (solo pudiéndolo ver por fuera en barco). Yo os aconsejo que si llegáis pronto a Chengdu aprovechéis ese día para ir a ver el buda y así al día siguiente estaréis tranquilos.

El hotel elegido para esta etapa fue el Zen Urban Resort, un hotel muy tranquilo, decorado con estilo japonés, con un desayuno muy completo que incluía tostadas, fruta, café e incluso un cocinero haciendo noodles en directo, pero que necesita algo de mantenimiento en las habitaciones (salvo el baño, que estaba reformado totalmente).

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Descansamos un poco en el hotel y nos fuimos a dar una vuelta por la zona moderna de la ciudad, ya que a veinte minutos caminando había un súper centro comercial con un montón de tiendas y restaurantes donde cenar (Taikoo Li).

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He de decir que  Chengdu fue la ciudad China donde más noté la contaminación (junto con Xi’an). Después de llevar caminando un rato me empezaron a picar los ojos y tuve que entrar en un baño del centro comercial a darme con un poco de agua. Miramos el móvil y había alerta amarilla por contaminación en la ciudad, una pasada, no se cómo pueden vivir así.

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Cenamos en un restaurante del centro comercial llamado Blue Frog. Fajitas, sidra y ‘panna cotta’ de mango de postre. Todo estaba riquísimo, además, los camareros hablaban inglés por lo que fue muy sencillo pedir.

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Volvimos caminando al hotel fichando los típicos restaurantes de Hot Pot (por si nos animábamos al día siguiente a probarlos) y viendo las tiendas, que aun siendo tarde, estaban abiertas. No pudimos resistirnos a comprar unas porciones de tarta en una pastelería que tenía una pinta estupenda. Además, nos las pusieron en una cajita de oso panda monísima 🙂

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Durante el paseo pudimos también ver numerosos puestos de Durians, fruta famosa por su mal olor y prohibida en muchos lugares públicos como aeropuertos o metros. No nos resultaba extraña porque ya la conocíamos de nuestra ruta por Indonesia. Fruta curiosa donde las haya, la verdad.

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CHENGDU (DÍA 10)

Hoy era un gran día ¡por fin iba a conocer a los adorables osos panda!. Un animal que siempre me ha inspirado ternura, ganas de achuchar y que desde que comencé a organizar la ruta por China fue para mi un imprescindible.

Desayunamos en el hotel y pedimos en recepción un taxi hasta el Chengdu Research Base of Giant Panda Breeding (50 Yuanes), es decir, hasta  Centro de Investigación y Cría del Panda Gigante.

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Yo había visto en algunos blogs que podías coger a los pandas pequeños en brazos y sacarte una foto con ellos (vestidos con ropa “de hospital”) pero investigando leí que ya NO estaba permitido. Al parecer, les estábamos transmitiendo enfermedades y consideraron que no era lo mejor para ellos. Una pena porque tiene que ser una experiencia preciosa, pero en el fondo lo entiendo y me parece de lo más razonable.

Miré también la opción de participar en un programa de voluntariado muy interesante en  Dujiangyan Panda Gigante Valle, donde vas un día a limpiar las jaulas, preparar su comida y darles de comer pero además de que se salía de nuestro presupuesto (275$) no nos dejaba tiempo para ir a Leshan, por lo que lo descarté. Pero es algo que apunto para una futura visita al país.

Es muy importante hacer esta visita a PRIMERA HORA DE LA MAÑANA (podéis confirmar los horarios del centro pinchando aquí), ya que los pandas solo permanecen activos y visibles unas horas y luego se retiran a dormir o a resguardarse del calor en zonas apartadas. Además, como todo en China, las colas que se forman a media mañana son eternas (lo comprobamos al salir) y el hecho de poder sacar una foto al oso panda puede llegar a ser una misión imposible.

Después de hacer la poca cola que había para comprar las entradas tuvimos que esperar para tomar un trenecito que nos acercaría a las zonas donde estaban los osos (previo pago, claro). ¡Yo no pensaba que el recinto fuera a ser tan grande!. Nos bajamos, caminamos y allí estaba: ¡Mi primer osito! ¡Que bonitoooo!, se me caía la baba. Hasta parecía que nos sonreía 🙂

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Al oso panda también se le conoce como panda gigante y aunque muchos no lo creáis, es un animal carnívoro, pese a que el alimento esencial en su dieta sea el bambú. Es un animal muy tranquilo y se pasa el día comiendo y durmiendo (necesita 12kg de bambú diarios). A diferencia de otros osos, no hiberna ya que ni el clima ni la comida que ingiere le incitan a ello. En otoño es cuando nacen las crías, pero nosotros no tuvimos suerte y llegamos antes de que eso ocurriera. Si tenéis la oportunidad de visitar la Guardería de Pandas veréis auténticos ositos de peluche.

Continuamos con el ‘book’ fotográfico ¡yo no sé la de fotos que pude sacarles! Disparaba ráfagas porque no paraban de comer bambú y sacarles nítidos no era tan sencillo como parecía a primera vista. Pero es que yo creo que la escena más típica y la que todos estamos deseando fotografiar es esa: un oso panda con su trozo de bambú en la boca.

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Cambiamos de tercio y nos fuimos a ver a los pandas rojos, que pese a su nombre no pertenece a la misma familia que los osos panda. Son del tamaño de un gato doméstico y lo que más llama la atención es su enorme y espesa cola que le sirve de abrigo en las frías noches. Son  unos animalitos muy particulares y muy graciosos. Al igual que sus vecinos de parque, comen principalmente bambú y están más activos al amanecer.

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Volvimos de nuevo a la zona de los osos panda para sacarles algunas fotos más y despedirnos ya de ellos.

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Pudimos comprobar que cuando habían pasado unas horas los osos empezaron a subirse a los árboles a dormir y “desaparecieron” del mapa, por lo que lo que os decía al inicio es muy importante: id a primera hora de la mañana.

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Y con esta bonita imagen y con más horas de las que había calculado para la visita, salimos del centro en busca de un taxi que nos llevara a la estación de autobuses.

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El taxista nos dejó en la puerta, entramos y comenzó la odisea. Cola para la taquilla, una chica que no nos hacía ni caso aun enseñándole el destino escrito en chino, hasta nos indicó con la mano que nos fuéramos de la cola. No sabíamos que hacer. Preguntamos a un policía que había allí y tampoco, ni caso. Yo llevaba apuntado que el trayecto costaba 45 yuanes, había buses cada media hora, se tardaba dos horas pero sin indicaciones ni ayuda era imposible.

Es muy sencillo pero se ve que tocamos con personas con pocas ganas de ayudar y eso unido a nuestras prisas hizo que decidiéramos abandonar la opción de ir a Leshan en bus. También se podía ir en tren (más rápido pero había que desplazarse hasta la estación de tren y luego una vez allí coger un taxi), pero en ese momento de ofuscación nos bloqueamos y no queríamos arriesgarnos a que a la vuelta nos pasara lo mismo y nos quedáramos “atrapados” en Leshan cuando al día siguiente debíamos coger dos vuelos y teníamos la etapa más esperada del viaje. Si queréis ver los horarios de tren podéis pinchar aquí y que así no os pase como a nosotros. Yo viéndolo ahora con perspectiva, me olvidaría del bus e iría en tren con los billetes reservados.

Calculé mal los tiempos y eso hizo que recurriéramos a la opción B: ir a ver el buda de Leshan en coche privado contratado con el hotel. Como la estación de autobuses estaba muy cerca del hotel fuimos caminando y le explicamos lo sucedido a la chica de recepción. Nos indicó que le diéramos una hora para conseguir un coche con conductor. Aprovechamos este rato para comer y a la hora indicada estábamos preparados para salir. El coste fue muchísimo más caro: 800 yuanes entre los dos, pero sino debíamos renunciar a ver al Buda.

En dos horas estábamos frente a la zona donde se coge el barco para ver el buda desde el río. El recinto cerraba a las 17 horas y no nos daba tiempo a verlo desde “tierra” porque al igual que pasaba con los pandas, el recinto era muy grande. Una lástima porque hay muchas grutas, templos y tumbas que merecen mucho la pena, por lo que si podéis, dedicadle una mañana entera.

No obstante, considero que la panorámica desde el barco es la más impactante ya que podréis ver la grandiosidad de esta obra. El precio del billete son 70 yuanes y salen con mucha frecuencia. Te mandan ponerte un chaleco salvavidas y ¡a navegar!

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El buda de Leshan es la estatua esculpida en piedra de Buda más alta del mundo. Tiene una altura de 71 metros y representa a un Buda Maitreya con las manos apoyadas sobre las rodillas. Sus hombros miden 28 metros de ancho y el más pequeño de los dedos del pie es suficientemente ancho como para que se pueda sentar en él una persona. Un dicho local dice: “La montaña es Buda y Buda es la montaña” haciendo referencia al hecho de que la montaña en la que se encuentra el gran Buda (vista desde el río) tiene una silueta que recuerda a un Buda tumbado.

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El barco hace dos pasadas delante del buda, una rápida y otra deteniéndose para que todo el mundo pueda fotografiarlo. Además, como no llovía se podía salir a la cubierta para poder admirar al sereno buda “cara a cara”. Sin duda es algo único y el esfuerzo y los nervios habían valido la pena.

Al terminar el recorrido dimos una vuelta por las calles cercanas al río y cuando ya vimos a nuestro chófer con el coche “a la espera” nos montamos para regresar a Chengdu.

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El día terminaba, y pese al pequeño problemilla que tuvimos, la sensación era muy buena. Al día siguiente teníamos que coger dos vuelos para adentrarnos en una de las zonas menos visitadas por los occidentales: Zhangye y el Desierto del Gobi ( subsección de Badain Jaran).

Por cierto, no nos atrevimos a probar el Hot Pot. Las cartas estaban en chino y después de la mala experiencia de la mañana en la estación de autobuses no nos sentíamos con ganas de hacer un esfuerzo y pedir sin saber. Nos fuimos a lo seguro y repetimos el Blue Frog, esta vez con unas hamburguesas y una ‘cheesecake’ de postre que estaban de muerte.

Para los que no conozcan de que se trata, el Hotpot es una olla grande llena de aceite picante caliente y rodeada de platos de carnes y verduras crudas. Los trozos de carne y verduras los cortan en rodajas muy pequeña para que así se cocinen muy rápido. La mayoría de las ollas están divididas en dos secciones: una mitad la llenan con el aceite picante, y la otra con un caldo para aquellos que no les guste la comida picante. Ahora lo pienso y me da pena no haberlo probado….otra vez será.

CHENGDU/ZHANGYE (DÍA 11)

Hoy teníamos por delante todo un día de vuelos para llegar hasta Zhangye, en la provincia de Gansú. Debíamos coger un primer vuelo que salía de Chengdú a las 9.30 a.m con destino Lanzhou, y un segundo que salía de Lanzhou a Zhangye a las 14:55 teniendo una escala de 4 horas. Me daba un poco de miedo este tema ya que las compañías eran diferentes y si había algún retraso nos cargábamos el llegar a tiempo a Zhangye, pero no había otra opción, por lo que cruzamos los dedos y esperamos que todo saliera según lo previsto.

Así fue, el primer vuelo salió puntual y estábamos en Lanzhou en hora. Por cierto, en este aeropuerto vimos a UNA sola persona, a parte de nosotros, occidental. Luego comprobamos que en esta zona el turismo occidental apenas llega ¡Normal que me costara tanto organizarla y encontrar contactos que no fueran chinos!

El paisaje que vimos en este último vuelo nos dejó sin palabras. Montañas y montañas con sus cumbres nevadas y un terreno árido y sin vegetación. Pasando todas esas montañas se llega al Tíbet, qué “cerca” estábamos de un destino que tengo en el punto de mira.

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El traslado al hotel de Zhangye lo llevábamos contratado como parte del tour por el desierto del Gobi, por lo que teníamos la tranquilidad de no tener que preocuparnos de nada.

Esta parte del viaje la reservamos con Lydia en la web easytourchina.com y la verdad es que fue todo muy bien. Nos resolvieron las dudas y el viaje, una vez que estuvimos sobre el terreno, fue perfecto. El precio es caro, bastante caro para ser exactos, pero la experiencia de lo que vivimos allí no se me olvidará en la vida. Nuestro guía Peter Huang se preocupó de que todo fuera como la seda y nos ayudó incluso con la reserva que llevábamos del hotel Zhang Ye Ding He International. Al llegar allí nos encontramos con la sorpresa de que no teníamos habitación. Reservamos a través de Booking y el chico de recepción (allí nadie hablaba inglés) no sabía ni lo que era Booking. Le enseñamos la reserva en chino y tampoco. Menos mal que llegó Peter y nos arregló el tema, de no haber sido por él no sé dónde habríamos dormido esa noche, jejeje.

El hotel (sin contar este malentendido) está genial. Es nuevo, las habitaciones son amplias y muy bien decoradas y el desayuno que sirven tipo buffet es bueno y tiene algún producto occidental.

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Descansamos un rato en el hotel y después nos acercamos a cenar a un restaurante al que nos llevó nuestro guía. No recuerdo el nombre, pero estaba justo enfrente del hotel. Como nos hizo de traductor, cenamos muy bien, además el sitio parecía que era un salón de bodas súper lujoso. Después de esta rica cena nos fuimos a dormir.

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ZHANGYE/GOBI BADAIN JARAN (DÍA 12)

Amanecía un nuevo día, el más esperado del viaje me atrevería a decir. Hoy después de desayunar partíamos rumbo al desierto del Gobi, más concretamente a la subsección de Badain Jaran. Uno de mis propósitos en el viaje de China era conocer y fotografiar a los camellos bactrianos y dormir en una yurta en medio del desierto, pero no en una zona llena de turistas, sino algo más auténtico. Lydia, de easytourchina nos preparó exactamente lo que queríamos.

Nuestro guía nos estaba esperando junto con el conductor en el coche en el que viajaríamos hasta Badain Jaran.

La primera parada fue para ver una parte de la muralla China, auténtica, sin restaurar, muralla que en unos días veríamos en todo su esplendor en Pekín. Y os preguntareis ¿pero la muralla llega hasta allí? Pues sí, y aunque no es una visita “bonita”, lo que representa es algo importante. Poder tocar la verdadera muralla china en los confines del país no se hace todos los días. Realmente la muralla termina en el Paso Jiayuguan, lugar que también valoré para ir  pero que, aunque con un encanto especial por ver la muralla con las altas montañas nevadas de fondo, me pareció muy explotado y lo descarté. Los días no dan para todo y hay que seleccionar. Como podéis comprobar la muralla es muy bajita, esto es debido a la erosión provocada por las tormentas de arena que azotan este lugar.

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Continuamos nuestro recorrido viendo los primeros camellos desde el coche. Yo me emocionaba y quería parar todas las veces, jajajaja.

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Después de unas cuantas horas de coche y de una parada en un pueblecito a comer donde todos los carteles estaban ya en cirílico y nos miraban como diciendo “estos dos que hacen aquí” ( la comida fue una sopa con noodles picante a más no poder pero riquísima), llegamos al Centro de Información Turística de Badain Jaran. Cada vez faltaba menos para entrar en el desierto y las mariposillas en el estómago ya empezaban a revolotear. Estiramos un poco las piernas, dimos una vueltilla por allí, sacamos unas fotos a nuestras primeras yurtas y volvimos al coche.

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Ya empezaba la aventura. Íbamos por una pista de tierra bastante llana, no nos imaginábamos el viajecito tan movido que íbamos a tener luego.

La primera parada no se hizo esperar: la estatua de Genghis Khan en un entorno más que bonito, con su lago y sus dunas.

Genghis Khan fue un guerrero y conquistador mongol que unificó a las tribus nómadas de esta etnia del norte de Asia, fundando el primer Imperio Mongol, el imperio contiguo más extenso de la historia. Bajo su liderazgo como Gran Khan, los mongoles comenzaron una oleada de conquistas y extendieron su dominio a un vasto territorio, desde Europa Oriental  hasta el océano Pacífico, y desde Siberia hasta Mesopotamia, la India e Indochina. Un dato muy curioso y estremecedor de su biografía es que utilizaba la guerra psicológica e implantó un régimen de terror en muchos de los territorios conquistados. Los mongoles ejecutaron en algunos casos matanzas masivas entre la población de las ciudades conquistadas, y exhibían los resultados de éstas para hacer cundir el pánico entre los habitantes de otros territorios. Genghis Khan solía tirar los cadáveres de las víctimas de la terrible peste bubónica mediante catapultas en las ciudades enemigas bajo asedio, dando así origen a las primeras armas biológicas.

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Continuamos el viaje y empezó la diversión. Parecía que estábamos en un rally subiendo y bajando dunas enormes, de hecho en el desierto de Badain Jaran se encuentran las mayores dunas estacionarias de la tierra. Otra característica de este desierto es que aunque es extremadamente seco, cuenta con más de 144 lagos permanentes, algunos de agua dulce y otros de agua muy salada, provenientes de las montañas situadas a más de 350km. De hecho, estos lagos dan nombre al desierto, que en idioma mongol significa “Desierto de los lagos misteriosos”.

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Los paisajes que pudimos ver, tanto en el camino como en las paradas que hicimos, eran de quitar el hipo. Las dunas parecían montañas y los lagos pintaban un paisaje digno de la más bella postal.

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Os pongo un vídeo para que veáis el paisaje (al estar en lo alto pegaba el viento que no veas).

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Coincidimos con tres españoles que iban en otro coche (ya es casualidad porque apenas había turistas), pero no eran muy habladores. Una de las chicas estuvo vomitando en cada parada, yo creo que por el meneo del coche, la pobre estaba fatal. Si alguien se marea, desde luego esta parte del viaje la puede eliminar, porque lo va a pasar muy mal y son muchas horas en el coche.

Paramos a merendar algo de fruta y continuamos la ruta hasta llegar a nuestro campamento.

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Llegamos al campamento, dejamos las mochilas y nos fuimos a dar una vuelta de reconocimiento por la zona.

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Y cuál fue nuestra sorpresa cuando vimos que justo al lado teníamos un templo tibetano precioso y además ¡estaba abierto!. La estampa del templo, con las dunas y el sonido del monje que estaba dentro rezando era única. Todos estos elementos creaban una atmósfera mágica que nos dejó sin palabras.

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Dejamos el templo y nos fuimos hasta la zona donde iba a llegar una caravana de camellos bactrianos antes de que empezara a anochecer.

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Son unos animalitos graciosísimos, con sus dos jorobas y su enorme pelaje para protegerse del frío. Cuando pasa el invierno se desprenden de este “abrigo” y se quedan con un pelaje más corto. Como curiosidad, estos camellos fueron un elemento muy importante durante la ruta de la seda ya que los usaban como animales de carga y transporte.

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Nos fuimos al campamento a cenar y a ver donde estaban los baños. ¿Baños? el lavabo era el grifo que veis en la foto y el baño una caseta de obra sin taza, con un agujero donde veías la montaña de mierda que había debajo. Yo no fui capaz de estar allí sola porque pensaba que algún animal subiría por la montaña, jajaja. Ahora me río pero yo pensaba ¿Y si tengo que ir al baño por la noche? ¿Cómo lo hago?. Por suerte eso no pasó. Por no mencionar las “camas”, que eran una tabla con un saco de arroz como almohada. Era como dormir en el suelo. Pero, queríamos aventura y algo que no fuera turístico, por lo que no nos podíamos quejar. Para camas cómodas ya teníamos las de los hoteles y estábamos en medio del desierto, era lo que tocaba.

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Cenamos lo que nos había preparado el guía en una habitación con los otros españoles y nos fuimos linterna en mano a sacar fotos al increíble cielo del desierto. Estrellas fugaces, la vía láctea, un cielo con mil estrellas, el templo tibetano…era una estampa preciosa. No aguantamos mucho fuera porque hacía muchísimo frío y no queríamos constiparnos, por lo que las fotos no quedaron muy allá.

Con este intenso día de emociones nos metimos en la “cama”, agotados pero super felices.

GOBI BADAIN JARAN/ZHANGYE (DÍA 13)

Hoy tocaba madrugón porque queríamos ver la salida del sol desde un punto estratégico en una de las dunas. Yo me levanté con dolor en una cadera y pensé que me había hecho daño el día anterior en algún momento, pero no, ¡era de dormir sobre la tabla! jajaja. Ellos están acostumbrados, pero mis caderas no. Desayunamos y nos metimos nuevamente en el coche. Conducir de noche por medio del desierto, con la sensación barriguera de subir y bajar las dunas fue toda una experiencia. Llegamos al punto elegido y caminamos duna arriba para esperar a que el astro rey hiciera su aparición. El esfuerzo de subida fue recompensado con estas vistas. I M P R E S I O N A N T E.

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La estampa era preciosa, romántica, uno de los amaneceres más bonitos que hemos visto en nuestros viajes y que no olvidaremos jamás.

Continuamos el viaje de regreso a Zhangye haciendo paradas en diferentes puntos panorámicos que seguían sacándonos un “guau” cuando los veíamos.

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Este día hacía muchísimo viento, de ahí las fotos con la arena “volando” que tanto encanto tienen, pero la parte negativa era que había que soportarlo porque te hacía daño en la cara y se te metía por todos lados. Además, con la cámara había que tener mucho cuidado para que no le entrara arena y se estropeara. Yo iba tapada con la braga hasta media cara y con las gafas de sol para protegerme los ojos. Ya veis que pintas, lo que hay que sufrir en vacaciones, jejeje.

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Algo que me llamó mucho la atención fueron las señales en medio del desierto. Curiosas ¿verdad?.

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Nos encontramos con unos camellos que pastaban por allí libremente y paramos el coche. Era la última vez que veríamos a estos simpáticos animalitos porque ya estábamos casi saliendo del desierto,por lo que no había excusa. Les sacamos unas fotitos y volvimos al coche.

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Y nuestra última parada para despedirnos del desierto. Nuevamente una estampa preciosa de dunas enormes y lagos salados (si os fijáis en los bordes del lago se ve la salitre).

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La aventura terminaba, que rápido se había pasado. El desierto del Gobi en su parte de Badain Jaran nos había conquistado y no puedo hacer otra cosa que recomendarlo, no os arrepentiréis. Mi chico siempre dice que fue lo mejor de China y eso que cuando lo propuse no le hizo mucha gracia.

Llegamos a hotel de Zhangye: Zhangye Kelly Business, ya que en el que habíamos estado anteriormente no había sitio. La habitación estaba bastante bien, no era tan amplia como la del primer hotel pero suficiente. Dejamos las maletas y bajamos a comer. El guía nos acompañó en esta comida por lo que nuevamente comidos de fábula ya que él se encargó de pedir. Nos despedimos, había sido un placer contar con él en esta aventura.

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Yo estaba agotada, la noche del desierto no dormí nada bien, por lo que decidimos echar una siesta y después salir por los alrededores a comprar algo de comida.

El paseo por la ciudad fue muy curioso. Ni un solo occidental, los niños nos seguían y se ponían delante nuestro para mirarnos. Entramos en una pastelería a comprar unos bollos y las chicas no hacían más que cuchichear, salían todas a atendernos… No sé explicarlo pero fue una sensación muy rara. Solamente me he sentido así en un poblado en Kenia… También nos quedamos sorprendidos con los bailes que hacían los empleados de las tiendas antes de empezar su turno ¿Será para motivarse?.

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Compramos plátanos en un puesto callejero, noodles instantáneos y alguna chocolatina en una tienda y fuimos a cenar a una hamburguesería que había por allí. La carta en chino, las chicas nada de nada de ingles, pedimos señalando fotos y nos sentamos a comer. Nuevamente todos los de las mesas de alrededor nos miraban, un niño hasta nos espiaba detrás de una columna, fue muy gracioso. Así deben de sentirse los famosos, jajaja.

Yo llevaba apuntado que por la zona del mercado de Xiaochichang y en la calle Qing Ming había buenos restaurantes pero vimos la hamburguesería antes y no quisimos andar dando vueltas.

Sacamos alguna fotillo por la zona de la Torre del Tambor y alrededores y nos fuimos al hotel a descansar.

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ZHANGYE (DÍA 14)

El día comenzó con un raro raro raro desayuno en el hotel. No sabíamos ni qué coger porque no había nada occidental. Había sopa, verduras cocidas, té y poco más. Fuimos probando un poco de todo y cuando terminamos (con más hambre que ni sé, y mira que no somos tiquismiquis para comer) salimos a la puerta del hotel a ver si estaba el conductor del coche que nos llevaría hoy a hacer las dos visitas que teníamos planeadas: Zhangye Danxia y Bingou Danxia. No hay mucha información en español de estos lugares, porque como os comenté, el turismo todavía no ha “invadido” esta remota zona. A ambas visitas se puede ir en Taxi,  aunque nosotros por comodidad, preferimos que nos lo tarificaran junto con el tour por el desierto. Nuestro conductor estaba ya listo y nos montamos en el coche.

La primera parada fue Binggou Danxia Geopark, un paisaje que puede “recordar” al que se ven en el estado de Utha, en EEUU, con sus formaciones rocosas erosionadas por el viento. El parque se encuentra a 40 km al oeste de la ciudad de Zhangye y a solo 10 km de su parque hermano “Las Montañas de Colores”. No hay transporte en autobús hasta allí, por lo que hay que negociar un taxi (unos 300 RMB) o llevarlo reservado desde España como hicimos nosotros. Allí estuvimos prácticamente solos, se respiraba tranquilidad y las vistas eran magníficas. A quien le guste hacer trekkings y tenga tiempo, puede pasarse aquí casi todo un día entero perfectamente. Nosotros estuvimos hasta medio día, subiendo y bajando por las miles de escaleras que hay hasta llegar a los miradores de las plataformas e intentando dar sentido a los nombres que habían puesto a las formaciones (el camello, los tres amigos, los pilares Ying Yang, el pico de las siete mujeres, etc…). En la propia entrada que se compra en la taquilla aparece un plano con todos estos nombres y sus localizaciones (en chino y en inglés). Os pongo una foto para que lo veáis.

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Y ahora unas fotillos para que veáis el paisaje. Es China, os lo prometo 🙂

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El parque está dividido en dos secciones con transporte de minibús entre ambas. Aunque os parezca una locura subir una y otra vez tantas escaleras os lo recomiendo totalmente. Las vistas desde lo alto son impactantes (como podéis ver en las fotos). Como el día estaba despejado incluso se podían ver los picos nevados en la distancia.

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Volvimos a por el autobús para salir del parque y dirigirnos a la siguiente parada: Las Montañas de colores Zhangye Danxia.

Cuando comencé a organizar el viaje por China vi unas fotos que me dejaron asombrada: eran unas montañas de colorines, algo totalmente surrealista. Como la ruta para el desierto tenía la base en Zhangye, era la ocasión perfecta para ver este espectáculo de la naturaleza y comprobar en primera persona si las fotos eran una realidad o un “truco” de la fotografía.

Como dato, este espectáculo de colores en los estratos, fue formando por los sucesivos depósitos de minerales de diferente pigmentación en las capas rocosas. Algunos millones de años después, la colisión indo-australiana y la placa tectónica de Eurasia se encargaron de provocar las ondulaciones en el relieve, dando como resultado este impresionante paisaje.

Llegamos a la entrada del parque y fuimos a comprar las entradas. Por todo el parque circulan autobuses (al igual que en Binggou Danxia) con muchísima frecuencia que te llevan por los diferentes miradores, pero hay que tener cuidado y no confundirse cuando se quiere regresar a la salida, ya que el parque tiene dos accesos: entrada norte y entrada este. Nosotros nos confundimos y la liamos bien porque era la hora de cierre y estábamos en la otra punta. Por suerte, tuvo arreglo, pero pasamos un mal trago pensando que nos quedábamos allí tirados sin poder comunicarnos con el conductor del coche.

El parque tiene cinco plataformas de observación alrededor del circuito de 8 km de la carretera y si se quiere se puede ir andando, pero claro, hay que tener tiempo y ganas de caminar tanto y subir las muchas escaleras que hay hasta las plataformas de observación. Nosotros al tener sólo mediodía decidimos usar el autobús e ir bajándonos en cada punto para subir a los miradores y sacar estas bonitas fotos. Remarco que NO puedes salirte de los senderos marcados ni tocar la tierra ya que es un paisaje muy frágil.

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He de decir, que pese a que la noche anterior había llovido (en las fotos veréis las baldosas mojadas), y a ratos saliera el sol, los colores NO son tan exagerados como vi en muchas fotos. Teniendo los dos elementos necesarios para que los colores fueran más vibrantes (lluvia y sol) el resultado no era el que en muchas revistas y blogs aparece reflejado. Son colores mucho más tenues, se distinguen perfectamente y con sol lucen mucho más, pero no es esa saturación que imaginábamos. Aun así, es increíble ver cómo la naturaleza puede hacer esas cosas. Si me llegan a decir que unas personas se han dedicado a pintar las montañas me lo creería. Colores como el ocre, el rojo, el amarillo, el azul y el verde aparecían en la tierra como por arte de magia. De ahí el nombre a este lugar: Las Montañas de Colores o Montañas Arcoíris. Sin duda es algo digno de ver y que sólo existe en dos lugares en la tierra: China y Perú. En Isla Mauricio existe algo parecido, pero nos se trata de montañas.

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Después de la aventurilla que os he contado antes (que nos equivocamos de bus) conseguimos llegar a nuestra entrada/salida donde estaba el conductor del coche echando una cabezadita. Lo despertamos y para Zhangye de vuelta. Estábamos agotados de tanto subir y bajar escaleras pero contentos por tener en la retina tan bonitas imágenes. Nos hicimos unos quick noodles con el hervidor de agua que había en la habitación, nos comimos un plátano de postre y a dormir.

ZHANGYE/XI’AN (DÍA 15)

Hoy era nuestro último día en este remoto lugar y teníamos la mañana libre para hacer una última visita pendiente antes de que nos pasaran a recoger para llevarnos al aeropuerto (nuestro vuelo salía a las 16 horas).

Esta visita era Dafo Temple, un antiguo templo budista que destaca por la enorme estatua de Buda reclinada que hay en él (de 35 metros de largo). La gran estatua del templo está hecha de arcilla sobre un marco de madera y representa el logro del nirvana del Buda Gautama, con sus diez discípulos detrás de él. Es impactante ver las dimensiones que tiene, pero para mí lo más impactante fue la atmósfera que había dentro del templo. Sin apenas luz, todo hecho de madera, muy poca gente en él, no sé, me encantan este tipo de lugares. Dentro está prohibido sacar fotos con flash y como casi no hay luz, las fotos no están muy nítidas, pero bueno, para que veáis lo chulo que es y por qué no debéis perdéroslo.

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Los alrededores del templo también son muy bonitos y se puede pasear con toda tranquilidad. Me llamaron la atención los carruajes que tenían expuestos, parecían sacados de una película.

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Muy cerca de aquí se encuentra Muta Temple. Nosotros no lo vimos porque se nos hizo tarde y tuvimos que marchar pitando para el hotel. Volvimos a ver la Torre del Tambor y nos despedimos de esta ciudad.

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El vuelo salió muy puntual y a las seis de la tarde estábamos ya en el siguiente destino: Xi’an .

El traslado lo reservamos previamente con nuestro alojamiento: Travelling With Hostel (Xián Railway Station) An Yuan Men Metro Station, un hostel muy limpio, moderno, baratísimo y muy bien situado al lado del metro para ir al centro y a la estación de tren norte. Hay opción de compartir baño, pero nosotros optamos por uno privado. La verdad es que hasta que entramos en la habitación pensábamos “Ay Dios mío donde nos hemos metido” porque el ascensor era un montacargas, los pasillos bastante chungos…pero luego ya veis que la habitación es perfecta.

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Ya había anochecido, por lo que era la ocasión perfecta para ir a ver la Torre del Tambor y la Torre de la Campana iluminadas. Cogimos el  metro y un plis plas nos plantamos allí. Nos encantaron, las luces hacían que lucieran muchísimo y estuvimos un buen rato sacando fotos. Como curiosidad, en la Torre de la Campana originalmente había una gran campana que sonaba al amanecer, mientras que su compañera la Torre del Tambor anunciaba el anochecer.

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Después, fuimos a cenar a la zona de Muslin Quarter, llovía a mares por lo que cenamos en un restaurante cerrado y de vuelta al metro para ir a dormir. No era muy agradable andar dando vueltas con el paraguas y el frío que hacía. Una penita no haber podido disfrutar más de la noche en Xi’an.

XI’AN/PÍNGYÁO (DÍA 16)

Hoy teníamos un día muy ajetreado: íbamos a ver a los Guerreros de Terracota, queríamos dar una vuelta por la muralla de Xi’an y debíamos volver al hotel a coger las maletas para irnos a la estación de tren (el tren a Pingyao salía a las siete de la tarde). Madrugamos bastante, desayunamos una fruta y unos bollos que teníamos en la maleta y salimos en busca del bus urbano que nos acercaría a la estación de autobuses. En un inicio pensé coger esta visita de forma organizada, pero los precios me parecían desorbitados para lo que era y en los foros todo el mundo indicaba que era sencillo ir por libre. Así fue. En la estación de autobuses era fácil distinguir cuál era el autobús que te llevaba a ver los Guerreros de Terracota porque había chicos con carteles enormes en ingles indicando Terracota Warriors y turistas subiendo a los mismos. Pagamos el ticket y nos montamos. Esperamos un poco a que el autobús se llenara y comenzamos el camino.

Los Guerreros de Terracota se encuentran a unos 40 km aproximadamente del centro de Xi’an y se tarda una hora en llegar allí en bus (en taxi algo menos). Es muy importante ir a primera hora y evitar las fiestas nacionales, porque es uno de los sitios más visitados de China. Cuando te nombran China lo primero que te viene a la mente es La Gran Muralla y Los Guerreros de Terracota, son un símbolo sin duda alguna y prueba de ello es la afluencia de gente que tienen. Podéis consultar la web oficial pinchando aquí y optando por la traducción automática que sale nada más abrir la página (ya que está en chino).

El autobús nos dejó en un parking y tuvimos que ir en busca de la taquilla para comprar la entrada. Es muy sencillo: seguid a la gente, no tiene pérdida.  Luego tendréis que caminar alrededor de un kilómetro y medio hasta llegar a la zona de las excavaciones.

Los Guerreros de Terracota son un conjunto de más de 8000 figuras de guerreros y caballos de terracota a tamaño real, que fueron enterradas cerca del autoproclamado primer emperador de China de la Dinastía Qin, Qin Shi Huang en 210-209 A.C. Enterrando estas estatuas se creía que el emperador seguiría teniendo tropas bajo su mando, curioso ¿verdad?.

Habíamos pensado entrar primero en los pabellones pequeños para dejar el plato fuerte para el final (es decir, de la fosa 1 a la 3), pero imaginando que a medida que avanzara el día iría aumentando el número de gente decidimos invertir el orden para poder sacar unas buenas fotos sin tener que pegarnos por el sitio.

Y allí estaba, la gran fosa frente a nosotros, con más de 7.500 guerreros, la mayor parte de ellos aún por desenterrar. Nos hicimos un hueco en primera fila y comenzamos la sesión de fotos. Las figuras son a tamaño natural: miden 1,80 metros de altura y están equipadas con armaduras fabricadas también con terracota.

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Si os fijáis bien, cada figura tiene rasgos y características diferentes: bigotes, peinados, edades, rasgos de etnias diferentes etc. Los uniformes reflejaban también los rangos militares a los que pertenecían. Cada soldado llevaba un arma: arcos, lanzas, espadas…pero fueron robadas en los saqueos de los campesinos después de la caída de la dinastía Qin.

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Dimos la vuelta alrededor del pabellón y continuamos con la sesión de fotos.

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La verdad es que las figuras son verdaderas obras de arte. Cuando ves el detalle haciendo zoom con la cámara te quedas impresionada. Tienen más de 2.000 años, han estado enterrados y son impresionantes.

Del pabellón principal pasamos al resto, viendo figuras todavía enterradas, y todo lo contrario: las figuras de terracota mejor conservadas que exponían en vitrinas y que como no, estaban a tope de gente. Y a estas alturas ya del viaje pasábamos de pegarnos por poder sacar una foto decente a algo detrás de un cristal, por lo que lo vimos y a otra cosa mariposa.

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Salimos del recinto y decidimos tomarnos un café calentito con un bollo en un Strarbucks que había allí. No os preocupéis si tenéis pensado comer o merendar en la zona. Esta toooodo lleno de restaurantes, cafeterías y tiendas de recuerdos con guerreros por todos lados. Queríamos traernos uno a casa pero consideramos que no sería el sitio más económico para hacerlo y teníamos además un montón de trayectos por delante, por lo que lo dejamos para otra ocasión.

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Algo muy curioso fue ver cómo hacían los famosos fideos a mano.

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Cogimos el bus de vuelta a la ciudad y nos acercamos a la zona de la Muralla. Disponíamos de poco tiempo, por lo que la visita fue exprés. Nos hubiera gustado  coger una bici desde la Puerta Sur y recorrerla entera, pero no queríamos arriesgarnos a perder el tren, por lo que visitamos exclusivamente un tramo a pie.

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Había una neblina permanente (como sucedió en Chengdú) fruto de la contaminación que hacía que no se pudiera ver la ciudad a lo lejos.

La muralla es la mejor conservada de todas las que defendían las ciudades de China y está adornada con farolillos rojos que le dan un toque muy auténtico. Algo muy curioso fue que nuevamente quisieron sacarse fotos con nosotros. Pero lo mejor fue cuando me dijeron que me apartara porque querían sacarse solo las chicas con mi chico. Hasta una empezó a retocarse el maquillaje con un espejito para salir bien en la foto. Mi cara era un poema, jajaja. El pobre pasó una vergüenza…ya era la segunda vez en el viaje que le pasaba esto.

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Después del paseo cogimos nuevamente el metro y fuimos al hotel a por las maletas. Nuestro tren para Pingyao salía a las siete de la tarde pero la web desde donde reservamos los billetes ya nos indicaba que había que estar mínimo 2 HORAS ANTES para recoger los billetes y pasar los controles de seguridad (vamos, como si fuera un aeropuerto). Así lo hicimos y aunque nos sobró tiempo, lo preferimos. Con la reserva, nos acercamos a las taquillas con los pasaportes y la chica nos dio los billetes.

La estación de Xi’an es muy nueva y tiene restaurantes y tiendas, por lo que aprovechamos para cenar tranquilamente. Cuando se acercó la hora de salida del tren tuvimos que acudir a unas puertas y hacer fila para validar el ticket y poder entrar en los andenes. Lo tienen muy bien organizado.

El trayecto de tres horas en tren fue muy cómodo. Llegamos de noche a la estación de Píngyáo Ancient Town y ya teníamos a un chico del hotel esperándonos para llevarnos hasta allí. Esta estación está alejada y como llegábamos de noche no queríamos ponernos a negociar con un taxista.

El hotel elegido en esta ocasión fue el Pingyao Cheng Jia Hotel, un hotelito de estilo tradicional situado dentro de las murallas. La habitación, pese a haberla visto en fotos nos sorprendió, era tan diferente y estaba tan cuidada, la cama era enorme y tenía dosel ¡estábamos encantados!….no puedo decir lo mismo del baño, pero bueno, para una noche era pasable.

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El patio del hotel era precioso, con los farolillos encendidos que le daban una atmósfera única. Sin duda había sido todo un acierto elegir un alojamiento diferente.

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PÍNGYÁO(DÍA 17)

Amanecía un nuevo día y nos despertábamos en aquella cama de reyes en la ciudad antigua amurallada mejor conservada de China. Nos acondicionamos y fuimos a recepción a dejar las maletas hasta la hora de coger el tren nocturno a Datong. Antes de salir no pudimos resistirnos a sacar unas cuantas fotos al patio del hotel, esta vez con la luz del día.

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Teníamos todo el día para recorrer este bonito y turístico pueblo y queríamos aprovechar las primeras horas para poder fotografiarlo sin tanta gente. No somos de multitudes como habréis podido comprobar…

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Antes de parar a desayunar quisimos ver algunos edificios tradicionales. Para visitar la veintena de edificios de interés del centro histórico, hay un billete único que tiene validez para tres días. Llovía a mares y por tanto estábamos solos. Un engorro pero a la vez una gozada. Cámara en mano fuimos inmortalizando patios de postal, rincones de cuento, el lugar tenía una magia increíble.

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Después de ver unos cuantos edificios decidimos ir a una cafetería (que también era hotel) a entrar en calor y tomar un rico chocolate con nata: My Favor Art Hotel. Totalmente recomendable.

Con las energías renovadas volvimos a la carga. Sacamos unas fotos a la calle principal con la bonita torre de la ciudad (estaba cerrada por cierto) y paseamos viendo los numerosos puestos que había de comida y recuerdos.

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Nos dirigimos ahora al Templo de Confucio, un enorme recinto donde los aspirantes a burócratas realizaban los exámenes imperiales. El edificio más antiguo que se conserva en Píngyáo es la sala Dáchéng, situada en este templo.

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Como el “desayuno” había sido bastante escaso teníamos hambre. Decidimos ir a comer a uno de los restaurantes que llevaba apuntado como recomendado: Tian YuanKui KeZhan y fue todo un acierto. Comida en cantidad, riquísima y a muy buen precio.

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Al salir del restaurante vimos que había parado de llover, por lo que era el momento perfecto para hacer la última visita del día: un breve paseo por lo alto de las Murallasde Píngyáo.

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Las murallas están geniales. Desde ellas se pueden apreciar los tejados tan característicos de la ciudad y si te asomas por la parte exterior se ve la forma de la muralla. Además estábamos completamente solos por lo que campamos a nuestras anchas.

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A los veinte minutos de estar paseando por la muralla vimos que un hombre nos gritaba desde la distancia. Como que le íbamos a entender, pero sus gritos se repetían por lo que dedujimos que algo pasaba. Y efectivamente: cerraban la puerta y si no llegamos a ir, a saber cómo hubiéramos salido de allí. Es más, luego el hombre no encontraba la llave de la verja y allí estuvimos con él buscando en su caseta una llave de hierro que parecía sacada de una película medieval.

Ya empezaba a oscurecer y los farolillos de la calle comenzaban a iluminarse. Hicimos una breve parada en una mini tienda para comprar algo de comida para el tren y nos fuimos directos al hotel a coger nuestras maletas.

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El tren a Datong salía de la estación más cercana a la ciudad a las nueve y veinte, pero debíamos estar dos horas antes allí para recoger los billetes (como en Xi’an).

En el hotel nos comentaron que cogiéramos un taxi justo en la puerta de la muralla y que en cinco minutos estaríamos en la estación. Bueno, pues no sé si era porque ya era tarde o por qué, pero por allí no pasaba ni un solo taxi. Encima, teníamos a un “taxista ilegal” diciéndonos que nos llevaba él y que íbamos a perder el tren porque no iba a pasar nadie por allí (para eso si saben hablar en inglés…). Nos cansamos de esperar y de aguantar al pesado y ni cortos ni perezosos cogimos las maletas y nos fuimos a la estación andando.

Google maps decía que la estación estaba a 16 minutos andando, por lo que aunque nos tocaba ir con todas las cosas a cuestas tampoco estaba tan lejos. De noche, con la calle casi sin iluminar y a trozos sin asfaltar y allí estábamos nosotros dos, cargados como un árbol de navidad camino a la estación. Cuando llegamos, recogimos los billetes y nos encontramos con una estación que Dios mío de vida… Aquella no era como la Xi’an, era un simple cuarto con asientos, sin calefacción y con unos baños que, para variar, olían fatal. Cenamos un par de plátanos y unas patatas fritas y allí tuvimos que estar parados dos horas hasta que llegó nuestro tren nocturno. Congelados del frío que hacía y con un hambre…

Nos montamos en el tren y la cosa no mejoró. Habíamos cogido litera blanda en primera clase y al principio íbamos solos y estábamos tan contentos, pero justo en la siguiente parada se montó un señor que roncaba como un oso. Eso unido a los ruidos que hacía el tren, que parecía que en cualquier momento se iba a romper o a descarrilar, hizo que no pegara ojo en toda la noche.

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Para terminar de rematar la noche, el revisor entró en nuestro cuarto gritando media hora antes de que sonara el despertador. No entendíamos nada, si nuestro tren debía llegar a Datong a las cinco menos veinte de la madrugada y faltaba más de media hora para eso ¿porque gritaba? El caso es que bajamos las maletas del altillo, nos pusimos las botas y el abrigo y salimos al pasillo. Y allí estuvimos de pie esa media hora esperando. Surrealista. Con esta experiencia yo no puedo recomendar el tren nocturno, para mí fue una pesadilla, y si algo necesito en un viaje es descasar bien, en un lugar cómodo, porque si no no rindo.

Llegamos a la estación de Datong de madrugada y por suerte, nos estaba esperando el que sería nuestro chofer durante todo el día. Nos llevó hasta el hotel Datong Garden Hotel y nos indicó que podíamos descansar un poco hasta la hora de comenzar la primera excursión. Que bien, una camita, era como estar entre algodones después de lo que habíamos pasado, hasta teníamos una chocolatina en la almohada, yo no quería salir de allí, jejeje. El hotel estaba muy bien, muy cuidado y con un ascensor interior panorámico muy chulo.

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DATONG (DÍA 18)

El despertador sonó a las pocas horas y nos pegamos una reconfortante ducha, uno en la bañera y el otro en la ducha, porque el baño tenía ambas. ¡Que gozada!

Para hoy teníamos dos visitas: Templo Colgante o Templo Xuankong y  las Grutas de Yungang. Esta excursión, así como los traslados, los contratamos con Nancy a través de la web Datongtrip y fue una decisión totalmente acertada. Ella se encargó de reservamos el hotel (a un precio más bajo que en la web) y de explicarnos todo en un muy buen inglés. El conductor que nos asignó apenas hablaba inglés, pero era educado, conducía de forma tranquila y siempre tenía una sonrisa. Coincidimos con unos españoles al subirnos al tren en Píngyáo que no tenían nada contratado y a última hora en las grutas nos dijeron que no habían podido ir al templo colgante porque entre buscar hotel y negociar un taxi no les había dado tiempo. Tened en cuenta los tiempos y las distancias.

Estas dos visitas están en extremos opuestos de la ciudad. El Templo Colgante está a hora y media del centro de Datong y las Grutas a una hora y tres cuartos desde el templo, por lo que en desplazamientos se pierden más de tres horas. Nancy nos recomendó ir primero a ver el Templo Colgante para poder admirarlo de forma tranquila sin tantos turistas, ya que es un recinto pequeño, todo lo contrario a las Grutas, que es enorme. Y así lo hicimos.

Cuando llegamos al Templo Colgante o Templo de Xuankong (también se le suele llamar Monasterio Suspendido) y lo vimos, no pudimos aguantar un ¡Ooooohhhhh que pasadaaaa!. Allí en una pared de piedra a 75 metros de altura se encontraba suspendida esa obra de arte construida hace más de 1.500 años. Además, si es verdad lo que dice la historia, fue construido por un solo hombre: el monje budista Liao Ran. Es uno de los pocos templos en el que se puede encontrar la combinación de las tres religiones más importantes de china: el budismo, el taoísmo y el confucianismo.

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Compramos la entrada y comenzamos a subir y a caminar por los diferentes corredores que hay para unir las salas. Prácticamente todo es de madera, salvo algunas grutas que estaban directamente excavadas en la piedra. A mí las alturas no es que me emocionen demasiado, y cuando estábamos arriba subiendo por escaleras de caracol imposibles me entró un poco de miedillo: yo decía, a ver si no se ha caído en tantos años y lo hace justo ahora, jajaja, porque la altura que hay cuando estás en lo más alto impresiona.

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En las salas nos encontramos figuras de Lao Tse, Confucio, o del Buda Sakyamuni, Sidarta Gautama.

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Tras algo más de una hora de visita volvimos al aparcamiento donde nos estaba esperando nuestro chófer. Por cierto, en el recinto hay baños, pero como pasaba en otros lugares, el olor era… Buffff… hay que ir con mascarilla. En verano con el calor no me quiero ni imaginar lo que será aquello.
Pusimos rumbo a las Grutas de Yungang, parando a comer en un restaurante de sopa de la ciudad. Muy auténtico, todo locales y como nos pidió el conductor, pues una gozada. Estaba riquísima.

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Las Grutas de Yungang son el mayor grupo de grutas conservado en China, un conjunto de 53 grutas y unas 1200 hornacinas budistas, con más de 51.000 estatuas de piedra que hacen que te quedes con la boca abierta al verlas. Cada gruta tiene una estatua principal de Buda, la mayor estatua mide 16,8 metros de altura y la menor 13,5 metros, por lo que os podéis imaginar la cara de asombro.

Cuando entras al recinto te encuentras con una plaza que da paso a una “avenida” decorada con columnas con base de elefante que impacta por su belleza.

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Una vez pasado este tramo, un puente te acerca a un segundo espacio con templos, donde hay monjes cuidando de las instalaciones.

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Y después, el plato principal: las cuevas. Algunas de ellas estaban cerradas, suponemos que por remodelación, pero con las que había abiertas era más que suficiente para quedarnos maravillados. Muchas estatuas conservan su pigmentación y algunas cuevas son un estallido de color con techos pintados que te dejan sin palabras (a diferencia de las cuevas de Longmen).

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En casi todas las estancias se repite el motivo de “los mil budas” que son pequeños budas sentados en nichos que llaman muchísimo la atención.

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El detalle y la elegancia de las esculturas es impresionante, son realmente majestuosas y no hay que olvidar que están excavadas directamente en la propia roca. Alucinante ¿verdad?

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Continuamos hasta el último buda que había en esa zona y ¡madre mia! ¡era enorme! ¡que bonito! Le daba el sol y lucía aún más.

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Nos despedimos de estas obras de arte y caminamos hasta la salida disfrutando del atardecer en aquel bello lugar.

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Si tuvierais tiempo, otra de las visitas que podríais hacer en Datong es el Nine Dragons Screen (muro de los nueve dragones), pero en la época en la que fuimos cerraban a las cinco y no nos daba tiempo a llegar.

El conductor nos estaba esperando en la salida del recinto y nos llevó hasta el hotel. Allí estaba Nancy esperándonos para preguntarnos qué tal había ido todo, cobrar y sorprendernos con un regalito por coger el tour con ella. Todo un detalle.  Ahora teníamos dos opciones, dejar las mochilas e ir a ver las murallas de la ciudad o descansar e ir directos a cenar a un restaurante que llevaba apuntado. Optamos por esta última. La mala noche del tren a mí me pasaba factura y ya era casi de noche, por lo que preferimos ir a cenar tranquilamente.

 Fenglin Ge Restaurant fue nuestra opción y no pudo ser más acertada. No hablaban nada de nada de inglés pero con gestos nos entendimos. Tuvimos que esperar más de media hora para poder entrar porque estaba a tope, pero mereció la pena. El local era precioso y la comida riquísima. Un gran broche para un gran día.

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Salimos del restaurante y nos fuimos directos al hotel. Al día siguiente nuestro vuelo para Beijing salía pronto (8:30) por lo que no queríamos acostarnos tarde.  Sin duda alguna, Datong es una parada que no hay que perderse en China.

DATONG/ BEIJING (DÍA 19)

Nuestro vuelo desde el aeropuerto de Datong salía muy temprano (8:30 a.m) por lo que tocaba madrugón madrugón. Nuestro conductor nos estaba esperando puntualísimo en la recepción del hotel y llegamos al aeropuerto incluso antes de lo esperado ( al ser tan pronto la ciudad estaba desierta).

A las 9:35 a.m. estábamos aterrizando en el aeropuerto de Beijing y no queríamos “dormirnos en los laureles” porque sólo teníamos el día de hoy para conocer la ciudad. Muchas cosas para ver y pocas horas, por lo que recogimos las maletas y nos fuimos directos a coger el Airport Express. Tomamos la línea 2 bajándonos en Chongwenmen (salida D1) para llegar al hotel Pentahotel Beijing. Como en muchas ciudades grandes, hay que tener especial cuidado a la hora de elegir la salida del metro. Si una vez estás arriba ves que te has equivocado, te toca volver a bajar y dar mil vueltas, por lo que llevar apuntadas las salidas correctas os ahorrará tiempo y agujetas 🙂 Podéis ver el mapa del metro pinchando en este enlace.

El hotel nos encantó. Modernito, con unas habitaciones muy cómodas, situado muy cerca del metro y con un desayuno excelente.

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Dejamos las maletas y volvimos al metro para dirigirnos al Templo del Cielo (línea 5 “Tiantan Dongmen” salida A). Esta era una de las visitas que más ganas tenía de hacer en Beijing ya que me parecía un lugar muy fotogénico y especial, y efectivamente así fue.

El Templo del Cielo  lo utilizaron las dinastías Ming y Qing para pedir por las cosechas en primavera y dar las gracias al cielo por los frutos obtenidos en otoño.  El Templo del Cielo es en realidad un conjunto de edificios: al norte se sitúa el Salón de Oración por la Buena Cosecha (lo más impactante) y al sur, el Altar Circular y la Bóveda Imperial del Cielo.

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El edificio del Salón de Oración por la Buena Cosecha está construido totalmente en madera, con 28 enormes columnas en su interior (se puede ver desde la puerta pero no entrar). La disposición de estas columnas tiene una gran simbología ya que las columnas se disponen en tres círculos concéntricos. En el círculo interior, las cuatro columnas más grandes representan las cuatro estaciones del año, en el círculo intermedio hay otras 12 columnas, que representan los 12 meses del año, y en el círculo exterior hay otras 12 columnas más que simbolizan las horas del día (Aunque, que yo sepa, un día tiene 24 horas ¿no?).

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El Salón de la Oración por la Buena Cosecha enlaza con el Altar Circular o Altar del cielo mediante un camino de piedra y ladrillo de más de 350 metros de largo. Dicen que en este lugar, la acústica permite que si alguien habla desde el centro del altar, el sonido aumente y se escuche desde todos los ángulos. No pudimos comprobarlo porque estaba a tope de gente y  los chinos precisamente silenciosos no son.

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Después de ver estos puntos nos dirigimos de nuevo al metro para ir a la Ciudad Prohibida. Algo MUY MUY IMPORTANTE que no debéis olvidar es vuestro PASAPORTE, ya que de lo contrario en el control de acceso a la Plaza de Tiananmen no os dejaran pasar.

La primera parada fue la Puerta de la Paz Celestial. El lugar tiene un simbolismo especial para el régimen comunista de la República Popular China ya que allí se produjo en 1949  la proclamación de la República Popular por Mao Zedong. Desde la instauración del nuevo régimen, la puerta la “adornan” con un retrato de Mao flanqueado por los lemas “Viva la República Popular China” y “Viva la unidad de los pueblos del mundo”. Es una imagen que todos tenemos en mente incluso sin haber estado en China. Si acudís de madrugada podréis ver la ceremonia de la izada de bandera o a la inversa durante la puesta de sol.

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Algo que me llamó mucho la atención fue el enorme “florero” que había en la parte central de la plaza. Me recordaba a los que tienen aquí a la venta en los bazares chinos, pero claro, a lo grande.

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Como íbamos con el tiempo justito para entrar antes de que cerraran, no nos entretuvimos más aquí. Paramos justo para sacar unas fotos, descansar y comer unos sándwiches que habíamos comprado ya que no habíamos comido absolutamente nada desde el desayuno en el aeropuerto.

La siguiente misión era comprar las entradas de la Ciudad Prohibida, y algo que parecía tan fácil, en la práctica no lo fue. Normalmente este lugar está abarrotado de gente, pero en nuestro caso, al ser última hora, no fue así. No veíamos las taquillas, rodeamos la muralla, preguntamos y nadie nos sabía decir en inglés nada. Al final volvimos al punto inicial y vimos a lo dejos, detrás de unas vallas algo que parecían taquillas. Nos acercamos y efectivamente, después de tanto correr y andar dando vueltas las teníamos en el primer lugar. Tuvimos que verlo todo bastante rapidito, pero lo conseguimos.

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La Ciudad Prohibida es el mayor complejo palaciego del mundo (cubre 72 hectáreas para que os hagáis una idea). Durante casi quinientos años, fue la residencia oficial de los emperadores de China y su corte, así como centro ceremonial y político del Gobierno chino. Su construcción duró quince años y  requirió la participación de más de un millón de trabajadores. Los chinos hacen las cosas a lo grande, como podéis comprobar.

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Fuimos pasando por los diferentes patios siguiendo el camino hacia la puerta Norte (que era por donde queríamos salir). No nos dio tiempo a ver muchas cosas que llevaba apuntadas (el muro de los nueve dragones, la ópera, la exposición de relojes en el salón del Culto Ancestral o el resto de museos) pero sí que pudimos hacernos una buena idea de la grandiosidad del lugar, grandiosidad que pudimos admirar de forma íntegra cuando salimos, desde lo alto de la colina del Parque Jingshan. Subir aquí cuesta 5 Yuanes pero merece mucho la pena porque las vistas son preciosas. Para llegar hasta allí debéis buscar unas escaleras de piedra que hay pasando la carretera una vez que hayáis salido por la puerta Norte. Y si tenéis el antojo de sacaros una foto vestidos de emperadores allí lo podréis hacer. Nosotros estuvimos dudando porque a mí me encantan esas cosas, pero había un montón de gente mirando y nos daba bastante vergüenza.

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Ya estaba empezando a oscurecer y decidimos ir caminando hasta la zona de los Hútòng de Beijing (principalmente la calle Nanlougu Xiang ) a unos treinta minutos desde el parque donde estábamos (no hay metro directo y al final íbamos a tardar más). Pudimos coger un ‘rickshaw’ para llegar hasta allí, pero nos daba mucha pereza empezar a regatear por lo que preferimos ir andando. Pasamos por la Torre del Tambor y la Torre de la Campana, pero no estaban iluminadas, por lo que nos decepcionaron un poco, nos gustaron muchísimo más las de Xi’an.

La zona de los Hútòng está llena de bares, tiendas, cibercafés y aprovechamos la visita para comprar algunos recuerdos y picotear unos pasteles de Belém que encontramos en un puesto (jamás hubiéramos imaginado que encontraríamos allí estos ricos pastelitos pero si, y además estaban buenísimos). Después de esto nos fuimos al hotel, estábamos agotados y yo muerta de frío porque las temperaturas habían caído muchísimo y no llevaba la ropa adecuada.

La idea era haber cogido el metro y habernos acercado a ver la Villa Olímpica de noche (el Cubo de Agua, el Nido de Pájaro, etc…) pero yo no aguantaba de frío y no quería ponerme mala o con fiebre en los últimos días de las vacaciones.
La cena la hicimos en el propio hotel ya que había un restaurante de noodles con buenas opiniones y nos animamos a cenar unos bien picantes para entrar en calor.

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¡Y a dormir!

BEIJING (DÍA 20)

Para hoy teníamos reservada la visita a la Gran Muralla para hacer un trekking entre Jinshanling y Simatai.  Mirando mil opiniones y fotos, esta zona fue la que a nosotros nos pareció más auténtica y que, pese a que ya sabíamos que no iba a ser un camino de rosas por la dificultad del terreno, estábamos dispuestos a hacer el esfuerzo. Las vistas parecían maravillosas y el caminar por partes de muralla no restauradas le daba ese toque especial y diferente que tanto nos gusta.

Esta excursión la contratamos con un conductor que recomendaban en el foro de ‘losviajeros’: Lao Wang. Hablamos con él por WhatsApp (en inglés), acordamos el precio y la zona a visitar y ¡listo! una preocupación menos. Podéis visitar su web en el siguiente enlace.

El problema fue que la predicción del tiempo para el día no era muy halagüeña, más bien, era muy muy mala (lluvia al 100% y niebla) y ya la noche anterior le escribimos a Lao para cambiar nuestro plan. Era una gran pena porque me hacía mucha ilusión hacer ese recorrido y me disgusté bastante, pero era lo que debíamos hacer. El día anterior había lucido un sol espléndido, que rabia.

Desayunamos en el hotel (pedazo desayuno, por cierto) y salimos al lobby a esperar a nuestro conductor. Allí estaba, listo para llevamos a Mutianyu en su super coche equipado con todo tipo de amenities que hizo que nos quedáramos a cuadros. ¿Necesitabas pañuelos? tenía, ¿necesitabas un paraguas? tenía, ¿querías wi-fi para aprovechar el trayecto? tenía y te daba la clave, ¿te entraba hambre y querías unas chocolatinas o unos plátanos?, pues también tenía. Era increíble. Era como el coche fantástico, jajaja. La verdad es que sólo tengo buenas palabras para él, se adaptó en todo momento a los cambios, nos redujo la tarifa al ir a un trayecto de la muralla que estaba más cerca, nos trató como a reyes.

El tráfico que había en la ciudad era espantoso, retenciones, accidentes, y es que según nos comentó Lao, cuando llovía el caos se apoderaba de Beijing. Tened en cuenta esto si vais con el tiempo justo o queréis ir a ver la muralla en una escala de un vuelo, porque el tiempo que os indique Google maps puede convertirse en el doble y os podéis llevar un disgusto.

Llegamos al parking de Mutianyu, aparcamos y Lao nos compró los billetes para subir en el teleférico. La predicción no se había equivocado, seguía lloviendo (aunque de forma ligera) y la niebla se veía en lo alto. Nos daba miedo llegar arriba y no poder ver absolutamente nada, pero teníamos que intentarlo. No podíamos irnos de China sin ver la Muralla, esa no era una opción.

Cuando llegamos a lo alto respiramos tranquilos. Sí que había niebla pero ésta, lejos de empañar el paisaje, lo hacía muy especial (como pasó en Zhangjiajie) y nos regalaba una estampa otoñal preciosa. Además, no había apenas gente por lo que, aunque no era la idea que teníamos en mente para hoy, miramos el lado positivo y nos alegramos de habernos animado a ir. Disfrutamos de la muralla casi en soledad, cuando este tramo suele estar bastante concurrido.

Comenzamos a caminar pasando por las torres de vigilancia tan características sacando mil y una fotos desde diferentes ángulos. Que diferencia de esta parte de la muralla con la que vimos en la provincia de Gansú, mermada por las tormentas de arena al estar hecha de barro. No parecía que estuviéramos viendo lo mismo. Al menos, pudimos admirar las dos versiones: la reconstruida en Mutianyu y la auténtica en su parte final.

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La Gran Muralla China es una antigua fortificación construida y reconstruida entre el siglo V a.c. y el siglo XVI para proteger la frontera norte del imperio chino durante las sucesivas dinastías imperiales de los ataques de los nómadas xiongnu de Mongolia y Manchuria. Contando sus ramificaciones y construcciones secundarias, se calcula que tiene sobre unos 7.000 kilómetros de largo, desde la frontera con Corea hasta el desierto del Gobi.

Los materiales que utilizaron para construirla fueron los que disponían en los alrededores de la construcción. Cerca de Pekín se utilizó piedra caliza, en otros sitios se utilizó granito o ladrillo cocido. Básicamente, era una larga tapia de arcilla y arena, cubierta con varias paredes de ladrillo. Eso la hizo muy resistente a los impactos de armas de asedio.

Se construyeron fuertes a lo largo de la muralla, o directamente integrados en las paredes, con un sistema de señales de humo para impedir un ataque xiongnu. Para lograr la pronta llegada de refuerzos, el ejército hacia uso de la luz, principalmente para la caballería. La Gran Muralla también pasaba a través de las principales rutas comerciales, lo que les permitió el control de las importaciones. Cada torre, además, tiene escaleras únicas y de acceso difícil de manera que confundían al enemigo si entraba en ellas.

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Después de un par de horas subiendo y bajando por la muralla, la niebla empezó a bajar y llegó un punto en el que no veíamos apenas nada. Esa fue la señal de que nos teníamos que ir. Una visita corta pero intensa a una de las nuevas siete maravillas del mundo moderno. Y un dato curioso: ¿Sabíais que la Gran Muralla China está hermanada con la Muralla Romana de Lugo?.

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Bajamos nuevamente en el teleférico (aquí hay una alternativa que es bajar por un tobogán, pero lógicamente el día no estaba para ello) y dimos una vuelta por los puestos que había antes de llegar al aparcamiento. Aquí compramos unas muñequitas preciosas, a las que no me pude resistir y unos cuantos guerreros de terracota ya que sólo teníamos un trayecto hasta Shanghái y volvíamos a casa (en Xi’an eran más caros y teníamos más papeletas de que se nos rompieran en los viajes que teníamos por delante).

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Nuestro conductor estaba allí esperándonos. Nos montamos en el coche fantástico y pusimos rumbo a Beijing.

Lao nos comentó que, si queríamos, nos podía dejar en la parte de la ciudad que quisiéramos, pero el Templo de los Lamas cerraba a las 16:30, por lo que no nos daba tiempo a llegar y el Palacio de Verano cerraba a las 17:00 y tampoco nos apetecía mucho andar paseando por sus jardines con la que estaba cayendo. Preferimos ir al hotel, pegarnos una ducha, ponernos ropa seca y comer algo en un restaurante del centro comercial que había al lado del hotel. Nos despedimos de Lao, había sido un placer contar con él.

Para cenar queríamos ir a probar el famosos Pato Laqueado a la pekinesa (o Pato Pekinés) a un restaurante que me habían recomendado: Quianjude Roast Duck pero antes teníamos tiempo de ir a Wangfujing Snack Street, para ver las famosas brochetas de bichos (esta calle está justo al lado del restaurante). Había leído que lo habían clausurado, pero en algunos foros decían que aquí seguía habiendo, por lo que quisimos probar. Y ¡efectivamente! Pinchos de alacranes, escorpiones, larvas, gusanos, caballitos de mar, allí había de todo….¿que si nos atrevimos a probar algo? ¡Nooooo! ¡Ni locos! pero sí que sacamos unas fotitos.

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Y después de abrir boca con estos suculentos manjares nos fuimos a cenar. En el restaurante nos atendieron en inglés y nos explicaron cómo debíamos preparar las tortitas con el pato, la cebolla etc… Nos partieron el pato delante de nosotros y nos hicieron una bonita flor con él. La verdad es que yo no soy muy apasionada del pato, pero había que probarlo.

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Después de cenar nos planteamos, como en la noche anterior, ir a la Villa Olímpica pero diluviaba a mares, por lo que cogimos el metro y volvimos al hotel.

Nos faltó un día más en la capital para poder ver todo lo pendiente y haber disfrutado de un espectáculo acrobático o un espectáculo de ópera tradicional, pero los días no daban para más. Se terminaba nuestro tiempo en Beijing, nos quedábamos con un sabor de boca un poco agridulce debido al mal tiempo, pero bueno, no podíamos quejarnos.

BEIJING/SHANGHÁI (DÍA 21)

Hoy nuestro vuelo salía a las 11:30 a.m. por lo que nos daba tiempo a desayunar en el hotel tranquilamente. Hicimos el check-out y cogimos el metro para ir al aeropuerto. Era nuestro último vuelto interno en China, todos habían ido perfectos, sin retraso ni pérdida de equipajes y éste no fue la excepción. Llegamos a las 13:45 a la T2 de Shanghái. Cogimos el metro y nos fuimos directos al Radisson Blu Hotel Shanghai New World a dejar las maletas. El hotel es muy característico, con una especie de nave espacial en lo alto, muy bien situado al lado del metro y del centro, y con habitaciones muy amplias y confortables.

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Por si os sirviera de ayuda, el mapa del metro de Shanghái lo podéis ver pinchando aquí.

Como ya estaba anocheciendo decidimos salir a ver lo más impresionante de esta ciudad: su Skylineiluminado. 

Desde el Bund de Shanghái se tienen las mejores vistas panorámicas de la zona Pudong, lleno de rascacielos con espectaculares carteles de neón.
Nos quedamos alucinados al verlo. Hemos visto unos cuantos Skylines, pero este sin duda era especial. ¡Nos encantó!.

En estas fotos tomadas con el trípode, cortesía de mi chico, podéis ver en ellas la belleza de la que os hablo.

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Caminamos por el paseo identificando los diferentes edificios, tanto en la zona del Bund (edificio de la Aduana, edificio del Banco de Desarrollo de Pudong etc) como en la de Pudong (Torre Jinmáo, Torre Perla de Oriente, Torre de Shanghái o Shanghai World Financial Centrel, entre otras).

Pasear por la zona de Bund es tener la sensación de que nos encontramos en una clásica ciudad europea ya que cuando la ciudad de Shanghái era un puerto franco británico, se construyeron numerosos edificios (finales del siglo XIX y principios del XX). Dado que Shanghái se convirtió en uno de los centros financieros más importantes de Asia, muchos bancos europeos levantaron grandes edificios de estilo clásico. De noche iluminados es el mejor momento para admirarlos en todo su esplendor.

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Caminando de regreso al hotel nos encontramos con un Pizza Hut que tenía muy buena pinta (era muy chic) y decidimos entrar a cenar. Buen precio y pizzas muy ricas. Compramos algo en una mini-tienda que había abierta para desayunar al día siguiente en el hotel y ¡a la cama!.

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SHANGHÁI (DÍA 22)

Nuestro vuelo de regreso a España salía casi a media noche (23:50), por lo que teníamos todo el día para dar una vuelta por la ciudad.

He de decir que ya estábamos bastante cansados, llevábamos muchos días de viaje, con muchos desplazamientos, y no quisimos ni madrugar ni andar corriendo para ver más cosas. Desayunamos tranquilamente en la habitación y volvimos al mirador de la noche anterior para ver la misma panorámica pero de día. Era bonita, pero las luces y niebla de la noche le dan un toque, para mí, más especial.

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Por cierto, en esta zona, si se va a primera hora se puede ver a gente haciendo taichí, pero la pereza nos pudo en esta ocasión.

Cogimos el metro y nos fuimos al Bazar de Yùyuán donde picamos con un par de regalitos de última hora para la familia (y para nosotros) y curioseamos por las numerosas tiendas. Justo al lado se encuentran los Jardines de Yùnyuán, pero no nos apeteció entrar.

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Vimos un restaurante italiano que tenía buena pinta y decidimos entrar a comer algo para así después ir directos a la zona de Pudong.

Ah! Antes de ir al bazar quisimos ir a ver el Mercado de Antigüedades de Dongtai Rd ya que, según decía la Lonely Planet, “era una larga franja de guerreros de terracota en miniatura, figuritas de Guanyin, telas imperiales, estatuas de madera de luóhan, falsos coches de lata antiguos y chismes de la época de Mao” y nos llamaba un montón la atención, pero nos encontramos con que, después de una larga caminata, el mercado lo habían derruido. Quedaba alguna tienda abierta en los alrededores, pero nada parecido a lo que habíamos visto en fotos. Os ahorro el desplazamiento hasta allí.

Cogimos el metro y salimos en la otra orilla del río, admirando los rascacielos que ya habíamos visto desde la distancia y que ahora, estando al lado, nos impresionaban aún más.

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Nos acercamos a un parque en el que estaban pintando los niños casetas para los pájaros (para colgar en los árboles) y donde un grupo de gente en ropa interior estaba enrollándose en una sábana ¿? para tener una bonita panorámica de los rascacielos que estábamos viendo en la distancia.

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Impresionantes ¿verdad?

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Continuamos por el parque y buscamos un ángulo en el que se pudieran ver los rascacielos,esta vez del skyline, en todo su esplendor. A todos les pusimos motes: el abrebotellas, el tarro de colonia, el pirulí… lo que hace estar de vacaciones, jejeje.

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Ya empezaba a anochecer y teníamos un plan para cerrar el viaje de china por todo lo alto: tomarnos una copa en uno de los bares con vistas a los rascacielos mientras se iluminaba la ciudad: Bar Level 87 at Park Hyatt Shanghai. Muchos suben al observatorio pagando entrada, pues bien, os la podéis ahorrar y disfrutar de este espectáculo mientras os tomáis algo, no me digáis que no es mejor plan 🙂

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Debíamos ir al hotel a recoger las maletas para ir al aeropuerto, por lo que, aunque nos hubiéramos quedado allí arriba a cenar, no podíamos. Bajamos de las alturas, sacamos unas últimas fotos y cogimos el metro.

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La última experiencia en territorio Chino fue coger el Maglev, el tren bala que en 8 minutos nos situaba en el aeropuerto internacional de Pudong desde la estación Longyang Rd. El Shanghái Maglev fue la primera línea comercial de alta velocidad mediante levitación magnética construida en el mundo. Y si alguno os preguntáis qué es eso de la levitación magnética, os puedo decir que es un método por el cual un objeto se mantiene a flote por acción únicamente de un campo magnético, es decir, la presión magnética se contrapone a la gravedad. Yo no vi al tren volar cuando llegó a la estación, pero está claro que rápido es un rato

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Estábamos ya en la puerta de embarque, era media noche, y como pasaba en el cuento de La Cenicienta, el hechizo se terminaba y todas las cosas encantadas volvían a su forma real. Cual cenicienta perdiendo su zapato, la magia terminó.

Los meses y meses de preparación habían dado su fruto, habíamos disfrutado al máximo, con decepciones y con sorpresas, pero siempre, siempre, con muchas ganas e ilusión. Se cerraba el capítulo de nuestro Viaje de las Mil Millas, pero como en los buenos cuentos… ¡la historia continuará!

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