Marruecos: Las mil y una noches

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Aunque el famoso cuento de Aladín se desarrolla en Persia, cuando pensamos en Marruecos también nos vienen a la mente imágenes de lámparas mágicas, desiertos, alfombras y palacios. Una escapada donde, como leí en muchas páginas, estando tan cerca de casa te sientes muy lejos. ¿Queréis saber la ruta que hicimos en nuestra escapada al país vecino? ¡Seguid leyendo!

CUANDO IR

Como siempre os digo, elegir la mejor época para cada viaje es algo fundamental. En el caso de Marruecos la primavera y el otoño son las mejores opciones a nivel general. En verano el calor es sofocante (imaginaros en el desierto) y no quiero ni pensar en los olores que tiene que haber en los zocos (salvo que vayáis a la costa, en cuyo caso se podría considerar). Nosotros viajamos en Abril y aunque se podía ir con ropa ligera, al caer el sol y al amanecer hacía bastante fresco y había que llevar chaqueta. Para mí, una temperatura ideal, sol pero sin calor.

DATOS PRÁCTICOS

-Vuelos: A la ida fuimos en vuelo directo de Madrid a Marrakech con Iberia usando Avios para así reducir el coste (si no os suena esto podéis entrar en la web de iberia e informaros, os dejo el enlace). A la vuelta volamos desde Fez a Madrid con Ryanair. Ambos vuelos fueron baratísimos, es un destino en el que el avión no supone un coste importante sobre el presupuesto del viaje. Ida y vuelta nos costó 80 euros con maletas incluidas.

-Visado: Los ciudadanos españoles no necesitamos visado para entrar en Marruecos, por lo que los documentos necesarios son un pasaporte en vigor con una fecha de caducidad superior a seis meses  y rellenar y entregar un impreso que te dan en el avión. Si sois de otro país consultad los requisitos necesarios.

MUY IMPORTANTE: Cuando salgáis del país id con MUCHO TIEMPO, es decir, más de dos horas, que es lo que habitualmente se requiere. Las colas pueden hacer que os llevéis un susto e incluso que perdáis el vuelo. A mí me hicieron abrir la mochila que llevaba de mano y explicar que eran dos bultos que llevaba envueltos en papel de periódico (eran dos tazas que compré de regalo y que me las envolvieron así). Tres horas considero que es lo más acertado. Siempre es mejor que sobre tiempo que no al revés.

-Hoteles: Como hacemos en todos los viajes, los hoteles (riads en este caso) los llevábamos previamente elegidos y reservados desde España (salvo el tour del desierto, que eran fijos). Elegir riad no es tarea fácil y depende mucho de vuestros gustos y presupuesto. En la entrada os contaré los dos alojamientos que elegí y cuales fueron mis impresiones. Para mí una de las cosas más especiales en el viaje fue el alojamiento, por lo que os recomiendo dedicarle tiempo y esfuerzo.

-Moneda: En Marruecos la moneda es el Dírham marroquí (MAD) y aunque en muchos lugares aceptan pago con tarjeta (preguntamos previamente en los riads y restaurantes para asegurarnos) conviene llevar moneda local para las comidas y las compras en los bazares. Por ejemplo, en el riad de Marrakech había que pagar en efectivo (en euros) y el tour del desierto igual. Nosotros llevamos Euros y Dírhams cambiados desde España y allí no tuvimos que sacar de ningún cajero automático, nos organizamos con lo que llevamos.

-Excursiones y traslados: Varias fueron las excursiones que contratamos en este viaje. Nos gusta viajar por libre, pero la verdad es que no nos atrevimos a alquilar un coche y recorrer el país por nuestra cuenta.

Los traslados a/desde el aeropuerto os recomiendo contratarlos con vuestros riads. Nosotros al llegar a Marrakech decidimos ir en busca de un taxi con los precios que daban como referencia en el foro de “losviajeros” y nos encontramos con que ningún taxista quería llevarnos. Tirados allí en el aeropuerto nos tocó aceptar el precio que nos propusieron (que era el mismo que el del riad) con el inconveniente de que luego tuvimos que ir con las maletas por las calles peatonales buscando tu alojamiento. En Fez después de esta mala experiencia lo reservamos previamente con el riad y fuimos comodísimos.

El tour Marrakech-Merzouga-Fez lo contratamos con SaharaTours 4×4 y todos los detalles los acordamos con ellos vía email. Tuvimos que pagar una señal de 50 euros por paypal y el resto en efectivo cuando llegamos a Merzouga. La excursión fue en privado y en español y la verdad es que estuvo muy bien. Muy buenos alojamientos, buenos lugares para comer y el guía muy majo aunque no hablaba muy bien español. Luego os matizaré algunas cosas de la ruta, lo que más me gusto y lo que hubiera quitado de haberlo sabido.

La excursión a Chefchaouen o Chauen la contratamos un par de días antes a través de la web Viator. Fuimos en minibús y sin servicio de guía. Pensamos que igual en Fez podríamos contratar algún servicio de conductor privado para ir a Chauen, y así hacerlo a las horas que quisiéramos y con mayor tranquilidad, pero finalmente no fue así. Fue una paliza de viaje (seis horas y media i/v) y la hora no era la mejor (como siempre os digo, las fotos bonitas se sacan al amanecer/atardecer) pero era lo que había y preferimos verlo así a no verlo. Marruecos está aquí al lado y en cualquier otro momento podemos volver.

-Comida: Los platos marroquíes más famosos son el  cuscús, elaborado con sémola de trigo y acompañado normalmente de verduras, pollo o cordero y el Tajín, nombre con el que se conoce a todo aquello que se cocina en un recipiente compuesto por un plato de barro y una tapa cónica, cuya función es mantener el calor y el vapor durante y después de la cocción. A mí personalmente me encantó el tajín de pollo, con limón y aceitunas, algo que no había probado nunca y que me sorprendió, y los pinchos morunos marroquíes, una delicia. El pan de leña y el té son los acompañamientos indiscutibles en cada comida y son exquisitos también. Otro plato destacado es la Pastilla o Bastela, compuesto por capas de hojaldre rellenas de láminas de carne de pollo o paloma, intercaladas con pasta de almendra, todo ello horneado y aderezado con canela y azúcar glas.

No somos muy dados a comer en puestos callejeros (para evitar sustos) y los restaurantes de las ciudades en las que fuimos por libre los elegimos mirando opiniones en tripadvisor. En Marrakech reservamos una comida y un par de cenas desde España (luego os los explicaré dónde y el resultado). En la ruta por el desierto las comidas fueron mucho mejor de lo que nos esperábamos, comimos muy bien salvo en un lugar en el que por desgracia la pizza marroquí que nos pusieron nos sentó mal y nos pasamos toda la tarde/noche en la taza del W.C. (cosa que a mí, personalmente sólo me había pasado una vez en todos los años que llevo viajando). Marruecos no es uno de los países más sencillos para comer, al menos para nosotros, pero nos sorprendió con algunos platos.

EQUIPO

La ropa que metáis en la maleta dependerá de la época en la que vayáis. Yo en abril opté por llevar camisetas y blusas bastante recatadas y pantalones y vestidos largos. Aunque vi a muchísimas turistas con shorts, escotes etc. preferí ir discreta, respetando sus costumbres y evitando algún problema. Por las noches, como os he comentado hacía frío, por lo que añadí al equipaje una cazadora vaquera y un cortavientos con polar desmontable. En cuanto al calzado, zapatillas deportivas para las ciudades y botas bajas de trekking para el tour por el desierto. Crema del sol y gafas indispensable, y si vais en esta época un paraguas también ya que os puede hacer de todo. También debéis llevar una mochila si pasáis una noche en el desierto. Los dromedarios no pueden cargar con todo el equipaje y para una noche con meter cuatro cosas en una mochila será suficiente.

Los antidiarreicos siempre son buenos compañeros de viaje y en este caso por desgracia nos tocó utilizarlos. Hay farmacias pero os recomiendo llevar un mini botiquín con cosas básicas para evitar pérdida de tiempo y angustias innecesarias.

La electricidad en la mayor parte del país es de 220 voltios pero informaros en vuestros riads, ya que todavía en muchos sitios funciona a 110. Casi todos los enchufes son de clavija redonda, por lo que no hay que llevar ningún adaptador.

En cuanto al equipo fotográfico no hay nada destacable. Un trípode os vendrá muy bien si queréis hacer fotografía nocturna en el desierto (pero cuidado con sus dimensiones por lo que os he dicho antes de los dromedarios) y vuestro equipo habitual (cuerpo y objetivos, en este caso no llevé filtros).

Y ahora como siempre, os detallo cuál fue nuestra ruta ¿Preparados para cambiar de continente?


DÍA 1

¡Por fin había llegado nuestro primer viaje del año! Una escapadita que teníamos muchas ganas de hacer desde hacía tiempo, pero que nunca encontrábamos el momento oportuno.

Montados en el avión repasamos algunas cosas de la ruta de los próximos días por Marrakech y nos ilusionamos, como hacemos siempre, con todo lo que teníamos por delante. Nuevos lugares, nuevas experiencias… ¡como niños con zapatos nuevos!

El vuelo llegó puntual, hicimos la cola de control de pasaportes y recogimos nuestras maletas. Como os he adelantado en el apartado “excursiones  y traslados”, yo llevaba la idea de ir en taxi al riad pagando el precio que desde el foro de “losviajeros” me habían indicado (que era menor de lo que nos cobraba el riad). Con lo que no contaba era con que por mucho que digan que se regatea, aquí no hubo negociación posible. Nos dijeron que no nos llevaban por ese precio y nos quedamos allí tirados. Nos apartamos y estuvimos decidiendo qué hacer. El precio que nos pedían era el mismo que el riad, pero no les habíamos avisado, ir en autobús no nos apetecía nada  y no teníamos muchas más opciones. Finalmente nos tocó tragar y pagar a unos de los taxistas la tarifa que nos habían dicho.

Y aquí empezó nuestra segunda odisea del día: llegar al riad. El taxista nos dejó en el parking del riad Larousse (el trayecto duró unos 20 minutos) y se suponía que nuestro riad estaba a 200 metros de aquí, en el cuarto callejón a la derecha (nos dieron estas instrucciones al hacer la reserva).

Nada más bajarnos del taxi empezaron a agobiarnos un montón de personas preguntándonos qué hotel buscábamos y ofreciéndose a llevarnos. Nuestras alarmas saltaron y quisimos salir de allí cuanto antes y avanzar sin contar callejones ni nada por el estilo. Pensábamos que en el cuarto callejón habría un cartelito o alguna señal que nos indicara fácilmente donde estaba el riad y que no había que ir contando. Pero no, allí no había nada. Avanzamos cargando con las maletas, nos tuvimos que apartar porque no cabía un burro con el carro por la callejuela con nuestras maletas, seguían agobiándonos y nosotros no encontrábamos nuestro remanso de paz. Desesperados decidimos llamar al teléfono del riad y pedir que nos salieran a buscar. ¡Estábamos al lado! ¡Qué tontos! pero cuando no ves, no ves. Ya más tranquilos, dejamos el equipaje e hicimos el check in.

El Riad Palacio De Las Especias fue el elegido para nuestra estancia en Marrakech. Un riad decorado con un gusto exquisito, de estilo colonial, ubicado fuera de la medina pero a tan sólo 10 minutos a pie de la plaza Yamaa el Fna. Lo conocimos a través del programa “Españoles por el mundo” y nos encantó nada más verlo. Jose e Higinio han sabido restaurar una edificación del s. XIX propiedad de los Echerid, antigua familia de comerciantes de especias, al que años de abandono, habían llevado a la ruina. Todo, absolutamente todo estaba cuidado al detalle.

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Nos pidieron que descansáramos en el patio mientras preparaban el check in. ¡Y vaya espera! Sentados en aquel maravilloso oasis de tranquilidad, con nuestro primer té de menta y nuestros primeros dulces. Todo un detalle que nos encantó y que nos hizo olvidar en cuestión de segundos las malas experiencias que habíamos tenido un rato antes.

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Nuestra habitación estaba justo al lado del patio, en la planta baja. Se llamaba Bab Berrima y al igual que el resto del riad el buen gusto estaba plasmado en cada detalle. Si no vais a madrugar igual os pueden incomodar los ruidos y sería más adecuado elegir una de las habitaciones de los pisos superiores. De hecho, nos habíamos enamorado de una de las suites, más amplía y romántica a más no poder, pero estaba ocupada y la única libre para nuestras fechas era ésta.

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La piscina interior le daba al patio ese toque de frescor, tranquilidad y belleza que  esperas en un riad. En este viaje a Marruecos los alojamientos tenían un peso importante. El disfrutar de estas maravillas tan auténticas es una experiencia por sí sola, tanto como cualquier otra visita que hiciéramos en la ruta.

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Y por último, en la azotea había una terraza al aire libre con una jaima bereber, tumbonas y una ducha donde refrescarte si tomabas el sol. Toda una delicia donde relajarse después de una larga jornada de visitas.

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Después de hacer el tour por el riad y sacarle mil fotos, descansamos un poco, nos dimos un baño y decidimos ir a la plaza Yamaa el Fna, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985  y corazón de la medina de Marrakech. En escasos 15 minutos estábamos allí.  Todo lo que había leído sobre esta plaza se mostraba ante mis ojos: encantadores de serpientes, domadores de monos (que pena me dieron…), carruajes, mujeres haciendo tatuajes de henna, narradores de historias, dromedarios, puestos de zumo de naranja, turistas, locales…Todo lo que os podáis imaginar y más, lo encontrareis allí.

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Era una mezcla impresionante, no sabías a dónde mirar, todo un espectáculo en directo. Eso sí, el tema fotos…en cuanto me vio desde la distancia un encantador de serpientes fotografiandole, cogió una cobra y vino corriendo hacia mí para que le pagara o me la pusiera encima o yo que sé. ¡Y yo salí corriendo! me da algo si me acerca una. Tienen ojos en todas partes, jajaja.

La melodía de la plaza eran los tambores y las voces, las de los narradores de historias que hacían que la gente se sentara a su alrededor para escucharles. El olor era la mezcla de los puestos de comida que empezaban a calentar sus fogones para dar de cenar a los aventureros que se atrevían a ir allí (nosotros no nos fiamos, somos muy precavidos con la comida callejera).

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Después de dar una vuelta por la plaza y viendo que empezaba a anochecer, decidimos subir a la  que yo considero que es la mejor terraza desde donde ver la puesta de sol con un rico té con menta: Café De France. Tuvimos suerte y nos dieron una mesa en primera línea (de la última planta, para poder fotografiarla sin impedimentos). Desde arriba es desde donde se aprecia la grandiosidad de la plaza de Yamaa el Fna. Desde abajo se vive, desde arriba se degusta con tranquilidad.

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Sin duda, ésta es una de las imágenes típicas de Marrakech y una de las puestas de sol más famosas del mundo que no debéis perderos si visitáis la ciudad. Es única.

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Para cenar habíamos reservado desde España una mesa en el restaurante Pepe Nero (enlace a su web), a 10 minutos andando desde la plaza Yamaa el Fna (hay muchos carteles desde la plaza indicando la ruta para llegar hasta él, por lo que es muy sencillo y no te pierdes), con muy buenas opiniones y mucho encanto.

El restaurante está ubicado en un precioso riad, muy bien ambientado, con luz tenue y muy muy muy romántico, vamos, de los que me gustan a mí.

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El restaurante tiene dos cartas, una de comida italiana y una de comida local. Nosotros pedimos la italiana ya que sabíamos que el resto de días íbamos a hartamos de comer Tajín y cuscús. El servicio y la comida muy bien y las raciones aunque no son muy grandes están muy bien presentadas.

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Después de nuestra primera cena en la ciudad roja nos fuimos al riad a descansar. El viaje ya había comenzado.

DÍA 2

¡Pero qué bien habíamos dormido en esa cama! Nos despertó el cántico de los pajaritos antes que el despertador, remoloneamos un poco más y nos levantamos ansiosos por probar el desayuno casero que nos tendrían preparado. Zumo de naranja natural recién exprimido, croissants, tortitas, crepes, café, fruta…allí había de todo y todo riquísimo. Nos lo tomamos con calma, este viaje iba a ser así, tranquilo, además teníamos un largo día por delante y había que coger fuerzas.

Hoy recorreríamos los principales puntos de interés de la ciudad a pie, que es como se sienten las ciudades y como se descubren los rincones que no vienen en las guías.

La primera visita, por cercanía a nuestro riad, era la Mezquita de la Kutubía, edificada en el siglo XII para el culto de la religión islámica (está prohibida la entrada a no musulmanes). El nombre de la mezquita, que literalmente quiere decir “la de los libreros” (kutub en árabe es “libros”), hace referencia a la presencia del zoco de vendedores de libros que se desarrollaba en sus alrededores con más de cien puestos. Lo más representativo de la mezquita es su minarete, símbolo y punto de referencia de la ciudad que sirvió como modelo para la construcción de la Giralda de Sevilla en España y de la inacabada Torre Hasan de Rabat después. Hay quién dice que es la hermana gemela de la Giralda, pero yo opino que pueden ser hermanas, pero no gemelas, ya que hay diferencias notables.

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Desde el cuidado parque donde fotografiamos el minarete nos dirigimos a la Puerta de Bab Agnaou, una de las diecinueve puertas que hay en Marrakech, construida en el siglo XII en el época del imperio almohade (al igual que la mezquita de la Kutubía). Bab Agnaou era la entrada a la casba real en la parte sur de la medina y su función era principalmente decorativa.

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En los alrededores de la puerta pudimos ver el día a día de la gente local de Marrakech y, como no, la fotografiamos. Este tipo de fotos nos encantan, auténticas 100%, espontáneas, reales…

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Desde la puerta de Bab Agnaou nos dirigimos a las Tumbas Saadies. Había leído que si se iba muy tarde se formaban colas eternas para entrar y poder verlas, por lo que no quisimos arriesgarnos.

Las tumbas Saadies se encuentran ubicadas en un jardín cerrado junto a la mezquita de la kasbah y son un bello cementerio real que data de los tiempos del sultán Ahmad al-Mansur (1578-1603).

El mausoleo principal está compuesto por tres salas. La más famosa es la central, con doce llamativas columnas de mármol blanco, una decoración de estuco y una cúpula de madera de cedro tallada preciosa. Aquí podemos ver la tumba de Ahmad al-Mansur, su hijo Zidane, y sus sucesores inmediatos.

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Para poder verla hay que hacer cola, por lo que, como os he dicho antes, os recomiendo ir pronto, así esperareis poco y no tendréis que aguantar la espera, sobre todo si hace calor (ya que está al aire libre).

El segundo mausoleo fue construido por Ahmad al-Mansur para la tumba de su madre Lalla Messauda y es de forma cuadrada con dos salas laterales.

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Por último, en los jardines que comunican los dos edificios se encuentran tumbas de los soldados y sirvientes.

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Es una visita rápida e interesante, además, al estar situada en la Kasbah os permitirá callejear luego por esta zona tan auténtica y fotogénica (y comprobareis porque se le llama la ciudad roja).

Esto fue lo que hicimos antes de ir a comer, callejear a plena solana jajaja. No es la mejor hora, pero cuando se tienen los días  justos no queda otro remedio.

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Os llamará la atención otro minarete que se alza majestuoso. Pertenece a la mezquita Moulay El yazid.

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Desde aquí decidimos ir hacia la Mellah (antigua judería de Marrakech), concretamente a la Place des Ferblantiers donde comeríamos en el restaurante Kosybar un par de pizzas con una hermosa vista desde la zona sur de la medina (era uno de los restaurantes con encanto que llevaba apuntados).

La Place des Ferblantiers está rodeada de tiendas dedicadas a los objetos de metal (en otros tiempos eran los judíos quienes destacaban fabricando estos objetos).

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En esta plaza, cruzando la calle, hay una entrada al Mellah y justo a la izquierda se encuentra el mercado cubierto de los joyeros.

También os llamarán la atención los voluminosos conos de especias que se alinean en una sucesión de colores y aromas: azafrán, comino, mezclas de especias ya listas para condimentar los platos típicos o bolsas repletas de hierbas aromáticas o medicinales.

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El tiempo se estaba pasado volando y debíamos ir a ver el Palacio de la Bahía antes de que cerrara. No llevábamos muchas expectativas con este palacio ya que había leído que todas las estancias estaban vacías, pero por 10 dírhams y estando en la zona, era delito no entrar a echar un vistazo.

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Después de la visita al palacio, he de decir que a los dos nos gustó. Igual es porque ya sabíamos lo que nos íbamos a encontrar, pero salimos con buena sensación. Si queréis consultar precios, horarios y demás información podéis pinchar en su web.

El palacio fue construido a finales del siglo XIX, con la intención de ser el palacio más grande de todos los tiempos. Tiene 150 habitaciones situadas en una sola planta y a un mismo nivel debido a los problemas de movilidad que tenía el visir por su obesidad. Se dice que Ahmed Ben Moussa dedicó este palacio a su preferida entre las 4 esposas y 24 concubinas que conformaban su harén. De hecho, Palacio de la Bahía significa Palacio de la bella o la brillante.
Sin duda, lo que más impresiona del palacio de la Bahía es el gran patio, llamado Patio de honor. Las habitaciones que dan a este patio eran ocupadas por las concubinas del visir y sus hijos.

Podéis coger un guía para que os explique todo con detalle o llevaros la lección aprendida desde casa, a gusto del consumidor jeje. Si os parece pequeño debéis saber que tan solo se puede visitar un tercio del palacio, ya que el resto es propiedad privada de la familia real.

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Después de esta visita habríamos ido a ver la Madraza Ben Youseff pero estaba cerrada al público por restauración (hasta 2020). Podéis ver sus horarios, precios y si está abierta o no pinchando en su web.  Como esta visita no podíamos hacerla nos fuimos a explorar los Zocos antes de que cerraran.

El zoco de Marrakech es uno de los zocos más celebres del mundo y todo el que visita la ciudad tiene en mente estos establecimientos hacinados unos junto a otros con artículos de cuero (las famosas babuchas), de metal (por ejemplo teteras o lámparas), alfombras, cerámica, joyas, productos gastronómicos (dátiles, aceitunas, especias…), productos cosméticos (como el famoso aceite de Argán), herbolarios, souvenirs etc. Todo lo que te puedas imaginar lo tienes en el zoco de Marrakech.

El zoco es una locura, intenté marcar una ruta para no perdernos nada y lo primero que hicimos fue perdernos, jajaja. Orientarse no es nada fácil aunque al final todos los caminos conducen a Jamaa El Fna. Es un laberinto de compras en el que la única regla es no acudir el viernes por la mañana (ya que cierran) y tener en cuenta su horario de 9 a 19 horas. Después de esta hora encontrareis alguna tienda abierta, pero poca cosa.

No os extrañará que os diga que a los vendedores de Marrakech les encanta regatear. El precio inicial que te marcan siempre es desorbitado y hay que tener en cuenta que se debe pagar de la mitad para abajo. Es increíble como saben lo que te gusta, te miran donde miras y te lo traen, te hablan en tu idioma y te engatusan todo lo que pueden y más. Nosotros en Marrakech no compramos nada, teníamos un largo camino por delante y no queríamos ir cargados, por lo que nos limitamos a disfrutar del ambiente, ir tanteando precios de lo que queríamos comprar (babuchas, un par de tazas y una tetera, si no cargo con algo en un viaje reviento jajaja) y sacar fotos (aunque si no comprabas no les hacía mucha gracia).

Podría listaros los zocos que llevaba apuntados pero luego sobre el terreno esto no me sirvió para nada, por lo que lo único que os puedo aconsejar es que os dejéis llevar por sus laberínticas calles y disfrutéis de una experiencia única.

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Una plaza que me gustó especialmente fue la Place Rahba Kedima, con sus vistosas cestas y alfombras y una cafetería con vistas a la plaza donde tomarse algo para descansar de la jornada de compras: Café des épices.

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Hoy por la noche teníamos reservada una cena con espectáculo en el famoso restaurante Comptoir Darma, por lo que decidimos salir del zoco e irnos al riad a darnos una ducha y cambiarnos. Reservamos mesa a través de su web y para llegar  allí cogimos un taxi (ya que media hora andando de noche no nos hacía mucha gracia).

Es un restaurante de moda, de copas y fiesta para la “gente guapa” de la ciudad con alto poder adquisitivo, nada que ver con el romanticismo que tenía el restaurante de la noche anterior. A mí personalmente me pareció un lugar “vulgar”, con poca luz (apenas veías lo que tenías en el plato) y un espectáculo de danza del vientre que se asemejaba más a un striptease con hombres metiendo billetes en la ropa de las bailarinas que a una danza tradicional. El baile del candelabro fue lo que más me gustó y la comida aunque rica, pedimos hamburguesas, fue cara. Había tan poca luz que ni pude sacar fotos decentes del baile ni de la comida, por lo que os dejo una muestra con pésima calidad pero para que veáis lo que es. ¡Ah! y a la entrada te cachean (en mi caso me miraron el bolso nada más).

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Después de cenar cogimos un taxi y volvimos al riad. Nos habíamos ganado un merecido descanso después de un día intenso de visitas.

DÍA 3

¿Os he dicho que me encanta el riad que elegimos en Marrakech? Despertar allí cada mañana y salir a desayunar al patio era una maravilla. Me encantaría teletransportarme ahora mismo y volver a tener esa sensación.

Hoy teníamos por delante un día diferente, ya que íbamos a pasar la mayor parte del día en un solo lugar: La Mamounia. Y diréis ¿qué es eso? Seguramente el nombre del hotel no os suene, pero si veis la imagen de su piscina (una de las más famosas del mundo) sabréis de lo que estoy hablando.

La Mamounia es un hotel de lujo, ubicado en una antigua finca real del siglo XII en Marrakech y toma su nombre del jardín, que en el siglo XVIII fue regalo de bodas del rey Sidi Mohamed Ben Abdallah a su hijo Mamoum. La Mamounia es un mundo aparte, es un destino en sí mismo, pero como dormir en él no está al alcance de cualquier bolsillo (cuesta unos 600 euros la noche) miramos de qué forma podíamos disfrutar de este hotel sin arruinarnos. Y dimos con la clave: el pase de un día.

El pase de un día nos permitía, por 1.500 Mad/persona (unos 130 euros), entrar en el hotel, disfrutar del spa y de su maravillosa piscina interior y exterior, darnos un masaje de 60 minutos y degustar una comida en uno de los restaurantes del hotel. No está mal ¿verdad? Este pase lo reservé en su web y acordamos los detalles vía email (hora del masaje etc.)

Cogimos un taxi en la plaza del riad y le pedimos que nos llevara hasta el hotel (para no ir cargando con la bolsa donde llevábamos el bañador, chanclas, cámaras etc.) El taxista en un primer momento se pensó que sólo queríamos ver por el hotel por fuera, de hecho, al pasar por  la puerta tuve que decirle a uno de los guardias de seguridad del hotel que teníamos una reserva, porque ni el taxista quería parar ni ellos nos dejaban bajar, jajaja. Fue una situación un tanto peculiar. Una vez aclarado y mostrada la reserva nos indicaron hacia dónde debíamos ir para llegar a la recepción. Entrábamos en el universo de la Mamounia.

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Del hotel que os puedo decir, que es una preciosidad. Sus patios, sus salones, sus jardines…Estuvimos  paseando por todo el interior del hotel antes de ir a la zona de spa y sacando fotos a cada rincón, aunque lo mejor estaba por llegar.

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En la recepción del spa nos separaron. A mí me llevaron al vestuario de chicas y me explicaron (en inglés) dónde y cómo guardar la ropa, dónde coger el albornoz y las zapatillas y por donde debía salir una vez me hubiera cambiado.

Cuando terminé, abrí la puerta que me indicaron y salí a una preciosa sala con una iluminación tenue, una “piscina” y muchas lámparas decorando la estancia. Me pareció tan bonita que volví al vestuario a por el móvil para sacar una foto. Y me gustó tanto la foto que volví al vestuario para coger la cámara. La de vueltas que di, jajaja.

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Salió mi chico del vestuario y nos vinieron a buscar para llevarnos a otra sala de relajación con tumbonas donde esperaríamos a nuestras masajistas.

Decidimos que el masaje fuera en cabina doble para disfrutarlo en pareja, el día iba a ser romántico desde el inicio hasta el final. Parece mucho una hora pero a mí se me pasó volando, no quería que terminara jajaja, que gozada, que relax. Salimos de allí flotando en una nubecilla con cara de dormidos y atontados.

Volvimos a los vestuarios a ducharnos (que penita quitarme el aceite de argán con el que me habían dado el masaje porque estaba tan suaveeee) para poder ir a la joya del hotel: la piscina cubierta.

Refinada y tranquila allí estaba ella, ante mis ojos ¡qué preciosidad! Tanto tiempo viéndola en las revistas y por fin podía disfrutarla. Además, estábamos solos, por lo que la experiencia fue aún mejor. Mirad las fotos y entenderéis porqué tenía tantas ganas de estar allí.

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Nos dimos un baño, nos sacamos fotos, nos volvimos a bañar y por último nos metimos en el jacuzzi (que está en una sala contigua) hasta estar arrugaditos como pasas.

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El tiempo se estaba pasando volando y ya era hora de ducharnos de nuevo y cambiarnos para ir a comer al restaurante Le Français, el restaurante francés del hotel.

Nos ofrecieron comer en la terraza del restaurante y como la temperatura era ideal sin dudarlo lo aceptamos. El restaurante interior era muy elegante, pero nos parecía una pena no disfrutar de la terraza y del solecito.

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Nos recibieron con un té con menta riquísimo y nos fueron trayendo los platos del almuerzo. Todo, absolutamente todo estaba exquisito. Una presentación de diez, unos sabores refinados y un trato por parte de los camareros excelente. Incluso pudimos conversar con uno de ellos, ya que había estado en España y sabía español. Muy cercano y encantador.

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La mejor comida de todo el viaje a Marruecos, pero claro, siendo en La Mamonia la apuesta era segura.

Con el estómago bien lleno decidimos dar una vuelta por los jardines exteriores. El hotel cuenta con ocho hectáreas, 700 naranjos, 5000 rosales, 21 especies de cactus y 6 de palmeras, 200 olivos (algunos de más de 700 años)…un jardín a lo grande. Descansamos un rato en la piscina exterior (no saqué fotos porque aquí sí que había gente) y decidimos que ya era hora de salir de nuestra burbuja y volver a la bulliciosa Marrakech.

Tenía apuntado para ir a tomar un café a Le Grand Cafe de la Poste, en Guéliz, uno de los mejores restaurantes coloniales clásicos, pero había que coger un taxi para llegar hasta él y no queríamos andar dando tantas vueltas, por lo que decidimos ir al riad a dejar las cosas y dar un paseo por los zocos.

Volvimos a recorrer las callejuelas laberínticas llenas de tiendas, fuimos al zoco de los tintoreros y sacamos unas últimas fotos. Un contraste brutal después de haber estado en La Mamounia.

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Salimos del zoco y nos fuimos a la plaza de Yamaa el Fna para tomar un batido y cenar, esta vez desde la terraza del restaurante Zeitoun Café (donde los batidos son riquísimos pero la comida no tanto, a nosotros ni el Tajín ni el cuscús nos gustó por lo que recomiendo probar en otro restaurante para cenar, no fue una elección acertada).

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Debíamos preparar el equipaje y hacer el check out ya que al día siguiente salíamos muy temprano rumbo al desierto. Nos despedimos de la plaza de Yamaa el Fna y de la ciudad roja.

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Peeero no pude resistirme a fotografiar el riad de noche…Nuestras últimas horas allí, en nuestro oasis en medio del caos, la primera razón por la que la visita a Marruecos ya vale la pena. Adiós riad Palacio de las Especias, o más bien, hasta pronto.

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DÍA 4

Hoy no podíamos desayunar tranquilamente como los días anteriores ya que a las 8 de la mañana debíamos estar listos para comenzar el tour por el desierto. Nos prepararon una caja de desayuno para llevar y esperamos a que llegara nuestro conductor y guía en los próximos cuatro días.

La primera sorpresa fue que tuvimos que ver como nuestro conductor “arreglaba” un presunto golpe que le había dado a otro coche al sacarlo del aparcamiento. Y digo “presunto” porque el coche en cuestión estaba hecho un cristo. Allí discutiendo unos con otros, nosotros mirando sin saber qué decían y si la cosa iría a mayores, hasta que al final le tocó sacar dinero y pagarle. No sabemos cuánto fue pero nos quedamos a cuadros. En esos momentos me alegré de no haber alquilado un coche jajaja.

Como os comentaba al inicio del post, este tour lo contratamos con SaharaTours 4×4 y acordamos todos los detalles con Hasan por email. En su web podéis ver los diferentes recorridos que tienen en función de los días de los que dispongáis y lo que queráis ver. Nosotros elegimos el tour privado de 4 días/3 noches desde Marrakech hasta Fez pasando por Merzouga.

El coche era un 4×4 nuevo y muy cómodo y nuestro guía encantador (aunque no hablaba un español fluido). Nos dirigíamos hacía el Alto Atlas, más concretamente al puerto de Tizi-N´tichka, donde haríamos una parada para estirar las piernas y ver una panorámica de la zona. Este lugar es el paso de carreteras más alto del Norte de África, con 2260 metros de altura y es el camino a la puerta del Desierto del Sáhara. Enlaza el sur-este de Marrakech con la ciudad de Ouarzazate a través de las montañas del Atlas. Como veis en la foto la carretera es una culebrilla llena de curvas, no apta para los que se marean (llevar biodramina si es vuestro caso).

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Continuamos el viaje hasta llegar a una de las visitas que más ganas tenía de hacer en este tour: Ait Ben Haddou. Esta ciudad fortificada ( también llamada Ksar, cuyo significado es castillo)declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987, fue el escenario de películas tan famosas como La Reina del Desierto, Prince of Persia, Gladiator, La Momia o la histórica Lawrence de Arabia. Pero no podemos olvidarnos de la serie por excelencia: Juego de Tronos. En ella aparece como la ciudad que Daenerys Targaryan libera en el último capítulo de la tercera temporada. Además es el Ksar que mejor se conserva del país y es un claro ejemplo de la arquitectura del sur de Marruecos.

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Fuente: Internet

Me hubiera gustado visitar esta ciudad al amanecer o al atardecer por el tema fotográfico, pero era imposible cuadrarlo con los días que teníamos. El trayecto desde Marrakech era de tres horas y media, por lo que llegar al amanecer era imposible (a estas horas no nos llevaban) y si esperábamos al atardecer se hacía muy tarde para llegar a dormir al Valle del Dadés. Después de haber “vivido” el tour completo, y si os gusta la fotografía, yo eliminaría las últimas visitas que hicimos estando en el desierto y dormiría en esta zona para poder ver esta preciosidad en las mejores horas del día. De hecho, si volvemos a Marruecos esta va a ser una de las cosas que no van a faltar en la lista de imprescindibles. Cuando viajo es para conocer y vivir en primera persona un lugar, pero hay lugares fascinantes que merecen una segunda visita exclusivamente fotográfica y este es el caso de Ait Ben Haddou, uno de los lugares mágicos de Marruecos.

Hicimos una primera parada para verla en su conjunto desde la lejanía. En este mirador había encantadores de serpientes tocando, yo ni les miré, si me venían otra vez con la culebra en la mano como me pasó en Marrakech me daba algo jajaja.

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Se apreciaba lo que íbamos a ver, pero no fue hasta que nos acercamos cuando pude admirar en detalle lo que tantas veces había visto en la tele y en las fotografías. La vista desde el otro lado del río, ya de cerca, es la más espectacular, donde se puede apreciar estas construcciones hechas de adobe y madera junto a las palmeras que dan color al desolador paisaje desértico. Una imagen preciosa.

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Cruzamos el río y fuimos caminando hasta meternos en el interior de la fortaleza (el guía nos llevó por un lateral para no tener que pagar la entrada). Las torres y el laberinto de estrechas callejuelas que veíamos fueron construidas en el siglo XVII, pese a que la historia de Ait Ben Haddou se remonte a casi mil años atrás, cuando  paraban en la ciudad las antiguas caravanas de camellos que traían oro, plata y esclavos y regresaban con sal.

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El calor apretaba y había que subir un tramo importante hasta llegar a la parte alta para tener las vistas panorámicas. Nadie dijo que turistear fuera fácil, jajaja. Nuestro guía nos fue amenizando la subida contándonos que gracias a los fondos invertidos por la Unesco la ciudad se había podido conservar en tan buen estado. El adobe es un material que se deteriora con facilidad y hay que restaurarlo de forma permanente y esto implica dinero, por lo que sin estos fondos esta ciudad hubiera terminado en ruinas al estar prácticamente abandonada (queda alguna familia y algunas casas acondicionadas como talleres de artesanía que venden sus productos a los turistas).

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Las vistas desde lo alto son muy bonitas, pero sinceramente me quedo con las de la parte del río, además el calor no ayudaba a estar cómodo allí.

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Bajamos por un lugar diferente para poder ver otra parte de la ciudad. Me seguían sorprendiendo esas casas con ventanitas que parecían pintadas, como si fuera una maqueta y nosotros fuéramos muñecos que andábamos por ella.

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Era ya la hora de comer y nada mejor que hacerlo en la terraza de un restaurante, a la sombra pero con vistas a la ciudad. Maktoub fue el que nos recomendó el guía y fue todo un acierto: buena comida a base de Tanjín de pollo (este sí que estaba bueno, no como el de Marrakech y además barato) y una fresquita ensalada para acompañar (todo por 240 drh) con agua, mucha agua.

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Regresamos al coche y continuamos el viaje. Nuestra siguiente parada sería los Atlas Studios en Ouarzazate, los estudios de cine más famosos de África. En esta ciudad también podemos ver la Kasbah Taourit, pero en nuestra opinión no tenía tanto encanto como Ait Ben Haddou y decidimos no verla.

Llegábamos al Hollywood Marroquí y estábamos deseando ver los estudios donde se habían rodado películas como Astérix y Obélix: Misión Cleopatra, Babel, Gladiator, Black Hawk Derribado, El Reino de los Cielos, La Momia, Alejandro Magno, Prince of Persia: las Arenas del Tiempo y varias escenas de Juego de Tronos.

Dos esculturas egipcias señalaban la entrada de los estudios. El guía nos esperaba en el coche y nosotros, pese a que ya sabíamos que este lugar nada iba a tener que ver con los Estudios Universal que tanto nos gustaron en EEUU, decidimos comprar la entrada e ir en el tour en ingles que había en cinco minutos (os dejo el enlace a su web pinchando aquí).

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La guía de los estudios comenzó el recorrido y fue explicándo curiosidades de cada lugar, las películas para las que se había utilizado cada cosa etc. Es impresionante ver que prácticamente todo es mentira, las paredes no esconden nada detrás, los objetos son de cartón piedra, es un mundo de fantasía que cobra vida en las pantallas del cine.

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Os enseño algunos de estos lugares.

Templo tibetano de la película Kundum

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Essos, una de las ciudades por las que pasa Daenerys, la Madre de Dragones en Juego de Tronos. Antes de Essos, fue Jerusalén (en Kingdom of Heaven).

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Poblado en Prince of Persia

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Los diez mandamientos o Cleopatra

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Mercado de esclavos en Gladiator

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Templos egipcios exteriores e interiores para diferentes películas como La Momia, Tutankamon etc.

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Cesar Palace ( Astérix y Obélix)

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Jeep con el que Michael Douglas recorre con Kathleen Turner increíbles aventuras en la película La Joya del Nilo (el avión que pilotaba Michael Douglas también estaba pero lo estaban arreglando, por lo que lo vimos con operarios).

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Como podéis ver hay todo un despliegue de escenarios y muchos los reconoces fácilmente en las películas.

La guía explicó que había familias enteras en Ouarzazate dedicadas por completo al mundo del cine: figurantes, técnicos, hosteleros, artesanos que pueden montar un templo al detalle en tres o cuatro meses y desmontarlo para convertirlo en otra cosa… Por poner un ejemplo, en la película Astérix y Obélix: Misión Cleopatra participaron más de 2.500 figurantes y trabajaron 900 técnicos marroquíes.

La visita dura aproximadamente una hora y es muy curiosa, si os pilla de paso yo no me perdería este lugar.

Regresamos al coche y continuamos el viaje pasando por el Valle de las Rosas (donde se cultivan las rosas damasquinas para hacer el agua de rosas) pero no paramos ya que no queríamos comprar ningún producto. Si estáis interesados le decís al conductor y parará en alguna de las muchas tiendas que hay allí.

Antes de llegar a nuestro alojamiento en el Valle del Dadés nos detuvimos a observar unas curiosas formaciones rocosas llamadas “dedos de Dios” o “dedos de mono”. Están compuestas por estratos de arenisca rojiza casi verticales. Una parada rápida donde lo peor fue tener que rechazar de forma continua lo que varios niños intentaban vendernos.

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La última parada del día fue en nuestro hotel: EcoBio Riad. Los hoteles de este tour eran sorpresa, no sabíamos si estarían bien o no, pero afortunadamente estuvieron genial, y sobre todo con personal encantador que hizo que nos sintiéramos como en casa.

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Dejamos las maletas, nos ofrecieron un té en la terraza con vistas al cañón mientras preparaban la habitación, y cuando estuvo todo listo nos fuimos a descansar antes de la cena.

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La habitación sin grandes lujos pero muy limpia y la cama muy cómoda. Cenamos (imposible terminar toda la comida que nos pusieron, todo muy rico pero estábamos que reventábamos) y nos fuimos a la cama. Mañana partíamos rumbo al desierto y estábamos ansiosos por ello.

DÍA 5

Después de un sueño reparador, nos duchamos y fuimos a desayunar. Nuestro guía ya estaba esperándonos por lo que desayunamos y nos montamos en el coche.

Hicimos un par de paradas antes de llegar a las Gargantas del Todra, nuestra primera visita del día, para admirar los palmerales, pueblos y  kasbahs que estaban en nuestro camino. Marruecos 100%. Me encantó este paisaje tan auténtico.

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Continuamos el camino y llegamos a las Gargantas del Todra. Aparcamos el coche y nos quedamos impresionados con esas enormes moles de piedra que se alzaban ante nosotros. Había leído que era uno de los cañones rocosos más espectaculares y debo decir que es así. Las paredes de roca alcanzan los 160 metros, os podéis imaginar la impresión.

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Recorrimos este pequeño camino a pie (no se tarda más de 5 minutos en hacerlo) mientras sacábamos fotos y mirábamos cómo un grupo hacía escalada por estas paredes. Desde aquí parte una ruta de trekking de unas 3 horas que rodea la montaña desde el final de la garganta hasta Tizgui, por si alguien quiere recorrer esta zona con más calma. Nosotros las vimos y nos montamos de nuevo en el coche para poner rumbo al desierto.

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Ya de camino volví a ver otro palmeral y no me pude resistir a bajar la ventanilla y sacar unas fotos en marcha. La mimetización de las casas con el entorno es brutal y las palmeras le dan un toque muy auténtico. ¿Dónde están las casas? Buscad buscad.

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El trayecto hasta Merzouga era largo, por lo que paramos a comer en el camino. El restaurante se llamaba Kiki y por 200 drh comimos en la terraza suuuper bien. Nuevamente fue un restaurante elegido por nuestro guía/conductor y todo un acierto. Pedimos una ensalada de entrante, pinchos morunos y Tajín de pollo y estaba todo riquísimo.

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Continuamos el camino y le pedimos al guía que parara para poder comprarnos unos pañuelos que nos pondríamos a modo de turbante cuando fuéramos al desierto. Turistada, si, pero nos apetecía. Ya sabéis que a mí me encanta ponerme trapitos y disfrazarme siempre que pueda jejeje.

Con nuestro turbante en la mano y tan contentos como niños con zapatos nuevos llegamos al riad de Merzouga: Dar Hassan. Nos recibieron con un té, pastas y nos permitieron asearnos un poco y descansar antes de salir hacia el desierto (por cierto, aquí fue donde pagamos lo acordado por el tour). Hoy no dormiríamos en el riad, sino que nos esperaba una noche bajo el manto de estrellas del desierto del Sahara.

Como era una sola noche y los pobres dromedarios no podían cargar con nuestros maletones metimos lo indispensable en la mochila y dejamos el resto del equipaje en la consigna del riad. No os tenéis que complicar con esto: cepillo de dientes, un pijama (porque por la noche baja la temperatura), gafas de sol y crema protectora (muy muy importante, yo me quemé parte de la cara y los brazos a la ida por no darme crema). En función de la época en la que vayáis el nivel de abrigo deberá ser mayor o no (yo metí un polar y un cortavientos y fue suficiente, os recuerdo que fui en abril).

¡Y llegó la hora! Junto a nuestros compañeros de aventura nos subimos en un jeep que nos acercaría al lugar donde montaríamos en los dromedarios. Y una vez allí nos asignaron las “plazas” y nos fuimos montando de uno en uno.

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Los dromedarios por lo general tienen cara de buenazos, como podéis ver, son tranquilos y pacientes y tienen unas pestañas gruesas y enormes para proteger sus ojos de la arena que arrastra el viento. Su pelo es grueso y corto y tienen una sola joroba, a diferencia de los camellos bactrianos que conocimos en Badain Jaran con dos jorobas y pelo muy largo.

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Subirse al dromedario es fácil, lo que da un poco más de miedo es cuando se levanta. De hecho, una de las niñas que venía en nuestro grupo se puso a llorar porque le daba miedo. Al final su madre la convenció y pudimos partir.

Durante una hora nuestra caravana de dromedarios avanzó por el mar de dunas de Erg Chebbi hasta llegar a las haimas nómadas (vaya pintas con las gafas, pero la mezcla de sol y arena no se lleva bien con mis ojos azules).

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Lo que más me gustó del trayecto fue poder ver pequeños oasis con palmeras en medio de las dunas, quizás porque era algo que no había visto nunca y me pareció muy idílico.

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Pero he de ser sincera y es que con este paisaje me llevé una decepción, no por el lugar en sí, sino porque el listón estaba muy muy alto al haber estado en el desierto del Gobi el año anterior. Badain Jaran (la parte china del desierto del Gobi) lo visitamos en nuestro recorrido por el gigante asiático y claro, aunque las comparaciones son odiosas, fue inevitable recordar aquellas dunas de 500 metros que parecían montañas (es el desierto con las mayores dunas estacionarias de la tierra) y sentí que Erg Chebbi se nos quedaba pequeño. Para alguien que no haya estado en el desierto tiene que ser una maravilla ver este paisaje por primera vez, por lo que esta impresión que os relato es muy subjetiva, no quiero desanimar a nadie porque es una experiencia muy bonita.

Después de subir y bajar y llevarnos unos cuantos culetazos (ay que dolor de culo tuvimos al día siguiente) llegamos a las haimas. Nos bajamos de los dromedarios (da una impresión de la leche porque parece que te vas de morros al suelo) y comenzamos a subir una duda desde la que veríamos el campamento. Tenía buena pinta, la verdad. Pero antes no me pude resistir a sacarle un book de fotos a mi dromedario, se portó muy bien y la verdad es que me dio mucha penita que cargara conmigo durante tanto tiempo… Sonrió para la foto como podéis ver, jeje.

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También le hice carantoñas a un dromedario blanquito que me robó el corazón de lo bonito que era…

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Las haimas eran muy apañadas, con dos camas, mantas por si teníamos frío y todo estaba cubierto de alfombras para que nos sintiéramos en Marruecos al 100%.

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El comedor también muy bien montado.

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Había dos baños comunes muy limpios (en el Gobi no teníamos ese lujo,jajaja) por lo que para una noche era más que suficiente.

Después de dejar las mochilas e inspeccionar el terreno decidimos subir a una de las dunas de los alrededores para poder ver la puesta de sol. Y ¡buf! vaya subidita. Las dunas no serán muy grandes pero lo que sudé para llegar arriba.

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El sol empezó a bajar y esperamos hasta que se escondió por el horizonte.

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Una estampa bonita, pero no la mejor de este tour, como veréis luego en las fotos del amanecer.

Bajamos al campamento, descansamos un rato en las haimas y nos acercamos a la “hamima comedor” para cenar. El chico que llevaba nuestra caravana de dromedarios estaba allí preparando la cena ¡ese hombre valía para todo! Nos puso un par de velas para hacer la velada más romántica y nos sirvió una sopa de primero y un Tajín de segundo, con un montón de verdura y muy bien cocinado. La cena fue exquisita. Lo que hubiéramos dado por una cena así en Badain Jaran, jajaja.

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Cuando ya pensábamos que nos íbamos a ir a dormir nos dijeron que ahora venía lo mejor, que nos teníamos que acercar a la fogata que habían encendido para cantar y tocar bajo las estrellas. No pudimos decir que no y allí nos plantamos todo el grupo, cada uno de un lugar del mundo pero reunidos alrededor del fuego escuchando la música bereber y haciendo nuestros pinitos tocando sin ritmo ni gracia alguna, jajaja. Os dejo un fragmento de un vídeo de este momento.

La velada alrededor del fuego se estaba alargando demasiado y empezaba a hacer frío, por lo que decidimos irnos a la haima. Nuestra idea era sacar a la vía láctea pero yo era incapaz de volver a subir la duna de noche, por lo que apartamos esta idea, nos sacamos unas fotos muy básicas haciendo el tonto y nos fuimos a dormir (esta foto nocturna y todas en las que salgo yo son cortesía de mi chico, como siempre, tengo a un fotógrafo de 11 en casa).

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DÍA 6

Nuestro guía, cocinero, músico y cantante también hacía las veces de despertador, pero nosotros preferimos poner nuestras alarmas del móvil un poquito antes para poder ver el amanecer en soledad y desde un punto diferente. Como decía en el itinerario teníamos una “cita con el amanecer”.

Al madrugar más que el resto, los baños estaban libres, por lo que no tuvimos que hacer cola. Nos acondicionamos un poco, recogimos todo en la haima y comenzamos el ascenso por una duna. Madre mía que sudada otra vez, encima con el estómago vacío y con todo a cuestas, lo que hay que sufrir para sacar fotos, jajaja.

La luna todavía era visible y el sol aunque no iluminaba directamente si proporcionaba luz…la estampa nos dejó sin palabras. Mirad que maravilla. La luz en fotografía lo es todo, siempre lo digo, es una pena que no tengamos vacaciones eternas para poder estar en cada lugar a las mejores horas.

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La estampa era mil veces mejor que la del atardecer del día anterior y nos alegramos mucho de haber madrugado y haber optado por un lugar diferente al que sabíamos que iría el resto del grupo. La cámara echo humo durante un buen rato.

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Los juegos de luces y sombras nos regalaron imágenes como estas.

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Después de llenar nuestras retinas con estas imágenes, bajamos la duna para volver a montarnos en los dromedarios y regresar a Merzouga. Allí estaba mi chiquitín sentadito, aunque al verme pensaría “otra vez está aquí esta para cargar con ella”. Me dio un cargo de conciencia volverme a montar…

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Y con esta bonitas imagen de dunas y palmeras, nos despedimos de nuestra caravana de dromedarios y de la aventura por el desierto de Erg Chebbi en Marruecos.

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Nos montamos en los jeeps y nos acercaron hasta el riad (al igual que hicieron a la ida). Allí nos tenían preparado un desayuno estilo bufet con mil cosas para elegir. Después de la paliza de subir a la duna y del viaje de una hora en dromedario, sentarnos a desayunar nos vino genial.

Ya con las energías repuestas nos montamos de nuevo en nuestro jeep privado y emprendimos la ruta para hacer las visitas programadas durante la mañana (el resto de visitas las hicimos solos nosotros dos).

La primera visita fue el Oasis de Tissardmin, un lugar repleto de palmeras y rodeado de dunas donde los lugareños de Merzouga tenían pequeños huertos. Lo he comentado antes, los oasis y palmerales fue lo que más me llamó la atención del paisaje desértico de esta zona marroquí.

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Nuestra siguiente parada era la visita a un asentamiento nómada y el trayecto hasta él nos brindó paisajes muy auténticos, que me volvieron a encandilar y por los que le pedimos que parara para poder sacar algunas fotos.

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Continuamos la marcha  hacia el sur para conectar por pista con parte de la ruta seguida por el antiguo París-Dakar. Fuimos con el coche subiendo y bajando dunas (al estilo de Badain Jaran en versión light) y mi chico le hizo muchas preguntas a nuestro conductor ya que su hermano había corrido este rally. Fuimos dejando a la derecha las dunas y a la izquierda la frontera con Argelia.

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Y llegamos al asentamiento nómada. Esta visita que yo me la esperaba de turistada total fue una grata sorpresa. Tuvimos la suerte de pasar un buen rato con los niños de esta familia en su haima mientras tomábamos un auténtico y rico té bereber con dulces. Además, nos enseñaron el horno donde cocinan el pan que tanto me gustó y donde tenían otros fogones para cocinar la comida.

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En mi cámara tenía todavía las fotos de nuestro anterior viaje por Islandia y los niños alucinaron viendo los vídeos de las ballenas, las fotos de las focas, las casas con hierba en el tejado o los grandes bloques de hielo de Jökulsárlón. Nuestro conductor les iba traduciendo lo que iban viendo porque no sabían lo que era y sus caras eran de asombro absoluto. No iban a la escuela, no tenían tele, ni consolas, ni móvil ni nada por el estilo. Lo que sí que tenían era una alegría que llenaba toda la haima.

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Continuamos por la pista del Dakar para llegar al pueblo francés de Mtis, antigua ciudad minera abandonada después del protectorado (hasta se apreciaban los restos de una iglesia cristiana).

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Vuelta al 4×4 para atravesar las dunas y llegar al pueblo de Khamlia (poblado originario de Mali) donde disfrutamos de un pequeño concierto de música espiritual de Gnawa. Nos ofrecieron un té y estuvimos un rato viendo cómo tocaban y bailaban, incluso alguno se animó a salir a bailar con ellos.

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En mi opinión esta parada sobraba en la ruta ya que por 15 minutos que estuvimos allí nos hicieron comprar un cd de música de forma obligada y esto no nos gustó. En el tour no se indicaba que tuviéramos que pagar por ello, y de haberlo sabido no hubiéramos entrado. Igual lo estáis leyendo y a vosotros sí que os gustan este tipo de actividades, pero yo he de dar mi opinión sincera y creo que es prescindible totalmente. Se ayuda a la gente del pueblo para que saquen un dinerillo de esta forma pero deberían avisarlo.

Con ese pequeño mal sabor de boca nos fuimos a comer a un restaurante cercano. Se llamaba Nora y su especialidad era la pizza bereber, por lo que ni nos lo pensamos y la pedimos. Nos sentamos en el patio interior, muy coqueto decorado y además con mucha tranquilidad ya que estábamos solos.

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Pedimos agua y una ensalada de entrante, pero cuando nos dispusimos a comer vimos que el agua de los vasos tenía arena y la ensalada también. Al principio pensamos decirle al camarero que nos los cambiaran, pero al movernos del lugar donde estábamos sentados vimos que la arena estaba por todos lados: cojines, sillas, mesas etc. No había sido buena elección comer aquí…Nos trajeron la pizza (estaba riquísima por cierto) y nos la comimos rápidamente para que no se nos llenara de arena.

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Por hoy ya se habían terminado las visitas. Regresamos al riad y nos asignaron la habitación. Estaba genial, tenía tres camas (nos sobró una jeje) y era muy confortable. Además en el baño había dos cúpulas con estrellas y cuando encendías la luz se iluminaban en el techo, muy chulis.

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Dormimos un rato la siesta y aprovechamos la tarde para disfrutar de la piscina y la tranquilidad que allí se respiraba.

El riad la verdad es que estaba genial, impoluto, muy bien decorado y sobretodo con un personal en el que la palabra amable se quedaba corta. No recuerdo su nombre, pero el chico que nos recibió y nos atendió en el comedor era de diez, un encanto.

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La idea era ir a dar una vuelta por el pueblo cuando bajara el sol, e incluso mirar unos buggies para ir por las dunas de nuevo, pero empezamos a encontrarnos mal. Y de encontrarnos mal pasamos a estar vomitando sin parar, con pinchazos en el estómago y muy mal cuerpo. Se ve que la pizza bereber nos había sentado mal y nos hizo estar hasta la cena metidos en la cama sin levantarnos más que para ir al baño.

Y bueno, a la hora de cenar yo era ver la comida y entrarme de nuevo ganas de vomitar. El chico que nos atendía en el comedor estaba súper preocupado, a mí me trajo un arroz blanco sin especias ni nada y se ofreció a hacerme una manzanilla o a prepararme lo que yo quisiera. Me dio mucha pena no poder probar todo lo que nos ofrecía, porque tenía que estar muy bueno y el chico era tan tan majo que rechazarlo me dolió en el alma, pero mi estómago era incapaz de probar nada. Me tomé varias pastillas de Almax y empecé a tener el estómago más asentado.

El día no terminaba muy bien, pero esperábamos encontrarnos mejor al día siguiente.

DÍA 7

Por suerte amanecimos mucho mejor ¡menos mal! Que diferentes se ven las cosas cuando te sientes bien. Pasamos una tarde-noche horrible pero por suerte no perdimos ninguna visita y fue en nuestro tiempo libre, por lo que el mal rato se quedó sólo en eso.

Fuimos a desayunar y al igual que el día anterior todo tenía muy buena pinta, pero preferimos no abusar para cuidar el estómago. Después de este tranquilo desayuno, cerramos las maletas y nos despedimos del personal del riad. Teníamos por delante casi 7 horas de trayecto sin contar paradas hasta llegar a Fez, nuestro siguiente destino.

El primer punto panorámico en el que paramos fue el Palmeral u Oasis de Tafilalet, uno de los mayores palmerales del mundo.

Durante kilómetros y kilómetros veíamos este edén de vegetación circundante al río y al propio desierto, como si de un río de vegetación se tratara surcando por el cañón de tierras rojizas. No me dejaba de impresionar esta estampa de palmeras al lado del desierto y sus pueblos mimetizados. Como os he dicho antes, es una de las cosas que más me gustó de Marruecos.

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Continuamos la ruta viendo como el paisaje iba cambiando, pasando del árido desierto a la nieve de las montañas.

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La parada para comer la hicimos en Midelt, en el corazón del Medio Atlas. El  “restaurante” no era tan bueno como los de los días anteriores pero la comida no estaba mal. Pedimos una tortilla francesa y té para continuar con nuestra adaptación de estómago y nos sentó de maravilla. No os puedo decir el nombre del local porque no lo apunté, estaba al lado de la carretera y no era especialmente bonito…

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Continuamos el camino parando en un bosque de cedros donde nos encontramos infinidad de monos deseosos de que les diéramos de comer los cacahuetes que vendían oportunamente los lugareños.

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No nos entretuvimos mucho, unas cuantas fotos y al coche de nuevo.

Ifrane la conocimos de pasada. Situada a 1.630 metros sobre el nivel del mar es una ciudad con una arquitectura típica alpina que cuenta con la pista de esquí Michlifen. A esta ciudad la llaman la Suiza Marroquí y sinceramente podría ser, ya que para nada parece que estés en Marruecos. Como no paramos solo puedo enseñaros una foto que saqué desde el coche, donde podéis ver que las casas nada tienen que ver con las construcciones de adobe que habíamos visto horas antes.

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Una hora y media después ya estábamos llegando a Fez. Nos despedimos de nuestro guía conductor y le agradecimos lo bien que había conducido todo el trayecto (vimos varios accidentes de coches y mini autobuses con turistas).

Riad Ibn Battouta & Spa fue el alojamiento elegido en Fez. Nada tenía que ver con el riad de Marrakech, era un estilo totalmente diferente pero era lo que buscaba.

La habitación que había elegido era la Suite Iwalatan, preciosa, con una bóveda en el techo que se iluminaba con la luz del día, un cabecero de madera impresionante y una decoración muy del estilo de “Las mil y una noches”.

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La habitación era perfecta pero del baño no puedo decir lo mismo. Aunque en la foto podéis ver que la zona de los lavabos está muy bien, no se ve la “ducha” que había. Un rincón de madera totalmente desgastada en el que daba miedo meterse. Deberían de reformar la ducha porque desluce mucho la habitación.

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La llave de la suite, nada discreta por cierto jajaja, era una mano de Fátima (Jamsa o Hamsa)  un amuleto o símbolo de protección utilizado principalmente por judíos y musulmanes pese a que no tenga relación alguna con el judaísmo o el islam. Este símbolo puede tener más de un significado y todo depende de si se sitúa la mano de Fátima hacia arriba o hacia abajo. Hacia arriba, que es la posición original, indica fuerza, poder y bendición (también se usa contra el mal de ojo). Sin embargo el significado de la mano de Fátima hacia abajo cambia completamente, ya que se suele utilizar con “el ojo de Fátima”, más conocido como el “Ojo turco” o “el ojo de Dios” , que suele ser azul, y suele atraer suerte, paciencia y amor, por eso lo denominan también “La mano de la suerte”.

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El patio del riad, aunque totalmente diferente al del Palacio de las Especias, era muy auténtico. Allí nos recibieron con un té, como ya venía siendo costumbre en nuestro viaje.

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El hotel tenía rincones muy bonitos, pasillos con encanto y detalles auténticos, aunque en las zonas comunes un poco de limpieza le vendría bien (en las escaleras la moqueta estaba sucia y las lámparas que deberían iluminar los escalones no estaban conectadas). Algo que no pasaba en el Palacio de las Especias, donde todo estaba impoluto y cuidado al detalle. En general, un poco más de mantenimiento le vendría muy bien a este riad.

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Deberéis tener en cuenta que el riad no tiene ascensor y que para subir a las habitaciones hay bastantes escaleras. Las maletas te las suben pero si tenéis niños o algún problema de movilidad valoradlo.

Su ubicación es inmejorable ya que está al lado de la medina pero sin estar en ella, por lo que el taxi te puede dejar y recoger en la puerta. Se puede pagar con tarjeta y proporcionan servicio de traslado al aeropuerto (de pago).

Y algo de lo que no nos quejamos porque no tiene culpa el riad pero que sí que debéis saber, es que está al lado de una sala de bodas o eventos y la música suena hasta media noche. Si vais a llegar tarde al hotel no os molestará pero si no es así y queréis descansar llevaros tapones o elegir otro riad.

Después de acomodarnos y descansar un poco valoramos si anular la reserva para cenar que había hecho desde España en el Riad Rcif .Estábamos tan agotados de la paliza de coche que nos habíamos metido que optamos por cancelarla e ir a cenar a un restaurante cercano de los que llevaba apuntados (una pena porque el sitio me gustó mucho y tenía muy buenas opiniones, otra vez será).

Cinema Café fue el elegido, un local informal, de ambiente joven y comida internacional, algo que a mí me apetecía especialmente después de tantos días repitiendo platos marroquíes. Pedí hamburguesa y para beber un par de smoothies de té espectacular. Si os atrevéis podéis pedir la hamburguesa de camello, nosotros no nos la jugamos después del susto estomacal jajaja.

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Volvimos al riad a descansar. Ni la fiesta de las fiestas nos hubiera despertado, caímos como moscas jajaja.

DÍA 8

Amanecíamos en Fez, en la ciudad con la medina más grande del mundo, pero hoy no teníamos que preocuparnos de rutas ni itinerarios porque desde España había contratado un tour con una guía oficial que recomendaban en foros y en algún otro blog: Marian.

Contacté con ella por washap desde España y nos reservó la mañana para hacer la visita a los lugares más destacables de Fez. Si queréis visitar el zoco con un guía deberéis tener mucho cuidado y contratar guías oficiales, no cualquier persona que os ofrezca sus servicios por la calle (“falsos guías”). Mi consejo es que lo reservéis en vuestro hotel/riad o con alguna agencia con la que llevéis el precio pactado desde un inicio.

Pero antes de todo esto debíamos desayunar ¡y que desayuno! tortitas, bollos, café, zumo de naranja, bizcocho, yogur… Las cosas no entraban en la mesa jajaja.

Marian llegó puntual, nos presentamos y salimos del riad para comenzar el recorrido. Solo tengo buenas palabras para ella. Es una mujer súper agradable, que habla por los codos, sabe muchísimo y tiene una vitalidad y un entusiasmo impresionante.

Lo primero que vimos fue la preciosa puerta monumental  Bab Boujloud. Construida en 1913, la puerta es el principal acceso a la Medina Fez el Bali, la zona más antigua y con más encanto de la ciudad. Está formada por tres arcos de herradura simétricos decorados con azulejos azules.

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Desde este lugar es posible ver el minarete de la mezquita que se encuentra en esta zona de Fez y de la famosa madraza Bou Inania, una de las relevantes en Marruecos.

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Desde aquí callejeamos pasando por Bab Chems, el parque Jnane Sbil (un oasis verde en medio de la ciudad) hasta llegar a la parte trasera del Café La Noria con su noria de agua en funcionamiento. Marian nos iba explicando curiosidades de la ciudad y costumbres, es una gozada contar con alguien que se implica tanto.

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Llegamos al mercado cubierto al inicio de la calle Rue de Fes el Jdid, donde había muy pocos puestos abiertos al ser tan temprano. Me sorprendió que a diferencia de lo que pasaba en Marrakech, aquí los dependientes “posaban” para la foto y no te decían absolutamente nada. Puede que fuera porque íbamos con Marian y les hablaba, pero la percepción fue muy muy diferente (para mejor).

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Y por último nos adentramos de lleno en el Barrio Judío de Fez (Mellah) una de las zonas más tradicionales y antiguas de Fez.

Actualmente los mercaderes marroquíes se han hecho con las tiendas de la zona pero en la antigüedad fue la residencia de la comunidad judía (que poseía el monopolio del comercio con los metales preciosos).

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Una de las cosas que más os llamará la atención del Barrio Judío es que los edificios tienen balcones exteriores, algo opuesto a la arquitectura marroquí donde las ventanas están orientadas hacia un patio interior.

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Después del paseo llegamos a una de las visitas top de la ciudad: El Palacio Real. Había visto mil fotos de sus maravillosas puertas y tenía muchísimas ganas de contemplarlas con mis propios ojos y la verdad es que lucían tan imponentes como me esperaba.

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Las puertas de madera maciza tienen un forrado de bronce (acercaros hasta ellas, no os quedéis sólo con la imagen general porque el labrado es espectacular) y están enmarcadas por unos bonitos azulejos zellige (donde predominan los colores azul de Fez y verde del Islam) y maderas de cerro talladas, lo que hacen que el conjunto tenga una belleza única.

Además, como curiosidad, os cuento que las siete puertas que se ven en el frontal del palacio representan los siete días de la semana y los siete grados de la Monarquía.

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Unas preciosas imágenes que nos hicieron divagar sobre lo que esconderían tras ellas, ya que el palacio no está abierto al público al tratarse de una residencia real.

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Como veis en las imágenes esta es una visita imprescindible en Fez.

Cogimos un taxi para ir hasta la puerta Bab Rcif  (ya que andando hubiera sido más de media hora) y madre mía ¡cómo negoció Marian con el taxista! Alucinados nos quedamos jajaja.

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Cruzamos esta puerta para ir en busca de la curtiduría Chouwara, uno de los lugares más representativos y pintorescos de Fez.

Cuando nos acercábamos a ellas vimos a personas y a burros cargados con pieles. En la medina las calles son tan estrechas que no entran los vehículos, por lo que el trasporte se realiza de esta forma, a la vieja usanza.

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Para poder ver las curtidurías no os quedará más remedio que acudir a una de las muchas tiendas con terrazas que hay en sus alrededores. La entrada es gratuita y una persona os explicará el proceso de elaboración del cuero con el fin de que compréis después algo en la tienda (en nuestro caso era un señor andaluz muy majete que no nos pidió dinero alguno ni nos insistió para comprar nada).

Al asomarnos por la terraza vimos esa estampa típica de cientos de fosas repletas de tintes naturales y a los curtidores coloreando las piezas.

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Como podéis ver en la foto, hay dos zonas diferenciadas: las cubas blancas que contienen cal y excrementos de paloma donde se introducen las pieles para disolver el pelo y conseguir el desdoblamiento de fibras a fibrillas (con esto se prepara el cuero para su posterior curtición) y las cubas marrones donde se colorean las piezas.

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Habíamos leído que olía fatal, y no sé si fue porque era Abril y no hacía nada de calor (de hecho durante el día llovió) pero a nosotros no nos lo pareció.

Es todo un espectáculo ver a los curtidores trabajando (fuimos por la mañana porque dicen que es cuando hay más actividad) y pasamos en la terraza un buen rato sacando fotos y disfrutando de la panorámica y de la pintoresca escena.

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Nos reencontramos con Marian a la salida de la tienda y comenzamos el recorrido por el zoco.

Ya habíamos visto el zoco de Marrakech, pero el de Fez nos sorprendió y a mí personalmente me pareció muchísimo más auténtico que el primero. La fama se la lleva Marrakech, pero es en Fez donde sientes que el tiempo se ha detenido, parece que estás en otro mundo y en otra época, una sensación que me encanta tener en mis viajes. Para mí es un lugar único en el mundo y eso que las fotos no hacen justicia a lo que ven los ojos. Hay que ver, escuchar, oler y sentir en primera persona el ambiente del zoco de Fez.

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Vimos todo tipo de puestos, pero esta vez con la explicación de lo que era cada cosa y con la suerte de poder probar un montón de manjares, porque Mariam hablaba con los comerciantes y nos ofrecían sus productos con una gran sonrisa. Todos súper amables con nosotros.

Si os preguntáis si merece la pena contratar un guía para este recorrido mi respuesta es rotundamente sí. Eso sí, oficial y de confianza, porque aunque no vayáis a poder sacar fotos con la misma tranquilidad y detenimiento que yendo solos, el hecho de que una persona te guíe por el laberinto de más de 9.000 callejuelas del zoco y te explique de primera mano todo es un lujo. Y el zoco de Fez no es el de Marrakech, un guía para mí es básico (aunque luego vayáis solos para perderos por sus callejuelas, pero después de haberlo visto en condiciones).

Carnicerías y pescaderías sin moscas, con un género con muy buena pinta.

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Vimos también un horno de pan que me trajo muy buenos recuerdos de cuando era pequeña e iba con mi madre a hacer pastas y bollo coscaron (muy típico de mi tierra) y un olor que ummmm. El pan de Marruecos me encantó y aquí pudimos ver cómo lo cocían.

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Puestos de requesón, especias y dátiles.

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Puestos típicos de babuchas,teteras, Tajines y cerámica.

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Talleres no turísticos donde vimos cómo elaboraban las preciosas lámparas que tanto me gustaron (me habría llevado un par de ellas para casa, una pena que no entraran en la maleta, jeje), donde cocinaban los crepes que nos ponían en el desayuno o los puestos de complementos de boda (muy curiosos los altares donde llevan a la novia).

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Pasamos por la Plaza de Seffarine donde aún se conserva uno de los oficios más antiguos de Fez, el de los caldereros, que golpean el metal para darle forma.

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Continuamos la visita bajo la intensa lluvia. Menos mal que fuimos precavidos al ver que anunciaban mal tiempo y nos llevamos paraguas y botas de treking porque con las deportivas y el barrizal que se formaba en el suelo hubiéramos andado fatal. Tened en cuenta esto si vais en meses que no haga mucho calor.

Nos asomamos a la puerta del mausoleo de Mulay Idrís (por fuera, porque las personas no musulmanas no pueden entrar) y nos quedamos asombrados del lujo decorativo del lugar. Mulay Idrís fue el rey de Marruecos entre los años 807 y 828 y fundador de la ciudad por segunda vez en el año 810. Es el patrón de Fez y el santo más venerado de todo el país.

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La Medersa Attarine y Bou Inania no las visitamos pero si os interesan podéis apuntarlas en vuestro recorrido (la entrada cuesta 10 MAD). La lluvia nos estropeó un poco el recorrido porque era bastante incómodo andar con los paraguas por las calles, pero aun así no me resistí a sacar fotos de las preciosas puertas, fachadas, fuentes  y detalles que a cada paso nos íbamos encontrando.

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La lluvia no pudo conmigo, mirad que preciosidades.

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El tiempo había pasado volando. No habíamos comido y ¡eran las cinco y media de la tarde! Nos despedimos de Marian, le pagamos, le dimos las gracias por el buen rato que habíamos pasado con ella y todo lo que habíamos aprendido y nos fuimos a comer/cenar a un lugar que llevaba apuntado: Café Clock.

La idea era subir a la terraza y comer allí porque las vistas al minarete son muy bonitas, pero hacía mucho frío y estábamos destemplados de estar tanto tiempo en la calle, por lo que optamos por comer un par de hamburguesas en la planta de abajo. La carta está muy bien y tienen platos diferentes si queréis desconectar de la comida típica marroquí.

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Había parado de llover y el cielo estaba despejado pero estábamos agotados por lo que decidimos irnos al riad a descansar. Salimos por la Puerta Bab Bou Jeloud despidiéndonos de la imagen que habíamos visto a primera hora de la mañana.

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La sala de fiestas de al lado del riad estaba en plenos festejos y aunque estuvimos esperando a que saliera la novia del coche no parecía decidida, por lo que solo sacamos fotos a los que estaban fuera esperándola, muy graciosos.

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Duchita en el rincón tenebroso del baño y a dormir, que al día siguiente tocaba madrugar.

DÍA 9

El día amanecía nublado pero no pronosticaban lluvia ¡menos mal! Para hoy teníamos reservado el tour a Chefchaouen (o Chauen) para pasar el día. Como he comentado al inicio del post, este servicio lo reservamos a través de Viator.

Recogimos a otras 4 personas en sus riads y comenzamos el trayecto de tres horas y media hasta llegar a la ciudad azul marroquí. Nota: el conductor ni papa de inglés, no nos habló en todo el camino salvo cuando paramos para ir al baño y al llegar a Chauen.

El viaje se hace largo, no lo voy a negar, pero bueno, no teníamos más días. Quizás lo ideal es hacer noche en esta encantadora ciudad y así andar con más calma, pero era lo que había. Si visitamos en otra ocasión el norte de Marruecos volveremos a visitar esta zona seguro.

En el camino nos sorprendió lo verde que estaba todo. Si no fuera porque íbamos en un minibús con dos coreanos, dos inglesas y un conductor que no nos ponía ni música hubiera pensado que estábamos en el norte de España, jajaja.

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El conductor paró antes de llegar a la ciudad para que pudiéramos ver una panorámica de lejos, pero lo más espectacular estaba por llegar.

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Cuando llegamos a la entrada de la medina de Chauen (hay un arco por el que tendréis que pasar para entrar en ella) el conductor nos indicó la hora a la que debíamos estar de vuelta en ese mismo punto. Teníamos unas cuantas horas para ver por nuestra cuenta este pintoresco lugar y comer, tiempo suficiente (o eso pensaba jeje) ya que la medina es pequeña.

He de decir que mis expectativas con este lugar eran altas y se cumplieron. Es una ciudad preciosa y, aunque muy turística, merece mucho la pena el esfuerzo de ir hasta allí. Mirad las fotos y juzgad.

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No hay una ruta establecida, lo mejor que podéis hacer es perderos por sus calles, sin rumbo. Veréis escalinatas, pasajes, patios interiores…este es el encanto de Chefchaouen. Cada rincón, cada fachada, cada puerta es una delicia fotográfica.

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Y si queréis saber un poco la historia de Chauen os cuento que la ciudad fue fundada en 1471 en el emplazamiento de una pequeña población bereber. Su población original estuvo compuesta sobre todo por exiliados de al-Ándalus, tanto musulmanes como judíos, por ello la parte antigua de la ciudad tiene una apariencia muy similar a la de los pueblos andaluces españoles, con pequeñas callejuelas de trazado irregular y casas encaladas (en este caso en tonos azules). Chauen fue durante siglos una ciudad considerada sagrada, donde se prohibía la entrada a los extranjeros y por ello ha mantenido con pocas alteraciones toda su fisonomía medieval.

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Una de las imágenes más características de Chefchaouen son las chilabas de lana con capucha, una prenda de carácter rural que en la época invernal lleva prácticamente toda la población local. En verano al hacer calor no las llevan, pero en Abril todavía hacía frío, por lo que tuvimos la ocasión de verlas.

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Aunque hay mucho turismo se pueden encontrar rincones solitarios donde tomar mil y una fotografías. Vuestra cámara echará humo y gastareis muuuchas fotos de vuestras tarjetas de memoria, por lo que id provistos. Lo que sí que os advierto es que la gente está muy cansada de que le saquen fotografías, por lo que se molesta muchísimo si lo haces sin permiso. Si queréis fotografiar a alguien primero pedirle permiso o sacar de espaldas sin que se les vea la cara.

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Y os preguntareis ¿por qué el color azul? Nadie parece ponerse de acuerdo, unos dicen que es para ahuyentar a las moscas y otros opinan que fueron los judíos quiénes a partir de 1930 empezaron a pintar puertas y fachadas para reemplazar el color verde del Islam.

Hubiéramos estado mil horas sacando fotos, pero debíamos comer algo antes de dar la última vuelta y volver al minibús. Llevaba apuntada un restaurante que recomendaban: Café Restaurante Sofía pero cuando llegamos nos lo encontramos cerrado ¡qué pena! porque las opiniones eran realmente buenas. Optamos por la segunda opción cercana al lugar donde estábamos para no perder tiempo (intento llevar más de una opción apuntada para casos como este) Pizzeria Mandala, un local pequeñito pero en el que tuvimos suerte de encontrar una mesa. Pedimos dos pizzas, ricas y muy baratas, y nos atendieron muy rápido, que era lo que necesitábamos.

El tiempo apremiaba y teníamos que regresar a la puerta de entrada de la medina. Últimas fotos en la Place Outa el Hammam, donde podréis ver las murallas de la Alcazaba (se puede subir a sus torres para ver la panorámica de la ciudad, pero no teníamos tiempo), muchos restaurantes en busca de turistas que se sienten en sus mesas, artesanos y hasta vendedores de hachís. Si os ofrecen simplemente con decirles que no ya vale, no te insisten.

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Está claro que a Chauen vamos a volver, por lo que no nos marchamos con pena sino con la promesa de que volveremos a seguir fotografiando con más calma esta ciudad.

Cuando llegamos a Fez estábamos agotados. Repetimos restaurante para cenar (Cinema Café) aunque esta vez pedimos una riquísima sopa tradicional y nos fuimos al riad a descansar.

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DÍA 10

Último día en Fez y último día en Marruecos. Nuestro vuelo salía al mediodía por lo que la mañana la dedicamos a desayunar tranquilamente en el patio del riad y a salir a hacer las compras de regalos y caprichos que habíamos fichado el día que recorrimos la medina con Marian.

Una caja de dátiles (no tuvimos problema para pasarlos por el control del aeropuerto), una tetera para hacer en casa el té de menta que tanto nos había gustado, unas babuchas y un par de tazas artesanales fueron a parar a nuestras maletas. Nos encanta tener en casa objetos de los viajes, así el recuerdo está cada vez que los usamos o vemos.

Nos faltaron muchos puntos por ver del país, pero en cualquier otra escapada los iremos tachando de la lista, es la ventaja de tenerlo tan cerca.

Marruecos es un destino diferente, un país que conserva toda su esencia y que os conquistará por su cultura, su ambiente, sus sabores y sus estampas únicas. Un lugar que os causará sentimientos encontrados pero al que estoy segura de que si vais, querréis volver.

 

Como siempre, muchísimas gracias por leerme. Si tenéis alguna duda podéis escribir en los comentarios y os responderé lo antes posible (así el resto de viajeros también lo verán) o enviarme un mensaje a través de Facebook o Instagram.

La galería de fotos la podéis ver en mi cuenta de Flickr y si queréis saber cuándo publico una entrada nueva en el blog no olvidéis seguirme en Facebook (pinchar en “Seguir” y “Me Gusta”) y en Instagram.

¡Un abrazo viajeros!

 

 

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2 Comentarios

  1. jarri

    Maravilloso y el pueblo azul una preciosidad.

    • Conchi

      Muchas gracias! Chauen es pintoresco ¿verdad? No te imaginas encontrar un pueblo así en Marruecos

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